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Acción Católica Argentina celebra su 90 cumpleaños con el cardenal Poli

El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Aurelio Poli, presidió la Misa por los 90 años de la Acción Católica Argentina (ACA) en la catedral porteña.

Según informa la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA), la Eucaristía fue concelebrada por el obispo de San Justo y asesor general de la institución laical, Eduardo Horacio García; el obispo auxiliar y asesor de la Acción Católica de Buenos Aires, monseñor Enrique Eguía Seguí; Alejandro Giorgi, obispo auxiliar de Buenos Aires y contó con la asistencia de distintos cargos de la ACA.

Durante la homilía, el cardenal Poli quiso destacar la vitalidad de la institución laical que «siempre estuvo con una permanente vocación de servicio a la tarea evangelizadora de la Iglesia».

«Nos alegra el renovado rostro de la Acción Católica en sus niños, adolescentes y jóvenes», destacó y parafraseando la exhortación postsinodal Vive Cristo, del Papa Francisco, el arzobispo porteño subrayó: «Él no solo vino, sino que viene y seguirá viniendo cada día, para invitarte a caminar hacia un horizonte siempre nuevo».

«Como en sus ideales de fidelidad al magisterio del Papa Francisco, la Acción Católica asumió, en palabras de su presidente, buscar con empeño la realización de la fraternidad humana, seguramente aludiendo a la encíclica Fratelli tutti, tan necesario como urgente para superar las amenazas de la indiferencia y la inequidad y fortalecer el sendero de la justicia y de la paz».

«Como lo dijo su presidente, es un noble ideal. Para que se cumpla este ideal para la familia humana y en especial para los argentinos, les deseo que siempre se dejen tocar por la resurrección de Cristo, que todo lo hace verdadero, bello y permanente», manifestó.

Por último, el cardenal Poli dio gracias a Dios por contar con la gracia de «un movimiento incondicional para la evangelización de la ciudad» y les deseó a sus miembros «una feliz Pascua de Resurrección y muchos años al servicio de la Acción Católica Argentina». 

«Tenemos una misión hoy enriquecida a la luz del magisterio del Papa Francisco»

Rafael Corso, presidente de la ACA, se quiso agradecer al final de la celebración  «el camino recorrido» y todos aquellos miembros que han «llevado la alegría del Evangelio de Jesucristo a la cotidianeidad, animando con los valores evangélicos todos los quehaceres naturales de nuestra vida».

Además de la acción de gracias, Corso ha querido pedir perdón «por el amor no compartido, por el daño del antitestimonio ejercido en la tentación a la violencia, el fanatismo y el internismo; debilidades en la vida de las instituciones que consumen energías en el autosustento y debilitan la fidelidad a la misión», reconoció.

Corso hizo una tercera manifestación, en la que renovó el compromiso «con la Buena Noticia de Jesucristo, que sigue siendo buena noticia deseada y esperada, vivir y compartir la alegría del Evangelio es nuestro sentido, nuestra misión».

«Una misión hoy enriquecida a la luz del magisterio del Papa Francisco que ha mostrado rumbos claros y concretos para todo el Pueblo de Dios, Iglesia en salida… en la familia, en la comunidad, en el barrio, en los ambientes, en el mundo del trabajo, la educación, la economía, la justicia, la política, la cultura», agregó, y completó: «Búsqueda de un nuevo modelo de desarrollo humano integral con todos y para todos, una economía inclusiva y sustentable que responda a los gritos de los pobres y de la naturaleza. Que conduzca a la generación de riqueza con un usufructo más racional de los bienes universales de la creación, garantizando la equidad distributiva y la heredad a las futuras generaciones, para no ceder a la crueldad de la indiferencia, la esclavitud y el descarte».

El presidente de la Acción Católica sostuvo que «la luz que arrojan Laudato si’Amoris laetitia Fratelli tutti, requieren de nosotros el esfuerzo decidido de vivir la sinodalidad eclesial y la amistad social y nos comprometen a un rumbo institucional coherente en todas nuestras iniciativas, desde los aspectos formativos, la espiritualidad, la vida de comunión, hasta los programas  de desarrollo conjuntos con organismos pastorales, organizaciones de la sociedad civil, universidades, mundo empresarial y sindical, espacios de representación y construcción del bien común gubernamentales y no gubernamentales, que canalizamos a través de la vida de nuestros espacios sectoriales y del Instituto de formación política y social».

«La memoria de la vida y de las obras reafirman la esperanza en que hay que morir para vivir, y que no hay amor más grande que dar la vida por los demás. Hoy lo volvemos a celebrar en un nuevo tiempo pascual y en la alegría compartida de la vida entregada», aseguró.

Finalmente, Corso invitó a hacer memoria de quienes «nos tomaron de la mano, nos abrazaron con amor, y con sus vidas nos revelaron el rostro del Señor conduciéndonos a una vida nueva en la fe».



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