Blog del director Los Santos

Madre Teresa de Calcuta, santa: un lápiz en las manos de Dios

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Madre Teresa de Calcuta, santa: un lápiz en las manos de Dios

Ante su canonización, para el 4 de septiembre,  y al hilo de la película “Teresa de Calcuta”, su  vida, su testimonio y su “noche oscura” la engrandece aún más e ilumina la nuestra

Los cines españoles nos regalaban hace unos años una de esas películas que bien merecen la pena y que llena el alma de la mejor de las músicas y de los regustos. Es una película hermosa, entrañable, interpeladora y verdadera. Narra la historia de una vida de película. Narra la historia de un gran amor y su llegada a España ha coincidido -maravillosa casualidad, que para los creyentes es providencia- con la publicación de la encíclica del Papa Benedicto XVI “Deus caritas est” (“Dios es amor”). Y es que pocas imágenes, pocos iconos, pocos ejemplos más luminosos y significativos para hablar del amor que el de Madre Teresa de Calcuta, la protagonista de esta película que ahora comentamos.

Una historia de amor     

Narra esta película la historia de un gran amor porque no cabe duda de que fue el amor la clave de su vida, de la vida de la protagonista del filme en cuestión. Fue el amor de Dios el que llenó toda su humanidad. Y fue su respuesta de amor la que el filme se transmite espléndidamente. Nada hay más importante y más decisivo que el amor. Que el amor verdadero, generoso, desinteresado, entregado, ofrendado, inmolado, servido.

La película es la historia de un amor amasado en la escucha de la llamada y en la escucha del gemido de los pobres. Es la historia de un amor horneado en la Eucaristía y en la oración; cocido en el fuego lento de la austeridad y de la pobreza; sazonado en el seguimiento radical de Jesucristo crucificado; madurado en la reciedumbre y la autenticidad de su servicio. Es la historia de un amor repartido -como pan reciente, tierno, crujiente, saciador e inolvidable- en la mesa de los pobres, de los parias, de los enfermos y de los moribundos como el pan del amor y de la esperanza. La película de la que hablo es la historia de un amor y la historia de una santa porque, como dice Benedicto XVI en su encíclica XVI, nadie como los santos han sabido tanto de amor y nadie como ellos han servido a los pobres y necesitados.

La película de la que hablo es la historia del amor, amor encarnado, de una mujer débil, frágil, enjuta, pobre y arrugada. Es la historia del amor una mujer que escribió también algunos libros, de los cuales dos de ellos forman parte de mi Biblioteca del alma y cuyos solos títulos muestran y definen ya quién fue esta cristiana excepcional: “Tú -por Dios- me das el amor” y “La alegría de darse a los demás”. Esta historia de este amor es la síntesis y el compendio de los mandamientos y del Evangelio. Y esta historia de un amor es la historia, sí, de la Beata Teresa de Calcuta, de la Madre de los pobres, de la santa del pueblo, que ahora se acerca a nosotros en una película sobre una vida de película, en una película que quizás no recibirá premios, pero sí siembra en el alma el deseo de premiar y regalar a los demás con el mejor de los premios y de los regalos: el amor.

Cincuenta años para la eternidad

El filme arranca el 10 de septiembre de 1946. La hermana Teresa -Agnese Gontxa era su nombre de pila y había nacido en Albania en 1909- es la directora en Calcuta de un Colegio de las Hermanas de Loreto, fundadas en el siglo XVI por María Ward. La hermana Teresa, que vivía y servía en Calcuta desde 1928 está experimentando en su corazón “una llamada dentro de la llamada” en favor de los más pobres y necesitados. Emprende un viaje desde Calcuta a Darjeeling para realizar unos días de retiro espiritual. En la estación de Calcuta, bien repleta y abigarrada de humanidad, se encuentra con un moribundo tirando junto al andén. Nadie le hace caso y el corazón de Teresa estalla en dolor y en solidaridad. La llamada dentro de la llamada le urge a servir a los últimos, a los más pobres de entre los pobres. Siente la necesidad de hacer algo nuevo, distinto, de ser un lápiz en las manos de Dios para que El escriba lo que quiera y como quiera y de servir a “las víctimas del amor”, del desamor para irradiar en sus almas el verdadero y gratuito amor.

Durante años es preciso discernir esta llamada con sus superioras, con el arzobispo local, con un enviado de la Santa Sede. Contra todo pronóstico, la Santa Sede autoriza a Teresa a vivir y servir desde su consagración religiosa en las calles y en los suburbios y a fundar una nueva congregación religiosa, a la que añadirá un cuarto voto de consagración, servicio y vida entre y con los pobres más pobres. Misioneras de la Caridad será su nombre. La sombra de un árbol servirá de la primera escuela y taller de Teresa, “la monja de los suburbios”. Pronto se le sumaron antiguas alumnas suyas. El 17 de agosto de 1948 ella y sus primeras hermanas pueden ya vestir el sari blanco orlado de azul en honor de la Virgen

Su obra, es escritura -la obra y la escritura del Dios del Amor- empezará a caminar, no sin dificultades de todo tipo. Los niños, los enfermos y los moribundos serán el objeto preferente del servicio de amor de las Misioneras de la Caridad porque Teresa sabía que cada vez que tocaba sus rostros famélico, herido o macilento, era a Jesucristo a quien tocaba, porque cada vez que servían a uno de estos los más pobres Teresa y sus hermanos, era a Jesús quien a quien servían y amaban.

Teresa será desde entonces un lápiz en las manos de Dios y no es posible frenar ni parar el lápiz de Dios. El grano de mostaza se convertirá en un gran árbol; la fama de Madre Teresa llega a todos los confines; en 1979 le conceden el premio Nobel de la Paz; los Papas se desviven por atenderla y escucharle, y ella, en el corazón de la cristiandad, en Roma, descubrirá la otra y letal pobreza de occidente: la soledad y la ausencia del amor y allí también acudirá solícita. Su fortaleza está en Dios, en su vida interior, en su docilidad a la voluntad del Señor.

El 5 de septiembre de 1997, a los 87 años de edad, en Calcuta fallece en clamor de multitudes y en amor de santidad. El 19 de octubre de 2003 es solemnemente beatificado y su canonización es muy próxima. Como acontece con los santos, su muerte no es el final de su vida sino el comienzo y según pasan los años se agiganta su figura y se legada. Como el solo que cuanto más se aleja de la tierra, más y mejor calienta.

Ficha técnica

“Teresa de Calcuta”, título en España de esta coproducción británica, italiana y española, se rodó y montó en 2003. Su destino inicial era una serial de televisión para la RAI, que la emitió en dos entregas de hora y media cada una de ellas en “prime time” con una audiencia, en cada uno de los días de su emisión, de más de diez millones de telespectadores. Ahora, la distribuidora española “Boca a Boca” la presenta en versión cinematográfica de 110 minutos de duración.

El director del filme es el italiano Fabrizio Costa. El papel de Madre Teresa lo encarna magistralmente la actriz británico-argentina Olivia Hussey, que hizo de María de Nazaret en “Jesús de Nazaret” y de Julieta en “Romero y Julieta”, ambas de Franco Zefirelli, en los años setenta del siglo pasado. Otros primeros actores del filme son la española Ingrid Rubio y la italiana Laura Morante. La película fue rodada en Sri Lanka y cuenta con numerosísimos extras, en una cuidada puesta en escena y magnífica producción de Lucca Bernabei. También es muy hermosa la música.

Dios es amor y lo encontramos apodíctico, fehaciente y fecundo en vidas y en testimonios como el de Madre Teresa de Calcuta. Por esta razón, por la calidad del filme, por la belleza de su textura cinematográfica y por tantas otras razones, “Teresa de Calcuta” es una de las películas que bien merecen la pena y que han de formar parte de la filmografía del alma de los creyentes y de las personas de buena voluntad.

Jesús de las Heras Muela – Director de Ecclesia

 

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