Rincón Litúrgico

Aceite que cura. Bendición de los Santos Óleos

Este día de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, el Obispo de Sigüenza-Guadalajara nos ha invitado a la de la bendición de los Santos Óleos a un pequeño grupo de sacerdotes; grupo reducido por motivo de la pandemia. Vernos a todos los concelebrantes con mascarillas, lavándonos las manos y con distancia social, parecía algo surrealista, y sin embargo, es la más cruda realidad.

En el tiempo de espera de la celebración, tomaba alguna nota sobre el momento que vivimos y que compartía con algún compañero.

¿Qué es verdad en este tiempo de pandemia, cuando se instalan el miedo y la mentira, el temor y la prevención, el distanciamiento social y la sospecha?

¿Qué cabe hacer para no sucumbir en la desconfianza y subsistir al peor virus acechante, que es el individualismo egoísta?

Y saltaba a mi mente la bifurcación de caminos posibles: ¿Tomar el sendero de la resignación, de la rebeldía, optar por la violencia, la huida, el egoísmo, el sálvese quien pueda? ¿O emprender la remontada con parresia, entrega, donación, generosidad y presencia solidaria…?

Y emergen en el corazón los sentimientos encontrados: por un lado la lucha interior, mas por otro lado, si no hay trascendencia, cabe que llegue a convertirse en guerra abierta íntima, familiar, social, pandemia destructora mayor que COVID-19.

Es momento de templanza, sin mengua de verdad. Es tiempo propicio para la pertenencia solidaria, ocasión de saber si se vive por los otros o a su costa.

El creyente debe romper el cerco de lo imposible y arriesgarse en actitud de esperanza confiada. Tiempo de apostar por lo más noble e incluso gratuito. Como dice el Texto Sagrado: Es tiempo de plantar, de amar, de perdonar, de orar, de atreverse a creer en la Palabra y de dar crédito a la promesa: “Yo estoy con vosotros. Os acompañaré adondequiera que vayáis”.

Esta referencia a la Palabra no es respuesta evasiva, sino asidero para no hundirse en la miseria y poder dar la mano a quien naufraga por hambre de pan y de sentido.

Y los Óleos sagrados curarán nuestras heridas y nos fortalecerán en nuestros combates contra el mal. Con ellos nos ungirán en los momentos más sagrados de la existencia.

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