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Al abrir la puerta

Amarillismo religioso

Ojalá que vivas en tiempos interesantes. En el acervo popular se dice que es una maldición china tradicional, aunque en una irónica –y con muy mala leche- aparentemente forma de bendición, y sobre todo con una clara comprensión muy conservadora y sensata de que los “tiempos poco interesantes” son tiempos de paz y tranquilidad y por tanto mejores para la forma de vivir.

El caso es que por si no fuera poco que en estos días cumplimos un año del comienzo del confinamiento y de la debacle de la Covid – y que si interesante no es exactamente el término que lo caracterice, desde luego de paz y tranquilidad no ha sido este año-; por si fuera poco que no estuviera la cosa ya de por si interesante en la política patria como estábamos -con la Ley educativa que margina a la concertada y minimiza la asignatura de Religión, con la Ley de Eutanasia que precisamente hoy se aprueba, con los temas Inmatriculaciones y con ese empuje de un gobierno manifiestamente anticlerical y performativamente contrario a los valores religiosos tradicionales-, va y se nos revoluciona la cosa aún más poniéndose aún más interesante con Murcia y Madrid; pero ya digo que si no fuera bastante lo que teníamos, llega el octavo aniversario del comienzo del papado de Francisco… y va y hay quien lo aprovecha para echar más leña al fuego.

Hay que reconocer que el papado de Francisco ha sido de todo menos tranquilo. Hemos vivido de salto en salto, de noticia en noticia en noticia, de vuelco en vuelco, de gesto en gesto y de declaración en declaración a cada cual más sorprendente. Eso ha sido aprovechado tanto por los “pro” como por los “anti” Franciscos, pero creo que compartiendo ambas posturas una cierta perspectiva errada, que es la de leerle desde las propias convicciones… y quizás sobre todo leerle desde las convicciones que se tienen contra los contrarios.

Esto de lo que los cristianos aperturistas piensan de los conservadores, o al revés, lo que los conservadores piensan de los aperturistas, me parece que está en el centro del problema de cómo se lee a Francisco.

Los sesgos de lectura de sus intervenciones –y no seré yo quien no diga que a veces le sale el argentino…- están fracturando al pueblo de Dios. Arrimar el ascua a la sardina de llamar ultraderechista y peligroso fascista, tradicionalista ultramontano o preconciliar dogmático a todo el que no cae en papolatría o que puede entender claves no tan aperturistas, no tiene tanto que ver con lo que pareciera que el Papa dice o defiende, como en lo que los ultradefensores de Francisco piensan de los conservadores. Y me parece que viceversa vale el argumento. Quienes sostienen extremadas críticas a según qué cosas dice Francisco, en el fondo más que a Francisco, están atacando a quien se supone lo aúpa y defiende y apoya y eleva como bandera.

Y eso, me temo, supone manipular al Papa tanto por una parte –la de la defensa a ultranza atacando a sus supuestos enemigos-, como por la otra –la de la crítica completa sin distinguir, matizar, contextualizar o relacionar sus mensajes-. Eso es amarillismo religioso.

 

Vicente Niño Orti, OP @vicenior



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