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14 años de los Heraldos del Evangelio, Misa en Catedral de Toledo, homilía de monseñor Ángel Rubio

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14 años de los Heraldos del Evangelio, Misa en Catedral de Toledo, homilía de monseñor Ángel Rubio

Homilía del Excmo. y Rvdmo. Sr. Don Ángel Rubio Castro, Obispo emérito de Segovia, en la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, hoy domingo 22 de febrero, en la Misa de Acción de Gracias por el XIV Aniversario de la Aprobación Pontificia de los Heraldos del Evangelio.

“Convertíos y creed en el Evangelio”, acabamos de escuchar al final de la proclamación del Santo Evangelio: Una frase tan sencilla que sin embargo, constituye por sí sola un programa de vida: “convertíos y creed en el Evangelio”. He aquí la solución a los grandes problemas y a las innumerables crisis del mundo contemporáneo al inicio de este tercer milenio de la Era Cristiana. Convertíos y creed la Buena Nueva: el Evangelio.

Agradezco de corazón al Señor Arzobispo de Toledo D. Braulio, el poder presidir la Eucaristía en el primer domingo de Cuaresma en esta –para mí tan querida- Santa Iglesia Catedral Primada, llena de recuerdos y de vivencias personales.

Mi saludo extensivo al Deán y al Cabildo de la Santa Iglesia Catedral Primada, a los sacerdotes concelebrantes y a todos los que siguen esta retrasmisión en directo por el Canal Diocesano de Televisión, por 13 TV y Radio Santa María de Toledo.

Las lecturas de hoy nos llevan a reflexionar sobre la dinámica del pecado, del perdón, y de la misericordia. En el Evangelio no se relatan las tentaciones con detalle, pero bien las conocemos.

Jesús conocía mejor que nadie los peligros que atravesamos en nuestra existencia y con el ejemplo de su propia vida quiso advertirnos al respecto. A fin de que nadie, por virtuoso que sea se tenga por seguro e inmune. El, se dispuso a ser nuestro ejemplo para enseñarnos el modo de vencer las tentaciones del diablo. Y venciendo esas tentaciones, convirtiéndonos y creyendo la Buena Noticia que es su Evangelio, ayudar a nuestros hermanos los hombres.

Las tentaciones nos obtienen, sobre todo, méritos para la eternidad. Luego, ser tentados no es un desastre, al contrario, puede ser incluso una buena señal. Ante la tentación, debemos creer en la fuerza de Jesucristo y no en las nuestras. Y de ahí la necesidad de acercarnos a los Sacramentos, alejarnos de las ocasiones de pecado y de orar sin desfallecer. Para vencer todas las tentaciones es indispensable contar con la gracia divina que debemos pedir con insistencia. Nuestro progreso espiritual se relaciona precisamente a través de la tentación. En EL, todos fuimos tentados y en EL, todos vencimos al maligno..

Vivamos, queridos hermanos, esta nueva Cuaresma 2015 de nuestras vidas que hemos iniciado el miércoles pasado con la imposición de la Ceniza, creyendo la Buena Noticia. Vivamos una Cuaresma cristocéntrica, ya que el Señor es el centro de toda la Cuaresma. Vivámosla con una nota contemplativa para poder escuchar la voz de Dios. Una Cuaresma que sea pascual, pues Cuaresma es caminar hacia la pascua; una cuaresma eclesial, vivida“en Iglesia” para sentirnos “más Iglesia”.Vivamos una Cuaresma sacramental redescubriendo el Bautismo, viviendo la Confesión –que como enseña el Papa Francisco no puede ser algo mecánico- y celebrando la Eucaristía conscientemente desde la fe y el amor. Vivamos una Cuaresma viva y actual. Viva, con el realismo de nuestros sufrimientos diarios, y enriquecida con la pobreza de Cristo, compartiendo la suerte del Amado. Una Cuaresma que sea samaritana, procurando ser fermento de unidad en la fraternidad; una Cuaresma que sea evangelizadora pues si creemos la Buena Nueva, la debemos llevar con alegría a los demás, a los alejados, a muchos que esperan de nuestra conversión y de nuestro apostolado, el pan de la palabra y del ejemplo, que sacie su hambre y sed del cuerpo y del alma.

Hoy además nos unimos a la alegría de estos hermanos nuestros, los Heraldos del Evangelio, que tienen presencia activa también en la querida archidiócesis de Toledo, y que hoy conmemoran sus 14 años de aprobación pontificia por parte de San Juan Pablo II. Un teólogo prestigioso del siglo pasado, Hans Urs von Balthasar, afirmó que: “las sorpresas y regalos del Espíritu a la Iglesia consistirán sobre todo en la manifestación de aquella verdad que para una época –e igualmente, para una época de la Iglesia- tenga importancia básica. El Espíritu da la palabra clave y la solución a las preguntas candentes de la época… siempre bajo la figura de una nueva misión concreta, sobrenatural, con la producción de un santo que haga vivir para una época el mensaje del Cielo, la interpretación correspondiente del Evangelio, el acceso concedido a esa época para entrar a la verdad de Cristo, propia de toda época…”. Vuestro carisma, queridos Heraldos del Evangelio, es pues, un regalo para la Iglesia. Ya lo dijo el recordado Papa Benedicto XVI que erais: “llenos de entusiasmo”, habiendo “reconocido a Cristo como Hijo de Dios” y “llevándolo al mundo entero”. Muchas son vuestras actividades de evangelización. Y loables. Pero quiero referirme a una específicamente que pude constatar personalmente años atrás: las Misiones Marianas, con las que llegáis a los sitios más remotos, llevando la alegría del Evangelio, a través de la devoción a la Virgen Santísima, nuestra Señora. Visitáis parroquias, familias, colegios, hospitales, comercios. Y hacéis el bien. Viene a mi memoria lo que enseña el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium: “qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra”(EG 106). Y esa entrega generosa, -que se desdobla también en la cantidad de misioneros españoles Heraldos del Evangelio que habéis enviado a las Américas-, os lo es premiada por la Providencia con numerosas vocaciones, porque como también enseña Francisco en la citada Evangelii Gaudium: “donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas”(EG 107). Por todo eso, y por vosotros, con vosotros y con vuestro Fundador Mons. Joao Clá, hoy damos gracias al Señor.

Que María Santísima nos ayude a ser como Ella y a celebrar la Santa Cuaresma, provocando en nosotros y en nuestros hermanos, una experiencia de profunda conversión y de profunda y seria alegría. Hemos de ser la comunidad de la alegría, el pueblo de las Bienaventuranzas, porque creemos en Jesús y conocemos su presencia en medio de nuestras debilidades. Y sabemos que EL padeció, sufrió y murió por nosotros, pero resucitó y venció a la muerte. Entremos en el desierto cuaresmal, sabiendo que como enseña San Agustín, nadie se conoce a si mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni vencer si no ha combatido, ni combatir si no conoce de enemigo y de tentaciones. Entremos con esta Celebración de la Eucaristía, que nos servirá para sofocar la fuerza del pecado y pasar un día a la Pascua que no se acaba. Amén”.

Toledo, 22 de febrero de 2015

 

 

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