Santa Sede Última hora

2020: Fin de la era Trump (11/15)

El año que dejamos ha deparado grandes cambios geopolíticos. El primero, el Brexit, el abandono del Reino Unido de la Unión Europea el 1 de febrero, cuyas condiciones de salida se siguen negociando —de momento sin acuerdo— a la hora de redactar estas líneas. El segundo, el imposible plan de paz estadounidense para Oriente Medio, percibido por el pueblo palestino como un insulto. El apoyo incondicional de la Administración Trump al primer ministro israelí Netanyahu se ha materializado en decisiones tales como el traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén —lo que supone un reconocimiento implícito de la soberanía hebrea sobre la ciudad tres veces santa— y el respaldo a la proyectada anexión de los asentamientos judíos ilegales de Cisjordania. La Santa Sede y las Iglesias cristianas en Tierra Santa han recordado que cualquier solución pacífica al conflicto pasa por la existencia de un Estado Palestino y un estatuto internacional para Jerusalén como ciudad santa de las tres religiones monoteístas. La diplomacia estadounidense ha conseguido, no obstante, que varios países árabes más (Emiratos, Sudán, Marruecos…) hayan establecido relaciones con Israel.

El acontecimiento político del año, con todo, han sido las elecciones estadonidenses, que —se supone— han puesto fin a la «era Trump». Tras cuatro años en el poder, el populista mandatario deja un país fragmentado y dividido como nunca lo había estado antes. El asesinato del afroamericano George Floyd y las protestas multitudinarias del movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan) han sacado a la luz el racismo que aún impera en no pocas personas de aquella sociedad.

En 2020, décimo aniversario de las llamadas «primaveras árabes», han seguido las guerras que ya había, algunas casi olvidadas (Yemen, Siria) y se han desencadenado otras nuevas: Armenia y Azarbaiyán por Nagorno-Karabaj (resuelta de momento tras un duro acuerdo de paz para Armenia) y Etiopía, aquí interna, en la región de Tigray.

Este año ha sido también el del 75 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial —el conflicto más sangriento en la historia de la humanidad, con más de 50 millones de muertos— y de la liberación del campo de exterminio de Auschtwitz, donde fueron asesinadas 1,3 millones de personas. Auschwitz, culmen del horror y de la barbarie humana, es hoy memoria viva del mal, la alarma respecto de una ideología que se arrogó el poder de decidir quién era humano y quién no. No es extraño que lo hayan visitado los tres últimos Papas: Juan Pablo II en 1979, Benedicto XVI en 2006 y Francisco en 2016.

Regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

REGISTRARME