Coronavirus Opinión

Abrazar un tiempo nuevo, por Carlos Martínez Oliveras

Somos conscientes de que el regreso a las habituales actividades cotidianas va a ser un proceso largo en el tiempo y laborioso en los esfuerzos que hayamos de procurar para no experimentar rebrotes de la enfermedad. No obstante, quizá el mayor peligro que corramos sea pasar a una nueva situación «como si no hubiera sucedido nada». La experiencia pascual nos recuerda que el Resucitado lleva en su cuerpo glorioso las llagas indelebles de la cruz. A través de ellas, llega la luz de la vida. De igual manera, nosotros debemos afrontar esta situación con las heridas de la pandemia, pero transformadas por la fuerza y la esperanza de la fe en la resurrección. El Señor sale a nuestro encuentro para transformar nuestro duelo en alegría y consolarnos en medio de la aflicción (cf. Jr 31, 10).
El Papa Francisco nos ha recordado en su mensaje pascual que no es tiempo para escuchar las palabras «indiferencia», «egoísmo», «división» y «olvido» (Francisco, Mensaje Urbi et Orbi, 12 de abril de 2020). Se trata de afrontar un tiempo nuevo marcado por «los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad» (Francisco, Un plan para resucitar).
[1] Tiempo de caridad. Frente a la indiferencia y despreocupación por el hermano (cf. Gén 4, 9), estamos llamados a desarrollar la imaginación de la caridad. Nos enfrentamos a la que pueda ser la mayor crisis socioeconómica de nuestro tiempo. Son numerosas las personas que viven este momento con preocupación, angustia e incertidumbre. Esto también nos tiene que recordar el establecimiento de una relación adecuada y armoniosa con la obra de la creación y con un modelo de desarrollo sostenible y humanizador que respete la dignidad personal. Ante la pandemia, toda la comunidad cristiana se ha de sentir llamada a la corresponsabilidad y generosidad económica para que pueda sumarse a la iniciativa de compartir algún gesto para el sostenimiento de la Iglesia y la solidaridad con los más débiles, que va a ser más necesaria que nunca (cf. Nota de la Comisión Ejecutiva de la CEE, 19 de abril de 2020).
[2] Tiempo de salida. Aun en medio de las restricciones de movimiento, no puede haber lugar para los egocentrismos. Necesitamos salir de nosotros mismos para seguir transmitiendo la fe y poner lo mejor de cada uno al servicio de los demás, especialmente de los más vulnerables. La trágica pandemia del coronavirus nos está demostrando que «solo juntos y haciéndonos cargo de los más débiles podemos vencer los desafíos globales» (Francisco, Audiencia general, 22 de abril de 2020). En el fondo, se trata de una invitación a que cada uno pueda compartir su tiempo y sus dones personales para trabajar en la ingente recuperación y restauración social a la que todos estamos llamados.
[3] Tiempo de comunión. La unidad debe prevalecer ante el conflicto (cf. EG 226-230). Hoy, más que nunca, debe reinar el diálogo, el clima de entendimiento y acuerdo, la humildad y, por encima de las ideologías, la búsqueda sincera del bien común por parte de todos los actores de la política y la vida social para lograr dar respuesta al novedoso y grave escenario que tenemos por delante. La Iglesia, a buen seguro, estará ahí en primera línea como puente y cimiento.
[4] Tiempo de recuerdo. El dolor causado por la pérdida de los seres queridos nos llama a un luto que transformamos en oración por su eterno descanso. A la espera de poder celebrar los funerales en los templos, somos invitados a volver a pasar por el corazón la memoria agradecida de sus vidas. El recuerdo de lo vivido y el aprendizaje de la experiencia serán piedras miliares para construir juntos un futuro común basado en la confianza, la solidaridad y la comunión.

Por Carlos Martínez Oliveras cmf
Director del Instituto Teológico de Vida Religiosa

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