Abdellah Laruki
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Abdellah Laruki, acogido por los mercedarios: «Encontré una familia»

Esta tarde ha tenido lugar el diálogo sobre hospitalidad organizado con motivo de  la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebra el próximo 27 de septiembre. Este diálogo ha concluido con dos testimonios de dos personas migrantes acogidas por  la Iglesia a su llegada a España. Uno de ellos es Abdellah Laruki,  que hoy tiene 32 años y llegó a España con 14, siendo menor de edad, desde Marruecos. Allí fue acogido, a través del sistema estatal de tutela para menores extranjeros no acompañados (MENA), por una comunidad de frailes mercedarios. «Allí encontré una familia», ha destacado.

Tanto, que hoy trabaja para la ONG de los Mercedarios haciendo lo que antes hacían con él, acoger. Laruki cuenta que salió de su país porque «no había formas de progresar», y no conocía a nadie. «Encontré personas implicadas, dándome la formación, aprendizaje del idioma, ahabilidades sociales, acompañamiento diario, para ganar autonomía y posteriormente salir a una vida independiente», ha explicado. Y ha llamado la atención sobre uno de los grandes problemas del sistema de acogida:«. Es verdad que en los centros de menores cuando  uno cumple 18 años, el regalo de cumpleaños es salir a la calle. Lo normal es que uno no tiene el idioma aprendido, no suficiente autonomía, no tiene recursos, ni red social… al final acaban en la calle y algunos delinquiendo».

En cambio, ha contado que tuvo la suerte de que los mercedarios le acogieron hasta que tuvo una autonomía y un colchón. «Agradezco a la soc españoal ala acogida e general, y a la casa de acogida de la orden la merced y a la iglesia todo lo que hace por las personas migrantes y por la sociedad en general», ha querido decir.

Integración desde dos culturas

El otro testimonio que ha concluido el webinar ha sido el de Geraldine, que llegó desde Ecuador con su familia siendo aún menor de edad. Llegó en 2002 a España. «Gracias al apoyo de  muchas personas, de los jesuitas de la congregación del Espíritu Santo donte trabajaba mi madre como cocinera… fueron un gran apoyo», ha comentado.

En su testimonio, un alegato: «Habrá inmigrantes de todo, pero sobre queremos trabajar y ganarnos dignamente todo lo que tenemos y ser de provecho para la sociedad. Y ayudar no solo a nuestra gente, sino al propio español, al que nos abrió un día eses camino». Ahora, ella tiene trabajo y familia. Mira atrás a su juventud en La Ventilla, donde formaron un grupo de jóvenes con migrantes y con españoles en el año 2004. «Formamos grupo de jóvenes, que no éramos solamente españoles, sino jóvenes de distintos países, en unos años en los que fue el boom devenir mucha juventud sola a buscarse el futuro y no tenía sitio de acogida. Alberto (Ares), aún diácono, nos guió, e hicimos muchas actividades de integración, como viajar o dar paseos Pero de formarnos y de guiarnos, que creo firmemente que nos abrió puertas».

Ha reflexionado Geraldine también sobre su identidad, y sus dos culturas: la española y la ecuatoriana, pudiendo compartir ambas y aportarse mutuamente entre las dos, lo que ha calificado como «vivir desde ese punto la integración».

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