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A propósito de un centenario. Origen de un magno proyecto, por Josep M. Blanquet, SF

A propósito de un centenario ORIGEN DE UN MAGNO PROYECTO, por Josep M. Blanquet, S.F.

Erección del templo de la Sagrada Familia

El 24 de junio se cumple el 150 aniversario de la carta que San José Manyanet escribió al obispo de Urgell, José Caixal (1803-1879), comunicándole el “hermoso y devoto pensamiento” de levantar un templo en honor de la Sagrada Familia, que, de acuerdo con Pío IX, no dudó en calificar de “magno proyecto”. Era el año 1869 y el obispo Caixal ya se estaba preparando para asistir al concilio Vaticano I.

Antecedentes

Desde el primer encuentro con el librero José María Bocabella (1815-1892) en 1865, en la parroquia de Sant Cugat del Rec, de Barcelona, o en el domicilio familiar de éste, en sintonía con el momento eclesial, Bocabella y el P. José M.ª Rodríguez (1817-1879), mercedario, hablan de una Asociación Josefina, y Manyanet de un Templo expiatorio.

En octubre de 1866, con la aprobación del obispo de Barcelona, Pantaleón Montserrat (1807-1870), nacen la Asociación Josefina y el boletín El Propagador de la Devoción a San José para fomentar la devoción y confianza de los fieles en el Santo Patriarca y pedir la protección del santo. No consta otra finalidad. Manyanet asiste al encuentro con el prelado; no firma la petición por no ser diocesano, aunque será uno de los primeros asociados.

El “hermoso y devoto pensamiento”, recibido en la oración, sorprende al mismo sacerdote fundador, y desea someterlo al obispo. Pero antes, a modo de consulta, lo expone al P. Pablo Serrat, trinitario, corresponsal del obispado de Urgell en Roma, y al P. Rodríguez.

El P. Serrat le respondió el 13 de febrero de 1868: “Me gustó especialmente esa idea suya del Templo Nacional a San José y la Sagrada Familia de Nazaret. Algo parecido se promueve ya en Francia y no ha de faltar en nuestra querida España. Lo encomiendo a Dios que protege y promueve lo bueno. Yo le apoyaré ante Caixal y él, que sabe de su rectitud, lo promoverá ante sus compañeros prelados”.

 

Manyanet expone el proyecto a Caixal

Con el aval del P. Serrat, José Manyanet expone por carta al obispo Caixal el “hermoso y devoto pensamiento” como fruto de su sensibilidad social y eclesial. Se trata de un Templo expiatorio que no sólo tiene carácter Cristocéntrico sino que ha de invocar la protección de San José y la intercesión de la Virgen María. Le pide su parecer y aprobación.

Confirma esta comunicación el comentario que, pocos días más tarde, el 5 de julio, el obispo hizo al arzobispo de Santiago de Compostela, el cardenal Miguel García Cuesta (1803-1873): “Un sacerdote muy devoto de San José me ha sugerido el que le prometiéramos procurar que se le edifique un magnífico templo en un lugar de España; podríamos después hacerlo”.

Y en prueba de su beneplácito, el 24 de julio, el cardenal envía una campanita con la imagen de Santiago, “a ese sacerdote josefino, Don José Manyanet, al que la Divina Providencia inspiró ese bello proyecto de un Templo Expiatorio nacional que tanto necesita España en estos tiempos de tanta tribulación social… ¡Id a José… resonaría tanto en la Santa Casa de Nazaret! Vayamos, pues, España entera a ese Templo con esa frase fervorosa en los labios y el corazón henchido de fervor por el ejemplo nazareno de Jesús, María y José”.

Y todavía el 1 de abril de 1873, poco antes de morir, va enviar una imatge de Sant Jaume “a las tres almas impulsoras de ese gran proyecto en bien de la re-espiritualización de España: el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia” (a Manyanet, Bocabella y Caixal, la cual, heredada por Manyanet, la entregó a Gaudí).

La bendición de Pío IX

En el mismo mes de julio de 1869, el P. Rodríguez, desde Roma, envía al Padre Manyanet un cuadro de la Sagrada Familia, que le había regalado el Papa, y le dice:

“Es signo de que bendice su estupenda idea de que el Templo que proyectáis en Barcelona sea bajo la advocación de la Sagrada Familia en lugar de únicamente San José. El Papa lo considera adecuado, pues, aunque dicho por mí no por la forma oficial sino informalmente, atendió y bendijo la idea. Es la Sagrada Familia el lugar de santificación natural y de patriarcado perfecto de San José, su lugar de proyección a la Iglesia universal. Así que adelante, es usted, P. José [Manyanet], clarividente en su idea. Convenza a Bocabella”. 

Caixal responde a Manyanet

El 7 de diciembre del 1869, en vísperas de la apertura del Concilio, el obispo Caixal, después de comentar el “hermoso y devoto pensamiento” con el Papa, le escribe:

“¡Con qué gozo y alegría acogió Su Santidad la idea que la Divina Providencia inspiró en Vos para erigir ese Templo a San José y la Sagrada Familia en Barcelona, que ha de ser gloria para la ciudad, el Principado, España entera y su Imperio! Me transmite Su Santidad y los hermanos en el Episcopado español aquí presentes (lástima que el Sr. Arzobispo de Santiago de Compostela no haya obtenido permiso gubernamental para estar aquí, pero sé por carta de su puño y letra está entusiasmado con Vos y la idea), en especial el Sr. Obispo de Barcelona [Pantaleón Montserrat] y el Sr. Arzobispo de Toledo [Cirilo de Alameda], unen sus bendiciones a la de Nos y la del Romano Pontífice sobre Vos y tan Magno Proyecto. Uno a esta carta tan precioso presente del Papa con Indulgencia Plenaria para aquellos que le recen devotamente en bien del proyecto de ese Templo naciente y entreguen su piadosa limosna expiatoria».

Era un medallón del Sagrado Corazón, que el P. José María Rodríguez trajo desde Roma al Padre Manyanet.

 

Una nota aclaratoria

El Padre Manyanet, hacia el final de sus días, en el año 1900 o 1901, añadió esta nota a la copia autógrafa de la carta: “Este pensamiento lo comuniqué más tarde al Sr. D. José [María] Bocabella (a) Viuda de Pla, de Barcelona, quien lo inició en El Propagador de la Devoción a San José, dando todo ello pie al levantamiento del famoso templo de la Sagrada Familia”.

El “más tarde” no se refiere a la fecha de la carta, sino al momento que tuvo la inspiración, en 1865. Ese año José Manyanet experimentó lo que él califica como “una doble aparición de Jesús”, cuyo rostro plasmó en la restauración de un cuadro de San Ignacio en la visión de la Storta, de la escuela de Viladomat, que Gaudí calificó como “la síndone manyanetiana”, y estuvo expuesto en la cripta del Templo.

 

Los Josefinos son devotos también de la Sagrada Familia

En 1872, antes de que El Propagador hablara del nuevo Templo (lo hizo en 1874), movido por el celo e invitación del Padre Manyanet, el P. Rodríguez escribía en el mismo:

“A los Josefinos, por tanto, nos toca manifestar de palabra y por obra nuestra devoción a la Sagrada Familia… Seguro de que estos son los sentimientos de todos los Josefinos, cuando se ha invitado a nuestra Asociación, conforme ha sucedido no hace mucho, a interesarse en promover el culto de la Sagrada Familia, se ha respondido que la Asociación de devotos de San José lo es también de la Sagrada Familia”.

Primeros pasos del nuevo templo

En marzo de 1874, El Propagador hace público “el hermoso y devoto pensamiento”: “¿Por qué, pues —se preguntaba—, los españoles, devotísimos de San José, no habremos de seguir tan bellos ejemplos [de París], y levantar a nuestra vez una iglesia dedicada a la Sagrada Familia?… Es un pensamiento de lo que se trata, es una semilla que se arroja en el campo de la devoción a San José, para que penetre en él, fecundice, germine, se desarrolle y crezca”.

En 1877, el obispo Caixal, cuando ya se estudiaban los planos del futuro templo, encarga un lienzo de la Sagrada Familia al pintor Eugenio Gimeno (1848-1920) para que presidiera “la obra máxima de la devoción y fervor” de su hijo espiritual.

En 1881, la Asociación Josefina agradece al Padre Manyanet las limosnas aportadas para la adquisición del solar con un relieve del Sagrado Corazón de Jesús.

El 19 de marzo de 1882 se bendice y coloca la primera piedra del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, cuya acta se firma sobre una mesita del Padre Manyanet y recibe, como el resto de las autoridades, un cofrecito de cerámica con tierra del solar. Y tras una misa presidida por José Manyanet en dicho solar, el Sr. Bocabella le entrega el cáliz, regalo de Pío IX, con el que había celebrado, diciéndole: “Sin Vd., Padre Manyanet, nada de esta obra del futuro Templo sería realidad”.

 

* * *

Toda la familia Bocabella y Antonio Gaudí asimilaron muy bien esta devoción. Teresa Puig de Bocabella (+1886), antes de morir, dijo: “Gracias, Padre Manyanet, por hacer de nuestra familia parte de la de Nazaret”. Y Gaudí reconocía “que [el Padre Manyanet] me fortaleció en la fe en Dios Nuestro Señor y en la Sagrada Familia de Nazaret; me enseñó a descubrir a Dios en lo oculto, y esto me marcó espiritualmente para siempre. He querido vivir como él, siempre en mi Nazaret particular”. ¡Este es el mensaje que encierra el “hermoso y devoto pensamiento” del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia!

Josep M. Blanquet, S.F.

Pie de foto: Copia de la carta sobre el Templo que el Padre Manyanet escribió al obispo José Caixal el 24 de junio de 1869.

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