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800 años de la Orden de Predicadores: recuperar las opciones iniciales

800 años de la Orden de Predicadores: recuperar las opciones iniciales, por José Antonio Lobo Alonso

800 AÑOS DE LA ORDEN DE PREDICADORES: RECUPERAR LAS OPCIONES INICIALES

Acción Verapaz, que es una Organización No Gubernamental de Cooperación al Desarrollo y, por ello, organización de carácter civil y no confesional, fue una iniciativa de la Familia Dominicana, inspirada en la tradición de la Orden y entendida como cauce para poner en práctica las prioridades y opciones fijadas por los Capítulos Generales para toda la Familia Dominicana.

Por eso, recordar esas prioridades y opciones creemos que podría ser una contribución y propuesta para la celebración del Jubileo, pues, como se decía en el último Capítulo General (Trogir 2013): “El recuerdo de nuestra historia no tiene por objeto la autoglorificación, sino recordarnos, en actitud agradecida, nuestros orígenes y ayudarnos a descubrir el lugar de la itinerancia en nuestro modo de vida”. Las sintetizamos en estos puntos:

 

Primero: Las prioridades que se fijan y llamadas que se hacen buscan, ante todo, seguir siendo fieles, hoy, a la misión de la Orden y cumplir dos finalidades:

  • Una, colocarse en la línea abierta por el Concilio Vaticano II y claramente trazada por el Sínodo de los Obispos de 1971, que afirmó lo siguiente: “La acción por la justicia y la participación en la transformación del mundo, se presenta claramente como una dimensión constitutiva de la predicación del Evangelio, es decir, la misión de la Iglesia para la redención del género humano y la liberación de toda situación opresiva”.
  • Y otra, volver a los orígenes de la Orden y llevar a la práctica el talante compasivo de Santo Domingo de Guzmán. Siendo estudiante en Palencia, el año 1191, en un período en que una hambruna asolaba la zona, él vendió sus libros (pergaminos), pues no soportaba estudiar en pieles muertas mientras personas vivas morían de hambre. El Capítulo de Ávila (1986) recordaba cómo la compasión había sido un característica de la tradición de la Orden y seguía siendo una urgencia hoy: “La compasión de Domingo ante las necesidades de los hombres (pobres, pecadores, descarriados, dolientes…) urge hoy la presencia activa de la comunidad dominicana entre los hombres que se debaten entre las fronteras de la muerte. El ejemplo de Bartolomé de las Casas, Montesinos, Pedro de Córdoba en Sudamérica, así como el ejemplo de Domingo de Salazar en Oriente y la obra de Lebret en nuestro tiempo, es iluminador de nuestra misión” (nº 202).

Segundo: Entendida de esta manera la misión de la Orden, no sorprenden las invitaciones que desde ella se han ido haciendo a toda la Familia Dominicana. Recordamos algunas:

  • La del Capítulo de Roma (1983), invitando a la triple opción: “opción por los pobres, opción por la justicia y opción por la paz” (nº 234).
  • El Capítulo de Ávila invitaba a toda a “vivir en las fronteras”, es decir, en aquellos lugares donde los problemas son más acuciantes e implicados en aquellas situaciones donde se ve comprometida la vida y la dignidad de los seres humanos.
  • Los Capítulos Generales que se han celebrado hasta el último, que tuvo lugar en Trogir (Croacia) no ha cesado de insistir en estas prioridades y opciones, como un aspecto esencial de la misión de la Orden. Allí se dijo: “Nuestra predicación ha de manifestar nuestra compasión hacia los que sufren, y ha de dar testimonio de nuestra solidaridad con los excluidos y con quienes viven en la periferia de nuestras sociedades. Nuestra predicación ha de tener acentos proféticos para denunciar todo lo que desfigura el rostro humano y, sobre todo, para invitar a cambiar de mentalidad” (48).

Tercero: Dada la importancia que se viene otorgando al compromiso por la Justicia, la Paz y la Integralidad de la creación, cobra sentido la pregunta que lanzaba Damián Byrne en el Capítulo General de Oaklan (1990): ¿Cómo está respondiendo la Orden a esta invitación?. Y esta era su respuesta:

  • Hay un buen número de hermanos que se la toman en serio.
  • Pero existe también un no menor número de comunidades y hermanos que se resisten a la invitación.

Son muy interesantes las razones que el entonces Maestro General señalaba para explicar tal resistencia:

  • Los prejuicios, los miedos y la oposición al cambio.
  • La excusa de querer convertir estos problemas relacionados con las justicia y la paz en problemas técnicos, reservados a algunos hermanos más implicados en la acción social y política, y no en problemas humanos, que han de urgir por igual a todos los hermanos.
  • El no haber llegado a descubrir la inseparable vinculación que existe entre este compromiso y las verdades bíblicas y teológicas que manifiestan cómo la opción por los pobres es condición necesaria para la instauración del Reino de Dios.

Siendo todas razones que se detectan aquí y allá, quizás la más importante sea la última, aunque no debiera darse en una Orden entre cuyos elementos constitutivos figura el estudio, para el mejor conocimiento del Dios que predicamos y del mundo al que predicamos.

Y, cuarto, de lo expuesto anteriormente, la propuesta de Acción Verapaz a la Familia Dominicana en el contexto del Jubileo, se puede resumir en las siguientes conclusiones, con el fin de ayudar a una revisión crítica de nuestras presencias y actividades y de contribuir a definir los retos del futuro:

1ª) “No es posible, como recordaba D. Byrne, concebir el Reino de Dios sin la justicia y la paz. Tampoco es posible establecer este Reino sin un compromiso por la justicia”.

2ª) No se trata de un eslogan, sino de algo válido para todos los miembros de la Orden, personas y comunidades (Roma, nº. 234), pues “en un mundo donde la pobreza no cesa de crecer, si damos la impresión de estar más comprometidos con los ricos que con los pobres, nuestra predicación no es digna de fe” (Walberberg, n. 17) y porque “en la práctica quien no opta por los pobres opta por los ricos” (Roma, nº. 234).

3ª) Esta propuesta requiere por parte de la Familia Dominicana el estudio, que supone análisis crítico de la injusticia estructural y oferta de propuestas viables para el cambio estructural y personal, pero también implicarse en la acción y unirse a todos aquellos, personas o movimientos, que caminen en la misma dirección.

4ª) Estas prioridades debieran tenerse muy en cuenta a la hora de descubrir qué tipo de presencias pueden ser significativas para nuestro mundo.

5ª) A la hora de hacer el discernimiento vocacional se debería tener en cuenta lo que el Capítulo de Roma señalaba como imprescindible: “La disposición para el trabajo apostólico y la sensibilidad para el compromiso por la justicia y la paz” (nº. 245).

Fr. José Antonio Lobo Alonso, O. P.

foto: En Chiapas – Mexico

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