Rincón Litúrgico

4 de mayo: María, Madre de todos los hombres, por Ángel Moreno de Buenafuente

4 de mayo: María, Madre de todos los hombres, por Ángel Moreno de Buenafuente

Madre, quizá no es en todas partes igual. Hoy, entre nosotros, recordamos de manera especial a nuestras madres. Nunca es suficiente el agradecimiento a quien nos dio la posibilidad de nacer.

Tú fuiste revestida de una misión universal en el momento más doloroso de tu vida, cuando tenías delante de tus ojos a tu Hijo clavado en la Cruz. En ese momento escuchaste un deseo – misión, que te supuso el dolor del alumbramiento: asumir la maternidad de toda la humanidad.

Suelo decir que, en la Providencia divina, tu Hijo, al menos, no tuvo el dolor de ser huérfano de madre, pues tú siempre estuviste cerca, y siempre lo llevaste en tu pensamiento. ¡Qué fuerza da el saber que alguien te piensa, que alguien te espera!

Uno de los momentos más recios de la vida del ser humano es cuando pierde la tierra que le engendró, las entrañas maternas. Ese momento, si uno no está atento, puede producir intensa tristeza, desánimo, hasta descontrol emocional y movimientos evasivos, con consecuencias aún más dolorosas.

Madre de todos los hombres, que tienes la misión, encomendada por tu Hijo, de prolongar en nuestra existencia la tierra firme sobre la que caminar, y la mirada referencial en todo momento. ¡Míranos con amor íntimo, secreto, cálido! El que se percibe muy dentro y estabiliza emocionalmente.

Te ruego por quienes sufren la falta del amor entrañable, y por quienes han quedado heridas por no dar a luz la vida engendrada en ellas. Por quienes se sienten vagabundos, y por quienes, excesivamente seguros, pretenden no tener necesidad de amor. Tú sabes salir al camino de cada uno, y estar al pie del dolor de cada corazón.

Gracias por aceptar el encargo de tu Hijo, gracias por mi madre, y por tantas mujeres contemplativas, que en lo secreto del claustro son ofrecimiento gratuito para calmar el llanto de los humanos. Siempre me estimula el pensamiento de que los que oran durante la noche se parecen a los padres que cuidan a sus pequeños y son capaces de abandonar la cama para consolarlos.

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