Revista Ecclesia » 2.200 millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable
Foto de Maggie Andresen for Catholic Relief Services
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2.200 millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable

Y cerca de 4.400 millones no disponen de saneamientos adecuados.

El agua es un recurso fundamental para la vida. Sin ella no solamente no se pueden regar los cultivos o garantizar un mínimo de higiene sino que no se puede sustentar la propia existencia más allá de unos pocos días. Una de cada tres personas no dispone de acceso a agua potable. Esta lacerante situación debe llevarnos a un profundo cambio de mentalidad para disponer de mejor manera de los escasos recursos hídricos disponibles.

El pasado 22 de marzo, Día Mundial del Agua, pudimos conocer la ingente labor de Manos Unidas para facilitar el acceso a este líquido vital a más de 600.000 personas. En esta ocasión conocemos más detalles a propósito de los proyectos que Cáritas está llevando a cabo para paliar la sed del mundo.

Promover el agua limpia y la higiene en los centros de salud católicos

George Wambugu, experto en esta temática y miembro del equipo de emergencias de una de las organizaciones que colabora con Caritas de Inglaterra y Gales —hablamos de CAFOD— reflexiona sobre las razones por las que el acceso al agua y saneamientos debe ser prioritario para los más pobres, los enfermos y los vulnerables.

A falta de una fuente de agua segura, las comunidades pueden tener que depender de agua contaminada. Los habitantes de las zonas con escasez de este recurso deben caminar  veces hasta más de 5 km,  siendo mucha más la distancia en zonas de sequía. Una vez más, las mujeres y las niñas son las más afectadas, ya que son las que suelen ocuparse de esta tarea, exponiéndose a los peligros de los caminos.

La falta de infraestructuras hace que el hombre se convierta, al hacer sus necesidades fisiológicas a la intemperie, en otro elemento más de contaminación ambiental. Al no haber una canalización de este tipo de residuos, tal y como nos cuentan desde Cáritas Internacional, muchas veces acaban vertiéndose en las propias fuentes de agua o filtrándose a los manantiales y zonas acuíferas, afectando al resto de la población y a los animales.

La falta de agua potable y de letrinas adecuadas aumenta la incidencia de enfermedades diarreicas y en los niños tiene un impacto sanitario aún mayor. Se calcula que medio millón de personas mueren cada año en el mundo por beber agua sucia.

Un trabajo de todos

Las organizaciones miembro (OM) de Caritas de numerosas zonas del mundo trabajan con las comunidades para identificar y desarrollar fuentes hídricas adecuadas, para uso doméstico y sistemas básicos de riego. Entre ellas se encuentran los pozos protegidos excavados manualmente, los pozos de perforación, el sellado de manantiales y los programas básicos de abastecimiento hídrico, en zonas rurales.

El acceso a agua potable y saneamientos es especialmente importante en las instalaciones para la asistencia sanitaria. La Iglesia católica es la mayor institución civil que presta asistencia sanitaria en el mundo. Construye y gestiona instalaciones sanitarias y está presente —a través de Caritas y otros organismos religiosos— y presta atención médica en algunos de los contextos más pobres y difíciles del mundo, como en zonas de guerra, de pobreza, ante catástrofes naturales y en ausencia de acceso a servicios básicos, como agua limpia e higiene.

Debido a las limitaciones de la financiación, muchos de los centros sanitarios no disponen de servicios adecuados de abastecimiento de agua, saneamientos e higiene. En muchos casos, el agua se obtiene de las escasas fuentes hídricas de la comunidad, a utilizar en los centros de salud.

En este contexto, la pandemia no ha venido a aliviar la situación. Muchos lugares que carecen de agua corriente y limpia se las tienen que ver a la hora de enfrentar la covid-19.



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