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Cáritas Orihuela-Alicante acompaña a más de 40.000 personas

Cuando se cumple el aniversario de la declaración del estado de alarma a causa del impacto de la covid-19 en nuestro país, Cáritas diocesana de Orihuela-Alicante rinde cuentas de cuál ha sido su respuesta en estos meses a los graves efectos sociales de la pandemia. El obispo Jesús Murgui ha hecho hincapié, precisamente, en este aspecto, señalando que «nuestra grandísima preocupación es la persona y queremos que nuestra labor no sea solo dar, sino, en una situación tan difícil como la pandemia, que a la persona se le acoja y se le escuche».

La voluntad de acompañamiento a cada caso y cada familia, a cada realidad personal «es una meta permanente por parte de una institución de la Iglesia como es Cáritas», ha remarcado.

La respuesta de Cáritas a la emergencia social

La crisis generada por el coronavirus ha conllevado que las solicitudes de ayuda por parte de Cáritas diocesana se hayan cuadruplicado, tal y como ha indicado el director, Víctor Mellado, quien ha incidido en que durante este periodo Cáritas ha aportado más de un millón de euros, en concreto 1.000.736, en ayudas directas «una cifra que multiplica por cuatro nuestras ayudas habituales de otros años». Ha añadido que «pensamos que era el momento de estar ahí y que todos esos fondos fueran directamente a esas ayudas, que incluso hemos dotado de fondos propios».

La valoración social de emergencia y el trabajo en red en toda la provincia han sido la base sobre la que se ha sustentado todo nuestro esfuerzo durante este último año. Una labor que fue y sigue siendo fundamental tanto por el apoyo material como por el acompañamiento personal y psicológico de las personas afectadas.

Para reforzar nuestra red de atención, Cáritas puso en marcha la línea gratuita 900921936 atendida por un equipo de 25 personas voluntarias y 8 trabajadoras sociales que atendieron más de 300 llamadas diarias. El equipo de atención de la línea 900 trabajó de manera coordinada con todos los equipos de las Cáritas Parroquiales en los municipios y barrios de toda la provincia, de cara a garantizar la ayuda a las familias.

En los meses que duró el primer Estado de Alarma, Cáritas Diocesana asistió a más de 9.060 familias, lo que supone más de 32.300 personas. En todo el 2019, atendimos a unas 12.000 familias. Una comparativa que resalta el momento actual. Una situación agravada al ser el 70% de las familias atendidas, familias con hijos menores.

Personas sin hogar

En el ámbito de personas y familias sin hogar, se ha hecho patente su situación precaria al haber de estar confinados sin tener un hogar, además de no poder mantener medidas higiénico-sanitarias al estar en la calle. Durante el año de pandemia Cáritas ha habido una coordinación y trabajo con los ayuntamientos para abordar la situación de las personas sin hogar, pero una vez superado el primer estado de alarma se ha vuelto a hacer patente la situación precaria que sufren estas personas. La respuesta de las administraciones públicas durante el primer estado de alarma ha denotado que es posible solucionar la situación de las personas que viven en la calle.

Las limitaciones impuestas por el confinamiento inicial y las medidas restrictivas posteriores, nos obligaron a adaptar nuestras actividades presenciales temporalmente y a repensar el uso de las nuevas tecnologías, desde un enfoque inclusivo. En el ámbito del empleo, para seguir realizando los acompañamientos, la formación y el contacto personal habilitamos todos los canales online disponibles y posibles (llamada telefónica, whatsapp, videollamadas, email…) y contenidos adaptados. Había que evitar, de cualquier manera, que las personas se descolgaran de sus itinerarios de inserción y procesos formativos.

También las personas en contexto de prostitución, trata, violencia machista o desigualdad han visto aumentadas su vulnerabilidad económica y social, siendo sus necesidades económicas y los riesgos a los que se enfrentan aún mayores. Para estos perfiles ya habitualmente invisibilizados, estigmatizados y ocultos, esta situación de crisis sanitaria y económica no hace más que ahondar en su ambiente de marginalidad. Desde toda nuestra red se ha acompañado y ayudado a mujeres que ejercían la prostitución en clubes, pisos y calle, tendiendo puentes para un trabajo posterior de protección, así como atención a mujeres víctimas de violencia.​



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