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Rincón Litúrgico

7 de mayo: Santa María del Camino, por Ángel Moreno de Buenafuente

7 de mayo: Santa María del Camino, por Ángel Moreno de Buenafuente

«Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño». (Mt 2, 20)

¿Recuerdas, Virgen, las Escrituras? ¿Recuerdas cuando José, el hijo pequeño de Jacob fue vendido y deportado a Egipto, y después se convirtió en la despensa de trigo y de pan para sus hermanos?

Al escuchar el discurso de tu Hijo en Cafarnaúm, en el que invita a todos los hambrientos a acercarse a Él, y al contemplar que tú, según San Mateo, tuviste que bajar con Jesús a Egipto, descubro el paralelo que hay entre los textos, y a ti en medio de los caminos, abrazando en tu regazo a quien saciaría nuestra hambre.

Eres conocedora de posadas y caravanas, subiste a Ain Karen, volviste a Nazaret: bajaste a Belén, fuiste deportada a Egipto; subiste de nuevo a Galilea. Celebrabas la Pascua en Jerusalén. Realmente eras andariega, y seguro que en las orillas de los caminos encontrarías a personas menesterosas.

Jesús se encontró a un ciego al borde del camino. Puso el ejemplo de un samaritano que, camino de Jericó, tuvo compasión de un herido en un atraco. En tantos viajes como tú hiciste, junto a tu esposo, ¡cuánta compasión sentirías por aquellos que tan solo tenían un manto para tenderse en el suelo!

Tú has conocido la intemperie, la marginalidad, el exilio, la persecución y deportación. Estos tiempos de tanta migración, de personas que viven en la clandestinidad por miedo a la expulsión del país que les ofrece un poco de pan a costa de trabajos agotadores, Virgen del Camino, sigue andariega y samaritana.

Tú eres la Madre del Agua viva, tú eres manantial y artesa, de manera especial para quienes no tienen casa y viven fuera de su tierra. Infúndenos las entrañas solidarias, como las de tu Hijo, que se compadeció de quienes andaban como ovejas sin pastor, y les multiplicó el pan, y se dio a Sí mismo en el Pan partido.

Consuela saber que a ti no se te ocultan las marginalidades ni las periferias. Pero no debiera ser esta certeza razón para quedar exentos de compromiso en favor de cuantos tienen hambre y sed. Tu Hijo Jesús dijo: “Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber. Y Tú cantaste que el Señor colma de bienes a los hambrientos.



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