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Adviento con Santa Teresa de Jesús, IV Martes de Adviento, 23-12-2014, por Ángel Moreno de Buenafuente

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Adviento con Santa Teresa de Jesús, IV Martes de Adviento, 23-12-2014, por Ángel Moreno de Buenafuente
La liturgia de la Palabra del IV Martes de Adviento es Mal 3, 1-4. 23-24; Sal 24; Lc 1, 57-66

Mensajeros

Estos días, todos sentimos deseos de comunicarnos. Nos cruzamos miles de mensajes en todos los soportes. Las nuevas tecnologías posibilitan llegar de manera rápida y extensa a muchos amigos para comunicar novedades, noticias, programas…

Las lecturas de este día aluden a los mensajeros proféticos, al precursor del Mesías. La figura de Juan el Bautista y su nacimiento, nos dispone para la Navidad, para el  acontecimiento que celebramos en Nochebuena.

Es significativo el sentimiento que se instala en nuestro interior y que verbalizamos de tantas maneras en los días de Navidad, en mensajes con un contenido más o menos trascendente.

Tú puedes anunciar el gozo del Amor de Dios, la paz que trae Jesús, la revelación de la dignidad de todo ser humano, la enseñanza paradójica del Evangelio, al contemplar a Dios hecho hombre.

No renuncies a tu misión profética, a tu vocación de ser ángel y mensajero de buenas noticias. En este momento el mundo necesita más que nunca anuncios liberadores, gozosos, colmados de esperanza y de buenos augurios.

 

Felicitación navideña de santa Teresa

En Ávila, en 1562, el Año Nuevo comenzaba la noche de Navidad. Fue a partir de 1564, cuando la fiesta del nuevo año se trasladó al 1 de enero.

La maestra espiritual invita a disponer, del mejor modo, la conciencia por Navidad, y llega a recomendar el sacramento de lo reconciliación. “Confiésese para Navidad, y encomiéndeme a Dios” (Cartas 24, 3).

Es muy típico en los carmelos, los días de Navidad, cantar villancicos, decir poesías, tocar panderetas. La Santa nos regala un poema navideño como mejor felicitación: “Pues el amor nos ha dado Dios, ya no hay que temer, muramos los dos. Danos el Padre a su único Hijo: hoy viene al mundo en pobre cortijo.  ¡Oh gran regocijo, que ya el hombre es Dios! no hay que temer, muramos los dos” (Poesías 13).

Si al comienzo del Adviento nos invitaba Santa Teresa a entrar en el castillo interior, es momento de acercarnos al portal de Belén, al recinto donde Dios besa a la Humanidad. “Todos estos días era mucha la gente que venía, y no sólo no les parecía mal, sino poníales devoción de ver a nuestro Señor otra vez en el portal. Y Su Majestad, como quien nunca se cansa de humillarse por nosotros, no parece quería salir de él” (Fundaciones 3, 13).

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