Adviento 2014 Especiales Ecclesia

Adviento con Santa Teresa de Jesús; III Viernes de Adviento (19-12-2014), por Ángel Moreno de Buenafuente

Adviento con Santa Teresa de Jesús; III Viernes de Adviento (19-12-2014), por Ángel Moreno de Buenafuente

La liturgia de la Palabra del III Viernes de Adviento es Jue 13, 2-7. 24-25a; Sal 70; Lc 1, 5-25

Anunciaciones

Dios, a lo largo de los siglos y en el transcurso de la Historia de Salvación, ha venido actuando en la vida de los hombres, y ha ido preparando el camino para que pudieran comprender mejor lo que tenía dispuesto en la plenitud del tiempo con la encarnación de su Hijo en el seno de una virgen.

Hoy las lecturas coinciden en los relatos de anunciación. Con la concepción de Sansón y de Juan el Bautista en el seno de dos mujeres estériles se quiere demostrar el poder de Dios, que se manifestará de manera desbordante cuando actúe en la concepción de su Hijo en el seno de la Nazarena.

Tanto en el caso de Sansón como en el de Juan, se trató de concepción natural: “La mujer fue a decirle a su marido: -«Me ha visitado un hombre de Dios que, por su aspecto terrible, parecía un mensajero divino; pero no le pregunté de dónde era, ni él me dijo su nombre. Sólo me dijo: «Concebirás y darás a luz un hijo” (Jue 13,4). -“No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento” (Lc 1, 13).

Cada uno de nosotros hemos sido concebidos en el seno de nuestras madres, de forma natural, pero todos hemos llegado a nacer por la providencia amorosa de Dios: “Tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías” (Sal 70). Esta experiencia del salmista debiera llevarnos a sentir gratitud y confianza. No estamos en la vida por casualidad, sino por el amor de Dios.

 

Concebidos por amor

El suelo de nuestra estabilidad emocional es la certeza de sabernos amados por Dios, y que estamos hechos a imagen de su Hijo único, el Primogénito. Santa Teresa de Jesús funda su itinerario espiritual en la verdad que nos define: “No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza” (Moradas I, 1, 1).

Cuando nos rondan los pensamientos destructivos y la desafección personal, es bueno recordar lo que afirma  la doctora mística: “Basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima” (Moradas I, 1,1).

No sería poco provecho, con motivo de la Navidad,  tomar conciencia de lo que somos. Y al ver al Niño de Belén, sobrecogernos, porque en Él recobramos la dignidad de hijos de Dios, y en Él se nos muestra el rostro en que Dios se extasió para darnos su imagen.

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