Adviento 2018 Especiales Ecclesia

Adviento y un nuevo año litúrgico, por el obispo de León

Adviento y un nuevo año litúrgico, por el obispo de León

Queridos diocesanos:

Comenzamos un nuevo Año Litúrgico, entendido como el recorrido consciente, espiritual y pastoral, de la presencia de Jesucristo en nuestra vida. Por este motivo y porque durante este curso el objetivo que se ha propuesto nuestra Iglesia diocesana invita a “Intensificar la acción misionera… reconociendo el actuar de Dios en los sacramentos y en la vida litúrgica”, quiero ofreceros, algunas referencias al significado y alcance de la liturgia que celebramos.

Me vais a permitir que empiece citando estas palabras del Papa San Juan Pablo II publicadas en una Carta Apostólica fechada, sí, hace muchos años: en 1988 cuando se cumplieron 25 años de la promulgación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II. Afirman algo muy importante para nuestra vida cristiana, es decir, para nuestra espiritualidad y para nuestra acción pastoral: “Nada de lo que hacemos en la liturgia puede aparecer como más importante de lo que invisible, pero realmente, Cristo hace por obra de su Espíritu”.

Conviene que lo tengamos en cuenta en estos momentos en que iniciamos el Adviento y el nuevo Año Litúrgico. No para comportarnos pasivamente en la liturgia, pero tampoco para entender esta como un continuo movimiento de palabras, cantos, gestos y acciones por nuestra parte, sino para celebrar dando a cada instante de la celebración su verdadero sentido: la escucha atenta de las lecturas y de la oración sacerdotal; la verdad de los diferentes gestos: de pie, de rodillas, sentados…; la participación consciente en las respuestas y en los cantos; el silencio meditativo y orante cuando corresponda; etc. Por supuesto que esto vale también para nosotros, los sacerdotes y demás ministros.

Guiados por la Iglesia y a lo largo del Año Litúrgico vamos a comenzar de nuevo el itinerario espiritual y comunitario que es el sagrado recuerdo de la vida y obra de salvación de Jesucristo. De este modo,“cada semana, en el día que (la Iglesia) llamó «del Señor», conmemoraremos su resurrección, que una vez al año celebra también, junto con su santa pasión, en la máxima solemnidad de la Pascua”(SC 102). De este modo, en los sucesivos tiempos litúrgicos tendremos la oportunidad de celebrar y vivir con fe, alegría y esperanza “todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y Venida del Señor”(ib.).

Es muy importante que tomemos conciencia de esta realidad. Cuando acudimos a la Iglesia para participar en la eucaristía, cuando recibimos un sacramento o celebramos una fiesta del calendario cristiano estamos poniéndonos en contacto personal y vital con el Señor que se hace presente en cada celebración y especialísimamente en el Misterio eucarístico. Por eso debemos ser conscientes de esa presencia que tiene varias manifestaciones: en la asamblea reunida (cf. Mt 18,20), en la palabra proclamada, en el ministro que preside, en los distintos sacramentos y, sobre todo, bajo los signos del pan y del vino consagrados (cf. SC 7).

Por eso es tan importante la participación litúrgica, de manera que en ella, como afirmó el Vaticano II, lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos”(SC 2). Feliz y provechoso nuevo Año Litúrgico.

+Julián, Obispo de León

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