Abrazarse a Cristo Jesús, carta de los obispos de Paraguay a los jóvenes
Internacional

Abrazarse a Cristo Jesús, carta de los obispos de Paraguay a los jóvenes

Paraguay: Los obispos publican la carta pastoral “Abrazarse a Cristo Jesús” con motivo del Trienio de la Juventud

Como estaba previsto al finalizar la 214° Asamblea Plenaria Ordinaria, los obispos de la Conferencia Episcopal Paraguaya han hecho publica la Carta Pastoral con motivo del Trienio de la Juventud, el mismo que se inició en diciembre de 2016.

Carta Pastoral por el Trienio de la Juventud “ABRAZARSE A CRISTO JESÚS”

Ustedes son mis amigos – Jn 15,14

I- PRESENTACIÓN

Los Obispos del Paraguay dirigimos esta Carta Pastoral a los fieles y a las personas de buena voluntad, en general, y a los jóvenes de nuestra patria, en particular, con motivo del Trienio de la Juventud que hemos iniciado y que encomendamos al amparo y la protección de nuestra Madre, la Virgen de los Milagros de Caacupé.

1.1.  Motivación

La Iglesia en Paraguay ha iniciado el Trienio de la Juventud desde diciembre de 2016 haciendo que la juventud sea su prioridad pastoral. Aceptamos el desafío de optar por los jóvenes y pastorear el rebaño joven del Señor. Esto significa para nosotros Pastores, tomar medidas concretas y dedicarnos a los jóvenes del país con el celo pastoral que nos debe caracterizar. Este es el momento.

II- MIRADA A LA REALIDAD

2.1. En un mundo que es don de Dios
En el mundo en que vivimos, por la muerte y resurrección de Jesucristo, está ya presente la nueva creación. Un signo de lo nuevo es, de modo peculiar, la juventud y su apertura al futuro, el anhelo de libertad, de plenitud de vida y de felicidad.
Estamos llamados durante este Trienio a redescubrir el significado de la Iniciación a la vida cristiana, a sorprendernos de nuestra condición de hijos e hijas de Dios, nuestra condición de templos del Espíritu, y comensales en la cena del Señor. Estos sacramentos nos hacen “nacer de nuevo” (Juan 3,3.7) por la acción del Espíritu, a fin de contribuir en la transformación de las estructuras de pecado que impiden la plena humanización de las personas.

2.2. En un mundo amenazado
Ofrecemos una mirada pastoral sobre las instancias y situaciones  que afectan más fuertemente a los jóvenes.  No pretendemos ser exhaustivos ni tener la última palabra en lo que afirmamos, sino que planteamos una comprensión que podrá ser enriquecida y ampliada.
La familia es el espacio privilegiado para aprender a amar. Necesitamos anunciar el Evangelio de la familia hoy, acompañar, discernir e integrar la fragilidad de las familias. Los desafíos que afronta la familia en el mundo de hoy no son pequeños: “…tendencias culturales que parecen imponer una actividad sin límites, una afectividad narcisista, inestable y cambiante que no ayuda siempre a los sujetos a alcanzar una mayor madurez”. La educación en el amor es también una tarea de la escuela y de todas las instituciones de la sociedad, en cuanto que el fin de las estructuras sociales es servir a los ciudadanos para que vivan una vida digna.
La Escuela y las instituciones educativas, que nos inician a la vida social, requieren una atención integral que incluya la infraestructura, la formación y la valoración social del docente, la excelencia de la gestión y una coherencia curricular entre los distintos niveles que la componen: de educación inicial a la educación media, y de esta a la universitaria. La atención a estos desafíos en niveles diferenciados es tarea de todos: de la familia, del Estado, de la Iglesia, presente en la escuela con una larga trayectoria, y de los mismos jóvenes, como ha ocurrido últimamente, mediante las organizaciones estudiantiles.
El medioambiente hoy siente el impacto de complejos desafíos: la contaminación de los ríos y del aire, el deterioro de la calidad de agua dulce disponible, la deforestación, la concentración urbana con sus problemas de transporte, de inseguridad, de hacinamiento de personas, la falta de empleo,… todas situaciones que el Papa Francisco señala cuando habla de ‘la ecología de la vida cotidiana’: “Para que pueda hablarse de un auténtico desarrollo, habrá que asegurar que se produzca una mejora integral en la calidad de vida humana, y esto implica analizar el espacio donde transcurre la vida humana”.
El mundo laboral. En nuestra sociedad, los jóvenes están amenazados por la falta de oportunidades para un trabajo que permita vivir honestamente. El trabajo escasea o es a menudo mal remunerado. El desempleo en nuestro país tiene rostro joven y de mujer. Existen 270 mil jóvenes ‘NINIs’, (ni estudian, ni trabajan).  Así como cuestionamos el desempleo reconocemos que existen también jóvenes quienes, en una auto-marginación,  no participan activamente en desarrollar sus talentos dados por Dios.
La violencia. El hostigamiento (bullying) entre jóvenes y niños, es un fenómeno que lamentamos y reprobamos, como cualquier otra forma de abuso de poder, abuso físico o sexual, que deja secuelas gravísimas.  También preocupan las situaciones de violencia intra-familiar.  No podemos callar los casos de violencia criminal que flagelan a la juventud tanto como víctimas y como victimarios: robos, asaltos, agresiones, homicidios… Nos hace falta conquistar nuevamente la cultura del respeto con autoridad moral, siendo todos nosotros más coherentes y creíbles.
El consumo de drogas, con la intensificación del narcotráfico, es una triste realidad que va en crecimiento con consecuencias desastrosas en el ambiente cotidiano afectando a todos: niños, jóvenes, adultos, de todas la clases sociales. Aquí enfrentamos una gran escasez de recursos y de compromisos de parte de todos los actores sociales.  Debemos dar respuesta urgentemente a este desafío educativo y evangelizador.
La degradación de la vida afectiva y sexual. La educación a una vivencia respetuosa y madura de la afectividad y la sexualidad es una deuda con los jóvenes. Les debemos una educación afectiva y sexual realista, una educación sexual que apele a la libertad, que atraiga por su belleza sin olvidar sus exigencias para que sea verdaderamente humana y humanizadora.  No podemos ignorar los problemas vividos con dolor en este ámbito: relaciones sexuales precoces que acaban con embarazos no deseados, varias formas de acoso y abuso de poder, incluyendo el uso de la tecnología (“sexting”), superficialidad en las relaciones humanas, etc.
La Iglesia acompaña y anima a las personas mediante la atención pastoral a las familias en las diversas comunidades cristianas; está presente en las escuelas e instituciones de educación superior; sostiene la esperanza y colabora con muchas familias en multiplicidad de servicios sociales.
La Iglesia hoy necesita una ‘impostergable renovación’: “con una opción misionera capaz de transformarlo todo.
Los pastores reconocemos que necesitamos conversión pastoral y renovación moral, junto con una actualización y una formación permanente. También, hay un déficit en la formación, la madurez y el compromiso cristiano de los laicos en su vocación al servicio de la transformación del mundo desde Evangelio.  Ambos son desafíos ineludibles.

III- LA BUENA NOTICIA DE LA AMISTAD DE DIOS

3.1. “Abrazarse a Cristo Jesús”
La amistad que propone Jesús a los discípulos representa un nuevo paradigma en la relación con Dios, que se funda en la confianza, la transparencia, la intimidad, el diálogo, en la pertenencia mutua: “Ustedes son mis amigos” (Jn 15,14). La relación fundada en el temor de los siervos hacia el patrón queda superada por la confianza de la amistad: “En adelante, ya no les llamaré siervos, porque el siervo ignora lo que hace su Señor” (Jn 15,15). Así se entiende que ya no haya secretos, porque entre los amigos se comparte todo en transparencia.
3.2. La exigente y provocativa amistad de Jesús
La relación de amistad es un modelo para todo creyente, significativo y desafiante, especialmente para los jóvenes de hoy. Por ello, a la luz de la experiencia de amistad queremos comprender la propuesta del Trienio:
Una amistad liberadora e integral.
Una amistad festiva y gozosa.
Una amistad que ofrece sentido y plenitud a la vida.
Una amistad que propone desafíos y moviliza.
Una amistad dispuesta a entregar la vida.
Una amistad exigente.
Una amistad que crea una comunidad de pertenencia.
Una amistad con una espiritualidad propia.

IV- ALGUNAS LÍNEAS DE ORIENTACIÓN Y ACCIÓN

4.1. El compromiso de los Pastores.
La Iglesia con sus Pastores y agentes pastorales debemos pasar de una proclamación a una opción más clara y decidida por los jóvenes, creando, organizando y acompañando la Pastoral de Juventud en las Parroquias y comunidades eclesiales con una propuesta abierta a las inquietudes e intereses de los jóvenes. Queremos una Pastoral de Juventud que abrace a todos los jóvenes y sus situaciones, que vaya más allá de la catequesis de confirmación y esté abierta a jóvenes con interés por el arte, el deporte, el voluntariado, etc.
Los Pastores nos comprometemos a elaborar un Itinerario de Educación en la fe que recupere la centralidad de la Iniciación a la vida cristiana. Debemos proponer de nuevo la vida cristiana como una respuesta a los anhelos profundos de las personas, especialmente de los jóvenes.
4.2. El compromiso de la Escuela y Centros educativos
La Escuela Católica y los Centros de Educación Superior pueden brindar una educación de calidad a los jóvenes con programas explícitos de educación al amor, educación en la justicia, educación sociopolítica en sintonía con la Doctrina Social de la Iglesia.
Aprovecharemos el Trienio para discernir y diseñar juntos, en cada Diócesis, Parroquia e Institución Educativa, programas educativos y pastorales, que respondan a las necesidades y los anhelos de las diversas categorías de jóvenes, pensando prioritariamente en los más vulnerables.
4.3 El compromiso de los jóvenes
Invitamos a los jóvenes a ser protagonistas en la construcción de nuestro país involucrándose activamente en procesos educativos, en organizaciones civiles, y asociaciones políticas que buscan el bien común. El objetivo de este protagonismo es de favorecer un crecimiento integral de las personas, en sociedad, con el medioambiente, en relación con Dios.
Exhortamos a jóvenes a dejarse interpelar por la persona de Jesucristo y su anuncio.
Será oportuna la preparación, la organización y la celebración de un foro de la juventud sobre el tema “Juventud, Iglesia y Sociedad”. Significará un gran aporte a la sociedad paraguaya y a la Iglesia. Los obispos se comprometen en acompañar y participar activamente.
Este Trienio estará acompañado e iluminado por el “Sínodo Ordinario de los Obispos” sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” en el 2018, en Roma. Invitamos a todos a seguir de cerca este proceso sinodal a través de sus reflexiones, oraciones y aportes.
El Trienio nos ayudará también a renovar nuestra Pastoral Vocacional a fin de que muchos jóvenes puedan tener la alegría de escuchar el llamado de Dios y de ofrecer sus vidas en una vocación elegida en libertad y alegría. A todos el Señor llama a la santidad: en el matrimonio, en las múltiples formas de consagración, en el ministerio ordenado.
Ser parte de una parroquia, una comunidad, un grupo juvenil o un movimiento es un compromiso que el Trienio viene a celebrar y reforzar. Más que nunca la Iglesia quiere ser “puerta abierta” a todas las formas de participación de los jóvenes, especialmente después de la confirmación, en las varias tareas que implica su misión (catequesis, liturgia, coro, Pastoral Social, oración, reflexión bíblica, etc.).
El compromiso de los jóvenes en la Iglesia implica un constante discernimiento: desde su realidad observada y analizada, a la luz de la “amistad con Cristo”, ellos mismos toman importantes decisiones y posturas. Esta práctica del “ver-juzgar-actuar” ayudará a toda la Iglesia a descubrir nuevos itinerarios de formación permanente para todos los fieles.
4.4  Otros compromisos
El tema de la juventud toca a muchos grupos sociales y eclesiales. Si queremos recibir la gracia del Trienio, debemos participar:
La familia, y en especial, la Pastoral Familiar. Esperamos aportes para ayudar a las parejas y a sus familias a vivir relaciones más armónicas basadas en un diálogo profundo y auténtico.
En este tiempo de desigualdades y polarizaciones sociales, la Pastoral Social debe atreverse a invitar a los jóvenes a conocer y transformar la realidad nuestra. Para muchos jóvenes se trata de descubrir otros mundos: la vida campesina, las culturas indígenas, los barrios más pobres, el mundo de los hospitales, los migrantes, y muchas veces algunos vecinos muy cercanos pero marginalizados. Mediante pequeños proyectos podemos favorecer una cultura del encuentro.
En de los compromisos de todos los actores, debemos manifestar la importancia de esta cultura del diálogo y de la paz que debe existir antes que nada en nuestra Iglesia. El Trienio de la Juventud es el momento para inventar estructuras de acogida y también para cuidar nuestro trato mutuo.

V- CONCLUSIÓN

La Iglesia entera espera de este Trienio un tiempo de gracia donde volvamos a dejarnos encontrar por el Amigo Jesús, en su comunidad, en su Palabra, en sus sacramentos y en su amor misericordioso hacia todos, especialmente hacia los más pobres y alejados.  Unidos a Él renovemos nuestra Iglesia para que sea más misionera y más fecunda.
Jesús nos sigue diciendo: “Ustedes son mis amigos, permanezcan en mí, para dar mucho fruto”. Él es el modelo de persona que nos guía y acompaña. Él es nuestra meta.  Dejemos que Él nos abrace y nosotros abracémonos a Él.

Los Obispos del Paraguay
Asunción, 3 de marzo de 2017

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