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Benedicto XVI

A lo que fue a Croacia el Papa Benedicto XVI

Un análisis de Jesús de las Heras Muela, director de ECCLESIA y de ECCLESIA DIGITAL

¿A qué fue el Papa Benedicto XVI a Croacia los días 4 y 5 de junio? A confirmar en la fe a los católicos croatas, a presidir el I Encuentro Nacional de las Familias Católicas de Croacia, a reavivar y expandir las bien arraigadas raíces cristianas del país, a alentar su presente y su futuro en medio de las nuevas encrucijadas derivadas de la crisis económica y moral y su próxima integración en la Unión Europea (UE), a contribuir a la sanación definitiva de las heridas de la guerra de hace dos décadas –precisamente en el vigésimo aniversario de la declaración de independencia del país- y a servir a la paz, a la integración, a la concordia y a la reconciliación.

Esta puede ser la síntesis apretada de un, de nuevo, breve pero intenso y hermoso viaje pastoral de Benedicto XVI, ahora con destino a la católica –casi el 90% de la población es católica- Croacia, meridional país mediterráneo entre los Balcanes y Centro Europa, testigo de los dos grandes y espeluznantes dictaduras que asolaron a Europa en el siglo XX -el nazismo y el comunismo-, testigo también, como queda dicho, de los horrores de una de las penúltimas guerras en el viejo continente.

Junto a ello, y en fidelidad a su estilo brillante, incisivo, sagaz y propositivo, Benedicto XVI aprovechó su periplo croata para lanzar una renovada  defensa de la libertad de religión y de conciencia en una Europa que se aleja de sus raíces para caer en el secularismo dominante, a cuyas puertas llama Croacia con cierto escepticismo, y para la reivindicación de la familia y sus grandes riquezas y potencialidades frente a otros modelos de convivencia.

Croacia, savia para la Unión Europea

Como es ya una costumbre establecida en los vuelos papales internacionales, el Pontífice se sometió a algunas preguntas de los periodistas, durante el vuelo Roma-Zagreb.  Benedicto XVI recordó haber estado, por vez primera, en Croacia, para los funerales del cardenal Seper, su predecesor en la Congregación para la Doctrina de la Fe, gran amigo suyo, del que conoció “su bondad, inteligencia, discernimiento y alegría”, y al que definió como “gran croata y gran europeo”. Volvió a Croacia invitado por monseñor Capek, secretario del difunto Seper, que le dio la posibilidad de conocer la piedad popular del pueblo croata, que “vive la fe con el corazón”.

El Papa no comparte el escepticismo reinante en una parte de la sociedad croata ante a la entrada de su país en la UE, afirmando que  “que la mayoría de los croatas piensa sustancialmente con gran alegría en el momento en que se una a la Unión Europea, porque es un pueblo profundamente europeo. Los cardenales, Seper, Kuharic o Bozanic, siempre me han dicho: “Nosotros no somos los Balcanes sino Centroeuropa” (es un hecho que durante el régimen comunista yugoslavo, Croacia se sentía más cómoda, y culturalmente más identificada, comerciando con su vecina Italia que con Serbia)”. En este sentido –continuó diciendo el Papa- “es lógico, justo y necesario que entre”, aunque comprende que exista cierto temor a “un burocratismo centralista demasiado fuerte, a una cultura racionalística que no tiene suficientemente en cuenta la historia, y la riqueza de la historia y de la diversidad histórica”. Y Croacia puede contribuir a la UE reforzando esa riqueza europea que es su “diversidad cultural”.

La figura martirial del cardenal Stepinac

En el corto diálogo con los periodistas, el Papa aludió por vez primera al cardenal Stepinac, al que definió como “gran pastor y gran cristiano, de un humanismo ejemplar”, a quien le tocó vivir “en dos dictaduras opuestas, pero ambas anti-humanistas: primero el régimen hustacha, que parecía colmar el sueño de autonomía e independencia pero que en realidad era una mentira, porque estaba instrumentalizada por Hitler y sus fines”. Según el Santo Padre, el cardenal Stepinac “comprendió muy bien esto y defendió el auténtico humanismo contra este régimen, defendiendo serbios, hebreos y gitanos, y aportó la fuerza de un verdadero humanismo, incluso sufriendo”. Nuevamente le tocó “luchar por la fe”, por la “presencia de Dios en el mundo, por el verdadero humanismo”, al advenimiento del régimen comunista, y ese fue su destino: “luchar en dos combates diversos y contrastantes, y justamente esta decisión por lo verdadero contra el espíritu de los tiempos, por el verdadero humanismo que viene de la fe cristiana, es un gran ejemplo no sólo para los croatas sino para todos nosotros”.

El Papa volvió a referirse al beato Stepinac en su encuentro con los obispos y con el clero croata, celebrado en la catedral de Zagreb, la tarde del 5 de junio, horas antes de su regreso a Roma, antes los que habló de los “pastores y mártires de esta tierra”, y volvió a destacar la figura del beato Stepìnac, “intrépido pastor, ejemplo de celo apostólico y de firmeza cristiana, cuya heroica existencia ilumina aún hoy a los fieles de las diócesis croatas, apoyando su fe y vida eclesial”. Gracias a su “sólida conciencia cristiana”, continuó diciendo el Pontífice alemán, “supo resistir a todo totalitarismo, convirtiéndose durante la dictadura nazi y fascista en defensor de los hebreos, de los ortodoxos, y de todos los perseguidos, y luego, en el periodo del comunismo, “abogado” de sus fieles, especialmente de tantos sacerdotes perseguidos y asesinados. Sí, se convirtió en “abogado” de Dios sobre esta tierra, porque defendió tenazmente la verdad y el derecho del hombre a vivir con Dios”.

Más aún: Benedicto XVI habló del “martirio” del beato Stepinac, que marcó “la culminación de las violencias perpetradas contra la Iglesia  durante el terrible periodo de la persecución comunista”. Pese a las vejaciones y abusos sistemáticos del régimen comunista, el clero “siempre permaneció unido”, lo que explica “algo humanamente inexplicable: que un régimen tan duro no haya podido doblegar a la Iglesia”. Una unidad y comunión eclesial igualmente necesaria, dijo el Papa, para afrontar las dificultades de nuestra época, para subrayar la cual citó una frase de Stepinac pronunciada en el mismo escenario, en el ya lejano 1943: “o somos católicos o no los somos, y si lo somos hay que manifestarlo en todos los campos de nuestra vida”.

El cardenal Stepinac apoyó en un principio al régimen fascista, en 1941, de cuyo ejército fue nombrado capellán, aunque acabó distanciándose ante la brutal represión del régimen títere de Ante Pavelic contra las minorías serbia, hebrea y zíngara. En 1946 fue condenado por el régimen comunista del croata Josip Broz Tito, a 16 años de cárcel, por “haber colaborado con el régimen de Pavelic”, aunque sólo cumplió cinco años de prisión. Murió en 1960, pero nunca pudo regresar a su diócesis de Zagreb. Fue beatificado por Juan Pablo II, en 1998.

El sagrario de la conciencia

 La visita de Benedicto XVI a Croacia contó con siete discursos. El primero de ellos fue el aeropuerto internacional de Zagreb, en su llegada al país en la media mañana del sábado 4 de junio. Este mismo aeropuerto iba a ser testigo del discurso final del Pontífice, en la tarde dl domingo día 5, pero una torrencial tormenta lo impidió, si bien el discurso quedó entregado y consta como tal a todos los efectos. Los tres actos principales del viaje -encuentro vespertino el sábado 4 con representantes de la sociedad civil, en el Teatro Nacional Croata de Zagreb; la misa de las familias en el Hipódromo de la capital; y el rezo de vísperas y visita a la tumba del cardenal Stepinac, en la tarde del domingo 5, en encuentro con obispos, sacerdotes, consagrados y seminaristas- se llevaron los otros tres discursos, más la breve alocución previa y posterior al rezo dominical de Regina Coeli.

En su primera jornada en Croacia, el Papa dirigió una apremiante advertencia a Europa y el mundo occidental sobre el valor de respetar la libertad de conciencia, sin la cual las sociedades están abocadas a deslizarse hacia las dictaduras. En un encuentro con el mundo de la política y la cultura, celebrado en el Teatro Nacional de Zagreb, que reunió a unos 700 profesores, intelectuales, diplomáticos y políticos, el Pontífice manifestó que la calidad de la democracia “depende en buena parte de ese elemento critico que es la conciencia”.

Benedicto XVI, dirigiéndose a toda Europa,  en especial a los países que ponen cortapisas a la objeción de conciencia en temas morales graves, sin citar a ninguno en concreto, no pudo ser más claro: “si la conciencia, como pretende el pensamiento moderno predominante, se reduce al ámbito subjetivo al que se relegan la religión y la moral, la crisis de Occidente no tiene remedio, y Europa está destinada a seguir perdiendo terreno”.

Sin embargo, y pese a estas advertencias, el Papa, como queda dicho, no es pesimista ni ante la entrada de Croacia en la UE, ni respecto a todo el continente europeo, pues “si se redescubre la conciencia como lugar de escucha de la verdad y el bien -que son las fuerza contra toda dictadura- entonces hay esperanza para el futuro”. Aprovechando la presencia de líderes religiosos, ortodoxos, judíos y musulmanes, el Papa subrayó que las religiones deben ser “una fuerza de paz”, y deben “purificarse para corresponder a su genuina misión”.

Una pequeña y hermosa JMJ anticipada

 La principal plaza de Zagreb acogió en la tarde del sábado 4 de junio el encuentro del Papa con los jóvenes, quienes, a pesar de la previa inclemencia climatológica, abarrotaron el lugar, creando un hermoso clima festivo y orante a la vez.

 En medio de tantas seducciones como el mundo ofrece a los jóvenes, Benedicto XVI planteó la necesidad de conocer a Jesucristo, sin quien la felicidad es tantas veces una quimera. “El Señor Jesús –dijo el Papa a los jóvenes- no es un maestro que embauca a sus discípulos: nos dice claramente que el camino con Él requiere esfuerzo y sacrificio personal, pero que vale la pena. Queridos jóvenes amigos, no os dejéis desorientar por las promesas atractivas de éxito fácil, de estilos de vida que privilegian la apariencia en detrimento de la interioridad. No cedáis a la tentación de poner la confianza absoluta en el tener, en las cosas materiales, renunciando a descubrir la verdad que va más allá, como una estrella en lo alto del cielo, donde Cristo quiere llevaros. Dejaos guiar a las alturas de Dios”.

 Por ello, “dejad que (Jesucristo) os tome de la mano. Dejad que entre cada vez más como amigo y compañero de camino. Ofrecedle vuestra confianza, nunca os desilusionará. Jesús os hace conocer de cerca el amor de Dios Padre, os hace comprender que vuestra felicidad se logra en la amistad con Él, en la comunión con Él, porque hemos sido creados y salvados por amor, y sólo en el amor, que quiere y busca el bien del otro, experimentamos verdaderamente el significado de la vida y estamos contentos de vivirla, incluso en las fatigas, en las pruebas, en las desilusiones, incluso caminando contra corriente”.

 El ejemplo del joven croata Ivan Merz, fallecido en 1928 a los 32 años, le sirvió al Papa de ejemplo y de referencia final durante su encuentro con los jóvenes, a quienes invitó a participar en la ya tan próxima JMJ 2011 Madrid. Por cierto, que ya hay cuatro mil jóvenes croatas inscriptos en la JMJ.

El bien de la familia es el bien de la Iglesia y de la sociedad

En el hipódromo de Zagreb se reunían, la mañana del domingo de la Ascensión, cerca de cuatrocientas mil personas, para participar en la misa presidida por Benedicto XVI, acto principal con el que culminaba la breve visita del Papa a Croacia. El Papa, que pidió “leyes” que sostengan y apoyen a las familias en la tarea de criar y educar a los hijos, subrayó el valor de la familia “fundada en el matrimonio”, y la “inviolabilidad de la vida humana, desde la concepción hasta su término natural”. Igualmente, ha invitado a los croatas a  “no ceder ante aquella mentalidad secularizada que propone la convivencia (entre parejas) como algo preparatorio e incluso alternativo al matrimonio”. También fueron duras las palabras del Obispo de Roma para las parejas de hecho, sobre las que afirmó que es necesario “no reducir el amor a emoción sentimental o a satisfacción de pulsiones instintivas, sin comprometerse a construir lazos duraderos de pertenencia recíproca y sin apertura a la vida”.

Benedicto XVI animó a las familias –muy presentes en la misa, con numerosos niños- a no temer el nacimiento de los hijos: “no hay que temer comprometerse con otra persona. La apertura a la vida es señal de la apertura al futuro, de confianza en el futuro”. Pero el Papa es realista, de ahí que haya pedido a los gobiernos que arbitren leyes que sostengan a las familias en la tarea de generar y educar a los hijos.

El gran valor de unidad y de la valentía

 Las vísperas sacerdotales del domingo 5 de junio resultaron igualmente hermosas e interpeladoras. Benedicto XVI, siempre al hilo del testimonio del emblemático cardenal Stepinac, pidió a los obispos, a los sacerdotes y a los consagrados unidad, comunión, valentía y testimonio.

 Especialmente emblemático al respecto resultó el párrafo final de su discurso, toda una síntesis de sus palabras previas y de la verdadera intencionalidad de su visita apostólica. “Querida Iglesia en Croacia, asume –exclamó- con humildad y valentía la tarea de ser la conciencia moral de la sociedad, «sal de la tierra» y «luz del mundo» (cf. Mt 5,13-14). Sé siempre fiel a Cristo y al mensaje del Evangelio, en una sociedad que trata de relativizar y secularizar todos los ámbitos de la vida. Sé la morada de la alegría en la fe y en la esperanza. Queridos: Que el beato Cardenal Alojzije Stepinac y todos los santos de vuestra tierra intercedan por vuestro pueblo, y que la Madre del Salvador os proteja.

Conclusiones

Con su visita a Croacia, Benedicto XVI quiso reivindicar una vez más la figura del beato Stepinac, cuya beatificación creó polémicas entre los partidarios y detractores del nacionalismo croata, y al mismo tiempo animar a la reconciliación entre cristianos divididos (croatas católicos y serbios ortodoxos), y entre los cristianos y los musulmanes (serbios, croatas y bosnios), estimulando a los croatas a entrar en la UE, pese a las comprensibles temores a la pérdida de la propia identidad cultural.

En fin, su visita traspasó los límites de esta pequeña república que se considera más europea que balcánica, con una severa advertencia ante los peligros de que la Europa secularizada acabe amordazando los valores que son propios a sus culturas y que cimentaron su grandeza: la libertad en todos los terrenos, especialmente la libertad de conciencia.

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