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A David Beriain: «Tú no me conoces pero yo a ti sí»
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A David Beriain: «Tú no me conoces pero yo a ti sí»

Cuando se estudia una carrera universitaria siempre se buscan referentes. Si los estudios son vocacionales, esta búsqueda se acrecienta y dura toda la vida. Es constante. Cuando la morralla desborda, uno intenta encontrar luces que despejen tanta baratija de tercera división.

En el Periodismo es habitual que la exposición mediática haga pensar que los referentes del Oficio son los que más se dejan ver en las televisiones y escuchar en las radios. Todo mentira.

En 2009 o 2010 apareció en mi carrera una de esas luces. Un periodista de los imprescindibles. David Beriain. Con gran pena me entero de que ha sido asesinado en Burkina Faso. En los últimos años he compaginado el Oficio con el «lado oscuro» de la comunicación corporativa y he hablado de este «periodismo empresarial» en algunas clases que he impartido en una escuela de negocios. En una de las asignaturas se destaca la importancia de la marca personal en el ámbito profesional.

Las últimas sesiones presenciales que impartí siempre las iniciaba de la misma manera. Me sentaba en la mesa y detrás de mí proyectaba una gran fotografía de David Beriain. Sin letras, sin nombre, solamente su rostro. «¿Sabéis quién es?», preguntaba en voz alta. Alguno de los alumnos respondía de forma negativa y otros afirmaban que les sonaba de algo aquella cara.

Tras un par de minutos haciendo trabajar a las neuronas para encontrar respuesta, les desvelaba su nombre. «Ahh, sí, el de los documentales», indicaba alguno de los estudiantes.

A David Beriain: «Tú no me conoces pero yo a ti sí»

Y todavía sentado en la mesa, les contaba algo que me sucedió en verano de 2018. No había amanecido y estaba con unos amigos en el aeropuerto de Madrid esperando un vuelo a los Estados Unidos. Terminábamos un pequeño y caro desayuno en una de las cafeterías de la terminal cuando en el vacío horizonte del pasillo aparecieron tres personas cargadas con abultadas maletas.

Los vi y rápidamente me levante ante la sorpresa de mis amigos. Era David y su equipo. Me acerqué a ellos, miré a Beriain y le dije: «Hola. Tú no me conoces pero yo a ti sí». Ante su asombro le expliqué que yo también era periodista y le describí en medio minuto su curriculum vitae profesional: reportajes en el diario gratuito ADN, su charla TED, entrevistas, su productora 93 metros… Beriain había creado una marca personal a base de trabajo y sin necesidad de marketing. Y yo era —y soy—su embajador de marca.

Tras el fugaz encuentro, nos despedimos cordialmente, le agradecí su trabajo y retomó su camino hacia una puerta de embarque que, según me dijo, le llevaría hacia Estados Unidos para grabar un reportaje sobre los hispanos en el corredor de la muerte.

Descansa en Paz uno de los imprescindibles. Quien me enseñó a mí y a otros tantos que la tarea del periodista es salir, ir, ver, escuchar, retratar, grabar, apuntar, volver y contar. David, esta vez no volviste para contar pero eres eterno.

Por Pablo H. Breijo

 



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