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Adviento Fratelli Tutti

Adviento es un tiempo que, vivido desde la fe, nos abre a la esperanza, para vivir en la caridad, para dar y darse a una humanidad que sufre y vive en momentos difíciles. Un Adviento en el que sólo desde Jesús podemos recobrar la esperanza.

El Papa Francisco nos ha regalado la preciosa encíclica «Fratelli tutti», que junto a la «Laudato Si», son los pulmones con los que el Papa quiere, desde el Evangelio vivido por la Iglesia y con la coherencia de los santos, ser buena noticia para una humanidad a la que le cuesta encontrar caminos de fraternidad y solidaridad. Sólo desde el amor de Jesús, podemos responder a la tristeza inmensa en que vive nuestra humanidad, sin la esperanza de una fiesta que no acaba de encender sus luces, sino que apaga cada vez más la fiesta de la Vida.

Tres palabras sacadas de la encíclica «Fratelli tutti» nos marcan la ruta de la esperanza, que conduce a Belén y a vivir, con la Sagrada Familia de Nazaret, unas relaciones nuevas, para dar respuestas a los problemas en que vive inserta nuestra tierra.

  1. Mirada. Una mirada a nuestra tierra con los ojos del Señor, nos hace recuperar la esperanza. Si miramos todo de «tejas abajo» y perdemos la perspectiva de un Dios que viene a nosotros y se hace carne, con todas las consecuencias, no recuperaremos la esperanza. La encarnación del Verbo nos lanza a vivir todo lo humano desde los sentimientos del Corazón de Cristo, desde la construcción de «la civilización del amor», para cuidar la tierra común, la casa de todos. Viviendo como hermanos construyamos la justicia y luchemos contra la sociedad del descarte, la sociedad de la muerte, donde sigue prevaleciendo todo lo contrario a lo que el Señor ha venido a construir, que es la alegría de que otro mundo es posible. Lo hace posible la encarnación de Jesús que ha venido a vivir con nosotros, para que nosotros vivamos la vida y la vivamos creciendo todos juntos, para transformar el mundo según el Corazón de Jesús, que nos recuerda el Concilio Vaticano II.
  2. Esperanza. El Adviento es esperanza, con María nuestra madre, que trae en su seno la esperanza deseada que es Jesús. Vivir sin esperanza cristiana sería traicionar una humanidad que se muere de frio. Recordad lo que se nos dice a los cristianos: «Si vosotros no ardéis, el mundo morirá de frio». Arder de esperanza es vivir un Adviento que sigue repitiendo el mismo mensaje de Cristo, nuestra esperanza. Con Jesús entre nosotros siempre es posible la esperanza. Esa esperanza es Él viviendo nuestra misma vida, para que nosotros vivamos la suya. Sin la unión con Jesucristo, que es lo que nos hace santos, tenemos poca escapatoria a un mundo que agoniza de esperanzas.
  3. Maranatha.«Ven, Señor Jesús» es el anhelo de todo corazón humano. De una humanidad que se debate entre el dolor y el deseo de cambio, de que se viva desde una realidad distinta, donde el Señor viene, ha venido y vendrá, para dar respuesta al que vive en la noche. Recobrar nuestra esperanza es vivir el Adviento camino hacia la Navidad.

No se puede vivir sin la certeza de sembrar esperanza. Vivamos un Adviento que nos conduzca al gozo de la Navidad. Vivamos la alegría y el gozo de ser cristianos con esperanza en un mundo desesperanzado. El Papa Francisco, ante un mundo herido, nos lanza a vivir con la esperanza de que el amor de Dios no falla nunca a la cita y nos lanza a vivir con la entrega de la vida. Amor como hizo Santa María del Adviento, que nos invita a caminar con la paz de saber que nos acercamos a Belén, con la alegría de vivir el Evangelio como hermanos todos.

 

+ Francisco Cerro Chaves
Arzobispo de Toledo



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