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Acto de apertura del Centro de Pensamiento Pablo VI

 

“Pablo VI,memoria y reconciliación”.

Acto de apertura del Centro de Pensamiento Pablo VI

El 20 de setiembre 2018 tuvo lugar el acto de apertura del Centro de Pensamiento Pablo VI.

Presentó el acto Mons. Ginés García Beltrán, obispo de Getafe y Presidente de la Fundación Pablo VI. Tuvo lugar una mesa redonda integrada por el Cardenal Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona-Tudela, Francisca Sauquillo, Presidenta del Movimiento por la Paz y el Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid y Juan María Laboa, historiador. Moderó Mª Teresa Compte Grau.

Los ponentes abordaron el tema motivo de la mesa redonda: “Pablo VI, memoria y reconciliación”

Mons Ginés García Beltran, manifestó la justificación del acontecimiento que celebraba, ya que sería una contradicción que una fundación que se llama Pablo VI no hiciera nada en favor del conocimiento, de la difusión y de la aplicación del Pontificado del Papa Montini a nuestra realidad, a la realidad social y también a la realidad española. El acontecimiento que vamos a vivir

el próximo 14 de octubre con la canonización de Pablo VI es un momento muy oportuno para comenzar este centro de pensamiento Pablo VI, que quiere ser y es una apuesta institucional de la Fundación a la figura de uno de los pontífices más importantes, sin duda, del siglo XX. Un Pontífice, quizás desconocido todavía. Desconocido sobre todo en España; un Pontífice que como era de esperar con el paso del tiempo, se va agrandando su figura. El Centro de Pensamiento Pablo VI, se va a dirigir a su persona, a su pontificado, su magisterio también, desde una perspectiva social, política, eclesial, haciendo especial hincapié en toda la obra reformadora del Papa Montini.

La gran obra del Papa Pablo VI en el postconcilio es impresionante. Pablo VI no solo toma un concilio que había empezado S.Juan XXIII y lo lleva a delante y lo termina, sino que después lo tiene que poner en marcha, lo tiene que aplicar. No hay ámbito de la vida eclesial, de la vida socio-cultural, que no haya sido abordada por el Papa Pablo VI. Quiere este Centro: “Pensamiento Pablo VI” tener una especial incidencia en España. Pablo VI por motivos sociales, culturales, políticos, no fue conocido en España y sigue sin ser conocido.

Algunos puntos que identifican mucho la personalidad y el pontificado de Pablo VI. Quiero hacer alusión, manifestó Ginés García, a uno de los discursos, sin duda, más importantes de Pablo VI: el que dirige a la Asamblea de las Naciones Unidas, un 4 de octubre de 1965. Refleja su personalidad y el horizonte de su Pontificado. Empezó el discurso así: “Vuestra amistad nos ha invitado y nos admite a esta reunión, por eso vengo en calidad de amigo”. Esto dice mucho del alma de Pablo VI. Amigo del mundo, diálogo con el mundo, simpatía con el mundo, la Iglesia en el mundo. Va a decir que expresa la voz no solo de la Iglesia católica, sino también de otras iglesias cristianas. Otro punto capital de su pontificado: el ecumenismo. Quiero, dijo, traer la voz de los que no han podido estar aquí. Y dice asimismo, “traigo la voz de los muertos, de los que han muerto en la guerra, de los que han muerto víctimas del odio de la injusticia, de la opresión; traigo la voz de los vivos, de los que han podido superar situaciones adversas y quieren un mundo mejor, traigo la voz de los jóvenes; traigo la voz de los pobres, de los desheredados, de los que no tienen nada…”. Pablo VI quería ser la voz de este mundo. Por eso dice: vengo con la humildad de un jefe de estado que no tiene fuerza, pero vengo con la grandeza de lo que soy y represento. Quizás no haya habido ningún papa en la época reciente de la Iglesia, que haya tenido una visión tan clara de la grandeza y misión del ministerio petrino. Hace un pequeño tratado de derecho internacional, cuyos principios son: reconocimiento de las naciones; las relaciones entre los pueblos deben regularse por el derecho, la justicia, la razón, los tratados y nunca por la fuerza, la arrogancia, la violencia, la guerra y ni siquiera por el miedo y el engaño. El Papa invita a trabajar por una fraternidad entre todos; incluso invita a que en Naciones Unidas lleguen los que aún no están. Tenéis que constituir puentes y una red de relaciones entre los Estados. Esto se parece mucho a lo que el Papa Francisco dice con frecuencia: crear puentes, nunca muros.

A continuación tomó la palabra el Cardenal Fernando Sebastián.Empezómanifestando que Pablo VI es el papa de su vida. Recuerda que durante el pontificado de Pablo VI él estaba en Salamanca primero como profesor y después como Rector. Indicó que podemos reconocer al Papa Pablo VI como el primer papa moderno; era un hombre culturalmente moderno. Era un papa poco clerical. Tenía una cultura universitaria. Era un Papa que podía comentar cualquier tema; un hombre de una sensibilidad extraordinaria. Un hombre culturalmente moderno, que se dio cuenta de que la Iglesia tenía que emigrar de la vieja cultura y pasar a la cultura de la técnica, de la libertad, de la comunicación de la universalidad.

En segundo lugar, Pablo VI fue el Papa del concilio. Juan XXIII lanzó la idea del Concilio, pero fue Pablo VI el que asumió la tarea enorme de dar contenido y concretar el Concilio. Con una actitud de tutela, pero también con un espíritu abierto, receptivo. En el Concilio, el Papa Pablo VI -con muchas dificultades- abrió el camino a temas que hoy nos parecen familiares, pero que entonces fueron muy dolorosos. Por ejemplo, el tema de la colegialidad. Abrió también el tema del ecumenismo, apoyando al cardenal Bea, de la libertad religiosa. Libertad religiosa tan poco comprendida por el gobierno español de entonces. Un Papa que es maestro y profeta. Recuerdo , dijo Fernando Sebastián, como en el año 1964 con “Ecclesiam Suam”, estableció el diálogo como método pastoral primordial. Dejando atrás los Syllabus, las excomuniones, los choques de la Iglesia y la cultura contemporánea. Mostrando una nueva actitud: ya está bien de condenar, hay que acercarse amigablemente y hablar. Para hablar, para dialogar, hace falta tener confianza en uno mismo, en tu propio mensaje y propuesta. El que no tiene confianza no se atreve a hablar con el prójimo. Creer en la buena voluntad de tu interlocutor. Así crea la ética del diálogo, la técnica del diálogo, el valor del diálogo como instrumento no solamente evangelizador, sino como instrumento fundamental de la convivencia humana. Ahora se habla del diálogo como imprescindible. El que puso en “circulación” el diálogo como un elemento cultural fue Pablo VI en su gran encíclica “Ecclesiam Suam”. Otros grandes documentos fueron: “Mysterium Fidei”, “Populorum Progressio”. Y también, Fernando Sebastián mencionó la encíclicaHumanae Vitae”. En el año 1968, en plena euforia antinatalista; cuando se pensaba que la píldora iba a resolver los problemas de la humanidad, la superpoblación, el hambre y hasta la guerra, publica la “Humanae Vitae”, que fue interpretada como una encíclica de prohibición y sin embargo, en el ánimo de Pablo VI, su intención no era prohibir la píldora, sino defender la riqueza, la complejidad y la potencia del amor conyugal como creador de la vida. Los hechos, dijo Fernando Sebastián, nos invitan a darle la razón a Pablo VI.

Otros documentos importantísimos son “Evangelii Nuntiandi” en 1975. Es el primer Papa que habla de nueva evangelización. No dice literalmente la expresión “nueva evangelización”, pero lo dice con una expresión -quizás- más exacta: “la Iglesia actual tiene que vivir nuevos tiempos de evangelización”. Que entendiéndolo seriamente, quiere decir: tiempos en los cuales hay que refundar la Iglesia. Hay que evangelizar de otra manera a unas personas, que tienen una distinta forma de entender y de captar el evangelio de Jesús. Todavía no hemos percibido del todo las implicaciones de este mensaje de Pablo VI en el año 1975.

Y luego, Pablo VI, que tiene fama de haber sido un hombre perplejo, atormentado, escribió un documento sobre la alegría cristiana:“Gaudete in Domino”. El Papa Francisco está -con frecuencia- aludiendo a la alegría como una característica de la vida cristiana. Pablo VI lo hizo con un documento. Pablo VI ha sido el más reformador de todos los papas modernos. El abolió la silla gestatoria, abolió la tiara, gran símbolo del poder temporal de los papas; estableció el sínodo de los obispos, el ministerio itinerante de los viajes: Israel, EE.UU., Colombia, Australia, Indonesia, India. El fue amigo incomprendido de España. El entendió España mejor que muchos españoles. Ayudó extraordinariamente en el proceso de la transición política. Y Fernando matizó que sin la apuesta de la Iglesia por la democracia y la reconciliación de todos los españoles, hubiera sido difícil la transición pacífica. Y sin el apoyo de Pablo VI, la Iglesia española no hubiera podido hacer lo que hizo en los años de la transición. Recuerdo personalmente, indicó Fernando Sebastián, aquellas relaciones en Madrid (Tarancón – Dallaglio) y en Roma (Montini – Benelli) y el teléfono comunicando constantemente. Recuerdo, dijo, oír a Tarancón decir: “estos obispos miran demasiado a Roma” y yo le dije “D.Vicente y Vd. dónde miraba?. Miraba a Montini, el papa Pablo VI, su gran apoyo, su gran inspirador en aquellos años que fueron años fecundos, importantes en la vida de la Iglesia y de la sociedad española. Quiero, dijo, señalar el apoyo decidido del papa Pablo VI a los obispos españoles en dos ocasiones. Cuando en el discurso al consistorio de los cardenales, de repente les dice: permítanme que aborde aquí los problemas de la querida iglesia de España. Y hace una referencia a que los obispos se acerquen a los sacerdotes, a que preparen soluciones para los años venideros. Y otra ocasión fue el apoyo decidido de Pablo VI en una de las crisis más agudas que vivimos en la Iglesia de España: la Asamblea Conjunta. La denuncia de la Asamblea Conjunta ante la Santa Sede, como portadora de cinco herejías. El papa Pablo VI encargó a Tarancón que dijera a los obispos españoles, que tienen la confianza del Papa. No tenían la confianza de otros que estaban cerca del papa, pero sí la del papa.

Pablo VI fue un maestro. Maestro en la piedad y en la devoción, en la sobriedad y en la sencillez, maestro en el respeto y en la valoración de la cultura secular, maestro en la misión. El papa Pablo VI nos enseñó a acercarnos al mundo contemporáneo con amor y respeto, con comprensión y reconocimiento, valorando la vocación secular del hombre y ofreciéndole el mensaje salvador de Jesús. Con una visión abierta, fraterna, positiva, constructiva, humanista. Una postura muy cercana al ministerio de la misericordia que hoy trata de promover en la Iglesia el papa Francisco.

La tercera intervención fue la de Francisca Sauquillo, que se centró en los años 1963 al 1978, años del pontificado de Pablo VI. Francisca recuerda que era una estudiante de Derecho en la Complutense. Vivió, dijo, esa época de España, época difícil. En plena dictadura, no había posibilidades de reunirse; no había partidos políticos. Los que había estaban en la clandestinidad. Los partidos eran ilegales, no existían. En esa época estábamos en una España triste, negra, donde la Iglesia había jugado un papel -durante la guerra- pero después también de apoyo a lo que era la dictadura. Los que nos podíamos reunir lo hacíamos a raíz de que algunos sacerdotes más progresistas, y de algunos obispos como era el caso de Tarancón, de Alberto Iniesta. Empezaron a surgir algunos movimientos de personas que éramos creyentes. Venía, dijo, de un colegio religioso que nos hablaban de las bondades de la dictadura. Los buenos y los malos: los republicanos (los “rojos”, los malos) que había estado luchando contra el nacional-catolicismo. Surgieron movimientos importantes: la JEC, la JOC, HOAC, FECUM. Nos dábamos cuenta que la dictadura no aceptaba un valor fundamental: la democracia. Y ahí empezamos a hacer el cambio. Es verdad, dijo, que el cambio en España viene de algunos militantes del partido comunista que era el único que existía en aquel momento y movimientos de Iglesia progresista. En ese contexto el papa Pablo VI jugó un papel importante. Todo eso fue lo que me hizo cambiar de mentalidad. Yo, dijo, procedía de una familia de los que habían ganado la guerra (la derecha).

Conocí mucho a Joaquín Ruiz Jimenez (fui alumna) y Joaquín, que había sido ministro de Franco, tuvo gran contacto con Pablo VI, al ser embajador en Roma. Fue el impulsor de algunas revistas que miraban al cambio. Empezamos a tener relaciones con aquellos que no eran creyentes pero que efectivamente estaban también luchando contra lo que en ese momento era la dictadura. Estábamos descubriendo la importancia del diálogo. Diálogo no únicamente con los creyentes, también con los no creyentes. Un hecho importante es que Franco impidió que Pablo VI viniera a España. Y él quiso venir en el año 1975, pero no le dejaron. Otro hecho es que Pablo VI intercede porJulián Grimau, comunista español, condenado a muerte. Y el 27 de setiembre de 1975, en las ciudades españolas de Madrid, Barcelonay Burgos,fueronejecutadascinco personas:JoséHumberto Baena, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, Juan Paredes Manot y Ángel Otaegui.Ruiz Jimenez llamó al papa Pablo VI y Pablo VI llamó a Franco pidiendo el indulto. No hubo indulto. Todos esos momentos los viví personalmente, contó Francisca. Se veía que la Iglesia tenía que jugar un papel de apoyo al diálogo y a la transición. Aludió a la encíclica “Humanae Vitae”, encíclica muy criticada por los grupos feministas. Fue la nota, dijo, más negativa del pontificado de Pablo VI. Intentaré leer nuevamente la encíclica y descubrir aspectos positivos de la misma. En España, indicó, no se ha superado el conflicto derivado de la guerra civil. Estamos en un momento en que hay que poner en positivo el diálogo. Que la Iglesia vuelva a reconocer a los no creyentes y tener diálogo con ellos. El problema del papel de la mujer. Se ha avanzado mucho en la sociedad. Ser conscientes de que estamos en el siglo XXI con otros problemas que hay que afrontar. En ese sentido será el que podamos recuperar la participación de movimientos. Que ahora sean capaces otros jóvenes de ilusionarse con que la Iglesia tiene de ilusionante para la sociedad.

Finalmente intervino Juan María Laboa. Pío XII murió en octubre de 1958. Recuerdo, dijo Laboa, siendo un chaval estudiando en La Gregoriana que hablaban mucho del consistorio. ¿Quién iba a ser papa?. Nosotros los jóvenes, indicó, deseábamos que fuese Montini. No era cardenal y por lo tanto el deseo no se iba a cumplir. Pero es verdad que en ese momento de desconcierto pues Pío XII era considerado un papa sin sustitución. Sin embargo en la mente de muchos jóvenes veíamos que el arzobispo de Milán sería un gran papa. Salió elegido Juan XXIII y quiero decir, manifestó Laboa, que sin Juan XXIII no hubiera habido concilio y no hubiera salido Montini posteriormente elegido papa. Cuando muere Pio XII hay 53 cardenales casi todos muy conservadores. Serán los cardenales nombrados por Juan XXIII los que eligen a Montini.

¿Por qué Montini es tan mal visto en España? Montini nace en una familia profundamente católica y democrática. Una familia que cree que la Iglesia no tiene que estar politizada. Montini es antifascista desde el principio, porque sus padres lo eran. Es muy democrático porque sus padres y su familia lo era. Quiere una religión no politizada. Eso se le notaba. Tanto es así que el primer embajador nuestro en Roma (1944), escribe a Castiella: “Montini no nos puede ver; es demócrata cristiano”. Montini tiene una formación cultural francesa. Gran parte de sus lecturas son de autores franceses. Va a ser muy amigo de Maritain. Maritain era odiado por el régimen de Franco debido a su discurso en el año 1932 y por sus manifestaciones en contra de la guerra civil. Montini era un personaje no aceptado por el régimen español incluyendo gran parte del episcopado. Era democrático. ¿Por qué le expulsan de Roma? Porque Octtaviani y los cardenales de la Curia tenían contacto con la parte conservadora de la democracia cristiana y veían en Montini a alguien que no iba a ayudar en el entendimiento de la Iglesia italiana y democracia cristiana. Le mandan a Milán con la idea de que no lo nombren cardenal. De hecho Pío XII no lo nombra cardenal. No olvidemos, dijo, que para nosotros en España, obispos y políticos, los cardenales de la curia romana eran sus interlocutores habituales. Por eso en aquella manifestación en Madrid, organizada por los universitarios españoles oficialmente, pero organizada por el Ministerio de Educación realmente, para protestar por el telegrama de Montini a Franco, aparece en esa manifestación un gran cartel que dice: Sofhía Loren si, Montini no. Cuando es papa, conoce perfectamente a los obispos durante su pontificado. Han sido los que han escrito al papa una y otra vez que se estaba equivocando. Hasta que Pablo VI le dice al cardenal Quiroga: diga a los obispos españoles que confíen en el papa. Pero como se vió posteriormente, los obispos -ver la Asamblea Conjunta- no confiaron en Montini. Hasta un hombre tan extraordinario como Morcillo no aceptó bien el concilio y no aceptó a Montini. Montini entonces confía en Tarancón y en Tabera, cardenal claretiano que tiene una visión muy clara de a dónde va España.

Tarancón no era Suquía, ni Rouco y Pablo VI no era Juan Pablo II. Entre las dos iglesias que nosotros hemos vivido vemos dos papas distintos y dos planteamientos. La Iglesia española es posiblemente la única iglesia del siglo XX que ha tenido tres episcopados seguidos: uno el normal, obispos mayores que llegan al concilio; son todos anteriores a la guerra civil; otro episcopado el de la época de Montini y aquí tenemos a D.Fernando que es un representante de ese episcopado y otro el episcopado de Juan Pablo II.

Pablo VI y la reconciliación. En España hay un intento de reconciliación por parte de mucha gente. El articulo 34 de la Asamblea Conjunta es una manifestación clara. Los obispos sacan un documento, sobre la reconciliación, en el año 1975. Pablo VI tiene que reconciliar primero a su Iglesia. Convoca el año santo de la reconciliación. En esos momentos, hay una sociedad civil en la Iglesia (católicos laicos) muy importante. Tenemos una Acción Católica muy buena, destrozada por Guerra Campos y Morcillo en el año 1977. Tenemos una JOC, una HOAC, unas vanguardias obreras. Juan Pablo II tiene una idea clara: los movimientos son los que llevan el peso de la Iglesia. Hoy sucede lo mismo con el papa Francisco. ¿Quienes rechazaban a Pablo VI? Los que rechazaban el concilio. ¿Quienes rechazan a Francisco? Los que rechazan el concilio. Pablo VI está indisolublemente unido al concilio. Y el integrismo español está con una constancia admirable rechazando el concilio.

Después en el diálogo se aportaron algunas reflexiones más.

AsíJosé María Laboadijo que: no existe después de la transición un anticlericalismo social, sí existe un anticlericalismo intelectual; anticlericalismo que vive -a veces- con un anacronismo llamativo. Parece que vive en las fuentes francesas del siglo XIX. Recalcó Laboa el discurso de Tarancón el 27 noviembre de 1975: una Iglesia libre. Invitó Laboa a leer el discurso de Macron ante los obispos franceses en abril de 2018 y el discurso de Pablo VI en la víspera del concilio, el 10 octubre de 1962, donde dice: “una Iglesia libre, sin los lazos íntimos y confusos con el poder político es lo que desea la Iglesia de hoy”.

Fernando Sebastiánaludió a la afirmación de Laboa, preguntando: ¿y quienes son los que se oponen al concilio? Mi respuesta es, se oponen al concilio los que quieren una Iglesia politizada y cautiva y tienen miedo de una Iglesia que salga a la sociedad sin el amparo de ningún poder político, proclamando el evangelio en toda su vigencia. Estoy de acuerdo con que Pablo VI siendo una persona políticamente muy sensible, tiene una idea muy clara de cual debe ser el papel de la Iglesia en la sociedad. Una Iglesia libre, una Iglesia evangélica en una sociedad libre, que pueda proclamar sin cautividad ninguna el evangelio. Echo en falta el conocimiento del Vaticano II por parte de la izquierda española, manifestó Fernando Sebastian. ¿Cómo se remedia? Encontrándonos, hablando. No hay una valoración, un conocimiento de la evolución cultural que ha realizado la Iglesia española. Quizás nosotros, dijo, no lo hemos sabido mostrar. Y añado: hace veinte años, la Iglesia española tenía más diálogo con los no creyentes, que ahora. Es preciso volver a encontrarse. Hacer foros sobre temas comunes entre creyentes y no creyentes. Nosotros tenemos que descubrir la buena voluntad del no creyente que lucha por la paz, por la dignidad de la persona, por la significación del trabajo. Descubrir ese valor, vengan o no vengan a la Iglesia. Y ellos tienen que descubrir el gran valor humanista, no de la Iglesia, sino de Jesús. Yo me pregunto ¿qué persona hay que conociendo directamente el mensaje de Jesús, no se entusiasme con el mismo? No hablemos tanto de la Iglesia, hablemos del mensaje de Jesús como patrimonio de la humanidad. Yo no puedo comprender que una persona honesta, que hay muchas en la izquierda, que luchan por el bien de la humanidad, si conocen de verdad, amigablemente, sin solemnidades la persona de Jesús, lo que verdaderamente inspira desde dentro la vida de la Iglesia, no sienta por lo menos una admiración, un respeto, una gratitud, como hace Macron en ese discurso. Ya quisiera yo en España una cultura laica a la altura de ese discurso.

Madrid, 21 de setiembre de 2018

José Manuel Coviella C.

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