Revista Ecclesia » 22 de agosto: Abandono y seguimiento, por José-Román Flecha
Rincón Litúrgico

22 de agosto: Abandono y seguimiento, por José-Román Flecha

“Yo y mi casa serviremos al Señor”. Esa es la confesión de fe de Josué. Había sucedido a Moisés en la dirección del pueblo de Israel. Bien había demostrado su fidelidad a Dios y a su elegido durante el largo peregrinaje por el desierto. Ante la dispersión de las tribus, reunió a los dirigentes del pueblo allá en Siquén para interpelarles sobre su fe (Jos 24,1-18).

Los hebreos se sentían atraidos por las divinidades a las que adoraban los cananeos que habían encontrado en aquella tierra. Así que era el momento de decidir. Josué dio testimonio de su fe en el Dios que los había liberado de Egipto. Y los guías del pueblo le siguieron y emitieron una solemne promesa: “También nosotros serviremos al Señor”.

Como evocando aquella decisión, tambien a nosotros el salmo responsorial nos invita a reconocer la bondad del Señor: “Gustad y ved qué bueno es el Señor” (Sal 33)

Creer en Jesús

El discurso que Jesús pronunció en la sinagoga de Cafarnaún, tras la distribución de los panes y los peces, escandalizó a algunos de sus discípulos. No podían entender que el Maestro se ofrecía a sí mismo como alimento para alcanzar la vida eterna (Jn 6,60-69).

• En el texto, Jesús contrapone la acción del espíritu a las apetencias de la carne: “El espíritu es quien da vida, la carne no sirve de nada”. La carne refleja la vida alejada del Espiritu y, por tanto, alejada del bien, de la bondad y de la belleza. Así nos encontramos a veces, mientras vamos de camino. Pero las palabras de Jesús son espíritu y vida.

• El evangelista recoge a continuacion una importante revelación de Jesús: “Os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. El texto nos sugiere que ir hacia Jesús y creer en él se identifican. Además nos dice que nadie puede arrogarse esas decisiones. Acercarse a Jesús y creer en él son dones gratuitos de su Padre, que es también el nuestro.

• El texto evangélico anota que al escuchar a Jesús, algunos decidieron abandonarlo. Pero hemos de observar que no son los jefes de los judíos quienes se alejaron. Fueron sus propios discípulos los que dejaron de seguir al Maestro. Lo abandonaron aquellos a los que él había elegido, instruido en los misterios de su reino y alimentado con su pan.

Contar con Jesús

Ante el alejamiento de aquellos discípulos, Jesús parece desconcertado y pregunta a los doce apóstoles que aún le siguen: “¿También vosotros queréis marcharos?”. La respuesta de Simón Pedro refleja el sentir del grupo y anticipa la actitud de la Iglesia.

• “Señor, ¿a quién vamos a acudir?”. En nuestro tiempo, hay muchos cristianos que olvidan que solo Dios es Dios. No se dan cuenta de que solo en él podran encontrar ayuda y consuelo, perdón y refugio. ¿A quién podemos dirigir nuestras súplicas si no contamos con él?

• “Tú tienes palabras de vida eterna”. En estos días nos vemos obligados a escuchar demasiadas palabras frívolas y engañosas. Para el cristiano solo las palabras de Jesús son fuente de vida. ¿Quién nos escuchará si no le escuchamos a él?

• “Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”. En esta situación de confusión necesitamos despertar a Jesús que viaja en nuestra barca, como ha dicho el papa Francisco. ¿Cómo podremos encontrar la paz si no contamos con él?

– Señor Jesús, tú sabes que a veces nos sentimos solos y desamparados. La fe nos dice que tus palabras están llenas de sabiduría. Y que tú te entregas como el pan de la vida que puede mantenernos en el camino. No permitas que nos apartemos de ti. Amén.

José-Román Flecha Andrés



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