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Congreso de Laicos

El obispo de León anima a los asistentes al Congreso de Laicos

El obispo de León, Julián López Martín, ha escrito una carta pastoral en la que anima a sus diocesanos y a todos los participantes del Congreso de Laicos para potenciar el sentimiento de pertenencia «a esta única y gran familia» como miembros formados y comprometidos «en la misión de la Iglesia en cualquiera de sus funciones»

Queridos diocesanos:

En los días 14 al 16 de febrero va a tener lugar en Madrid el anunciado y esperado Congreso de Laicos bajo el significativo lema «Pueblo de Dios en salida». No es un hecho más de la vida de nuestras Iglesias locales (diócesis y parroquias) en España. Este tipo de asambleas, habitual en la sociedad moderna, no abunda precisamente en el ámbito eclesial, tanto diocesano como supradiocesano.

Se trata, en definitiva, de un encuentro que ha estado precedido por un tiempo de preparación en las diócesis y en los movimientos apostólicos y de otro tipo, dentro siempre del ámbito de los fieles cristianos laicos tanto a nivel de provincias eclesiásticas -entiéndase “regiones eclesiásticas”– como de asociaciones de fieles. Como se indicó en su momento, la preparación y el congreso mismo se enfocan por una muy interesante trilogía de principios y actitudes: sinodalidad, corresponsabilidad y comunión.

Las tres palabras parecen sinónimas, pero cada una tiene matices propios: La sinodalidad quiere decir que el Congreso se realiza en régimen de escucha y de trabajo en común, como sucede en los sínodos y en los concilios. Corresponsabilidad alude, en primer término, a las actitudes personales de los participantes, pero también a su conciencia como miembros formados y comprometidos en la misión de la Iglesia en cualquiera de sus funciones y tareas pastorales: catequesis, liturgia, acción social y caritativa, apostolado general, ámbitos específicos como el trabajo, la familia, la educación, etc. Y comunión, la palabra más bella puesto que se refiere no solo a la unidad y cercanía de pastores y fieles sino también a la presencia y acción del Espíritu Santo que convoca, inspira, mueve, etc.

A esta trilogía hay que añadir otra actitud que es previa en cierto modo, pero que puede y debe surgir en el ámbito mismo del Congreso mismo. Me refiero a la conversión pastoral y misionera, tanto a nivel personal como eclesial, como signo y exigencia de toda acción evangelizadora, atenta no solo al anuncio del Evangelio sino también al acompañamiento con alegría y perseverancia a todas las personas en sus anhelos, necesidades y esperanzas.

El Congreso ha estado precedido por  una adecuada preparación en las diócesis y, sin duda, en parroquias, movimientos, grupos de apostolado, colaboradores diocesanos o parroquiales, etc. Sumar estas aportaciones, como se ha dicho, va a ser vital tanto para el desarrollo del Congreso como para el ‘post-Congreso’, porque lo que no se trabaja antes o no se valora como propio, difícilmente se asume de manera cordial y resolutiva dentro de los ámbitos mencionados.

El objetivo del Congreso es impulsar la actuación de los fieles cristianos laicos en la Iglesia y en la sociedad, en clave plenamente evangelizadora y partiendo de la conciencia de la propia identidad laical en el conjunto de la vida y de la misión de la Iglesia. Atentos, por tanto, a las exigencias de la vocación bautismal y de la llamada a la santificación personal, pero respondiendo también a la dimensión propia del laicado de contribuir de manera responsable a la transformación del mundo. En definitiva, transmitiendo a todos un mensaje de fe y de serena alegría y esperanza ante los retos y desafíos que presenta la sociedad actual.

 

+Julián, Obispo de León

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