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Agredir los sentimientos religiosos vulnera el Estado de Derecho y no debe salir gratis – editorial Ecclesia

Agredir los sentimientos religiosos vulnera el Estado de Derecho y no debe salir gratis – Editorial Ecclesia

Las recientes fiestas de Carnaval han vuelto a dejarnos otro episodio impresentable, soez y blasfemo. Si en 2016 fue un burla absurda contra el Papa Francisco en Coruña y en 2017 un bochornoso espectáculo en la gala Drag Queen del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, este año ha sido en Santiago de Compostela, en su pregón. En el mismo, el pregonero –paradójicamente apellidado Santiago…- vertió inmundos e irreproducibles insultos al apóstol patrono de España, de Galicia y de Compostela, y a la Virgen del Pilar de Zaragoza.

Las diócesis de Santiago y de Zaragoza, al igual que las cuatro principales confesiones religiosas de España (página 6), emitieron comunicados de repulsa y organizaron actos de desagravio. También la inmensa mayoría de la ciudadanía y de la misma opinión pública protestaron ante esta tan innecesaria como injustificable agresión no solo a los sentimientos religiosos –católicos, en este caso, para más señas-, sino asimismo más elemental sentido común, a la educación, al respeto, a la convivencia, a nuestras raíces y señas de identidad y a evidentes realidades generadoras de riqueza y bienestar para todos.

Un atropello de esta naturaleza no puede ampararse o justificarse, como el hizo el alcalde compostelano (pertenece a una de las confluencias políticas de Podemos) en el espíritu transgresor de los carnavales y su carga crítica satírica, burlona y crítica. Y menos aún en la libertad expresión. Porque un derecho como este deja de ser derecho cuando vulnera otro como, por ejemplo, el del respeto a los sentimientos religiosos.

La calidad democrática de un país y su bienestar, progreso y tolerancia solo se logran desde el respeto a todos, desde las políticas inclusivas y desde el reconocimiento efectivo de todos los derechos, como el de la libertad religiosa, y los derechos de todos, incluidos, por supuesto, los de los creyentes. Y ello, siempre. Pero más aún, si cabe, si se trata de la religión más profesada, y con mucho, entre los ciudadanos

Resulta, además, inconcebible que esta vulgar e indigna mofa se haya producido en la ciudad cuyo nombre es precisamente el del apóstol Santiago, cuya tumba ha reportado y reporta cada vez más notoriedad, prosperidad y consideración a la capital gallega, hasta el punto de convertirse en su mayor e indiscutible motor económico, social, turístico, cultural y benéfico.

Injuriar a la Virgen del Pilar es asimismo una ignominia impresentable porque ofende a la Santísima Madre de Dios, en una de sus advocaciones más queridas y populares y a los cientos, miles y millones de personas que llevan ese nombre bendito, que viven en Zaragoza y en Aragón y tantos y otros lugares e instituciones de matriz o vinculación pilarista. Y, en este caso, como en Santiago de Compostela, a los millones y millones de personas que han acudido, acuden y acudirán en peregrinación tanto a un lugar como al otro, sin duda, los principales y más visitados santuarios de España.

Y es que, como señaló el arzobispado compostelano en su comunicado de repulsa, “no es de recibo que se pueda despreciar gravemente la figura del apóstol que da nombre y hace presente a su ciudad en el mundo entero. Santiago y la Virgen del Pilar están vinculados a la memoria y a la vida de esta ciudad y a todos los Caminos que conducen al sepulcro del apóstol. Sin ellos, no seríamos lo que somos en los distintos ámbitos de la sociedad, la cultura, la espiritualidad, etc… La Iglesia compostelana ha sido, y quiere seguir siendo, un espacio de encuentro, diálogo y acogida con todos aquellos que desean construir un mundo más justo y fraterno”.

Por último, creemos necesario también dejar constancia del hecho de que sea habitualmente la religión católica la que reciba estas ofensas. ¿A qué es debido? ¿A qué es sabido de todos –y a mucha honra- que los principios cristianos de poner la otra mejilla y de perdonar son sagrados para ella? ¿A qué estas ofensas suelen salir gratis? Y una pregunta más: ¿nos imaginamos –evidentemente ni lo deseamos, ni lo sugerimos, ni se nos pasa por la cabeza, ni nada por el estilo- que la destinataria de las injurias fuera otra confesión religiosa?

“La libertad de expresión no puede amparar el ataque a los sentimientos religiosos. ¡Basta ya!”, escribió en Twitter, con razón, el secretario general de la CEE.  Y estos ataques –añadimos nosotros- no pueden salir gratis.

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