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2020: El Papa, solo, en la Plaza de San Pedro (9/15)

El octavo año de pontificado de Francisco, que comenzó en marzo, es, sin duda, el de la covid-19. Llegó el letal virus y el mundo cambió. Como una imagen vale más que mil palabras, la del Pontífice rezando el 27 de marzo, solo, bajo la lluvia, en la Plaza de San Pedro del Vaticano, ante el icono de María Salud del Pueblo Romano, patrona de Roma, y el Cristo milagroso de San Marcello al Corso, quedará para la historia. Es la imagen de un Papa afligido por el dolor y el sufrimiento de toda la humanidad, a la que invitaba a estar unida. Más de 1,6 millones de vidas y 16 millones de infectados ha causado la covid-19 hasta hace unos días, en que, además, se empieza a hablar de una mutación del virus que lo hace todavía más contagioso.

2020 será recordado como el año de los confinamientos y de las celebraciones eucarísticas telemáticas. Nunca como en esos meses tan dramáticos de pandemia —en los que ni siquiera se pudo despedir y enterrar dignamente a los difuntos— fueron tan necesarias y seguidas en época reciente las palabras de un Papa. Aforos al 30% o al 50%, primeras comuniones y confirmaciones aplazadas, Semanas Santas suspendidas… todo irreal, todo fantasmagórico: una vida eclesial supeditada al bien común de contribuir a erradicar un virus que se ha cobrado un alto precio en vidas de sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y obispos caídos haciendo el bien a sus hermanos. Está por hacer un recuento de todos ellos, como también una cuantificación del daño económico que esta anómala situación va a suponer para la vida de nuestras parroquias.

Y por si no era suficiente, en medio de toda esta espiral de muerte, la eutanasia. La Santa Sede la volvió a condenar en septiembre con la Samaritanus bonus, un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe que la califica de «crimen», pues con ella «el hombre elige causar directamente la muerte de un ser humano inocente». Otro dicasterio, la Congregación para la Educación Católica, lanzó en octubre el Pacto Educactivo Global, acuerdo que busca hacer de la educación un instrumento generador de fraternidad, paz y justicia en todo el planeta.

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