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Abrirnos al encuentro: #FratelliTutti2de10

En esta segunda semana de la iniciativa conjunta entre la Conferencia Episcopal Española (CEE) y los medios de comunicación de la Iglesia (ECCLESIACOPE y TRECE), el tema para profundizar en Fratelli tutti es: «Una nueva cultura en la amistad».

Entre las preocupaciones del Papa Francisco siempre han estado las cuestiones relacionadas con la fraternidad y la amistad social, temas a los que se ha referido reiteradas veces en distintos lugares. Aquí, en este documento pontificio, nos llama ahora a salir de nosotros mismos, nos invita a ampliar el círculo de nuestras relaciones, incluso más allá de nuestras fronteras, reencontrándonos con los sectores más empobrecidos y vulnerables, sin olvidar la importancia de la verdadera amistad en la era digital. Las comunicaciones digitales que nos separan de una amistad cultivada laboriosamente y nos presentan solamente una apariencia de amistad y sociabilidad. Esas relaciones no construyen verdaderamente un «nosotros» sino que suelen disimular y amplificar el individualismo. La conexión digital no basta para tender puentes, no alcanza para unir a la humanidad (Cf. FT 43).

Salir de nosotros mismos

El ser humano necesita del encuentro y la entrega con los demás. «Nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar», nos recuerda el Papa Francisco. «La vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad» (FT87) . Para ello, «el hombre tiene que llevar a cabo esta empresa: salir de sí mismo» (FT 88). El círculo de relaciones humanas nos debería conducir a la amistad social en cada ciudad o país.

La vida no se puede reducir a la relación con un pequeño grupo, ni siquiera a la relación con la propia familia. Es imposible entenderse uno mismo sin un tejido más amplio de relaciones. Mi relación con una persona que aprecio no puede ignorar que esa persona no vive sólo por su relación conmigo, ni yo vivo sólo por mi referencia a ella. Nuestra relación, si es sana y verdadera, nos abre a los otros que nos amplían y enriquecen (…) El amor que es auténtico, que ayuda a crecer, y las formas más nobles de la amistad, residen en corazones que se dejan completar. La pareja y el amigo son para abrir el corazón en círculos, para volvernos capaces de salir de nosotros mismos hasta acoger a todos (Cf. FT 89).

 

Más allá de nuestras fronteras

Francisco sostiene que ver «a cada ser humano como un hermano y buscar la amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles.» (Ft 180). También propone algunos caminos: la paz «no sólo es ausencia de guerra sino el compromiso incansable de reconocer, garantizar y reconstruir concretamente la dignidad tantas veces olvidada o ignorada de hermanos nuestros» (FT 233).

Hay un reconocimiento básico, esencial para caminar hacia la amistad social y la fraternidad universal: percibir cuánto vale un ser humano, cuánto vale una persona, siempre y en cualquier circunstancia. Este es el principio elemental de la vida social. A veces este principio suele ser ignorado de distintas maneras. Sobre todo, entre quienes sienten que no aporta a su cosmovisión o no sirve a sus fines (Cf. FT 106).

Nuevas culturas, nuevas oportunidades y riesgos

Estos encuentros que generan la amistad social requieren tiempo y, a veces,  la velocidad del mundo moderno nos impide escuchar bien lo que dice otra persona. El Papa tiene en cuenta también los cambios culturales y la pluralidad de modos de ser en cada lugar. Por eso, llama a tener en cuenta la cultura de cada pueblo y de escapar de las «tendencias que buscan homogeneizar el mundo» (FT52).

La llegada de personas diferentes, que proceden de un contexto vital y cultural distinto, se convierte en un don, porque las historias de los migrantes también son historias de encuentro entre personas y entre culturas. Para las comunidades y las sociedades a las que llegan son una oportunidad de enriquecimiento y de desarrollo humano integral de todos y tienen la misma inalienable dignidad de todo ser humano. Cuando se acoge de corazón a la persona diferente, se le permite seguir siendo ella misma, al tiempo que se le da la posibilidad de un nuevo desarrollo. Las culturas diversas, que han gestado su riqueza a lo largo de siglos, deben ser preservadas y estimuladas para que pueda brotar algo nuevo de sí mismas en el encuentro con otras realidades y para que el mundo, sin ellas, no quede empobrecido (Cf. FT 133-134).

La dimensión de las relaciones fraternas nos llevan a salir cada vez a quienes nos parecen más lejanos. Al reconocer al otro y su cultura, se vuelve posible la gestación de un pacto social y cultural que «respete y asuma las diversas cosmovisiones» (FT 219).

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