De izquierda a derecha: Lucy, Lolo, y Rafael Higueras.
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100 años del Chesterton español en silla de ruedas

«No sería exagerado decir que es un Chesterton» Son palabras de Rafael Higueras, postulador de la causa de canonización del beato Lolo, cuya memoria se celebra hoy y de cuyo nacimiento cumple su centenario este 2020. Higueras cuenta esta comparación entre los dos periodistas católicos a colación de cuando entregó 300 cartas a san Juan Pablo II para pedir acelerar el proceso (entonces de beatificación). «Probablemente, encontramos más cuidado literario a partir de su ceguera. El afán que tenía de leer, le hizo escribir lo que ya no podía leer», añade Higueras.

La diferencia, quizá está en que los primeros pasos para buscar la beatificación del periodista inglés acabaron con la decisión de no abrir la causa (lo que no significa que se dejara de reconocer su excelente pluma ni su defensa del catolicismo en la Inglaterra del s.XIX y XX). Uno de los motivos que se adujeron desde la diócesis fue que no se pudo encontrar un patrón de espiritualidad.

En cambio, en el caso del beato Lolo, su espiritualidad es clara y rica. Pedro Cámara, sacerdote ya fallecido de la diócesis de Jaén, publicó un libro titulado, precisamente Semblanza espiritual del siervo de Dios, Manuel Lozano Garrido. En 155 páginas, recogía lo principal de la espiritualidad de Lolo. De toda ella, que es muy amplia, Higueras va rescatando algunos elementos.

Alegre

«Alegría. Lolo era muy alegre. No se reía de nadie pero tenía guasa de todas, las cosas, era la sonrisa permanente», señala el postulador. Lo dice de primera mano, pues el 11 de diciembre de 1964, con el Concilio Vaticano II sin terminar, Higueras llegó a Linares encargado de la juventud de Acción Católica. Aquello le llevaría a conocer a Lolo y buscar excusas para compartir todos los ratos que pudiera con él. «El instituto estaba enfrente de casa de Lolo — recuerda Higueras— y cuando yo tenía una hora libre de guardia, si había un curso en el que faltaba un profesor, me llevaba el curso entero. Y ahí los metía en su casa, a 20 ó 30 zagales para que aprendieran de la vida. Había que ver a Lolo dándoles, no un sermón, porque era muy dialogante, sino ponerse a hablar».

Y vivía esa alegría a pesar de tener el dolor como compañero inseparable de camino. Tenía que dormir con más de 30 cojines y los momentos más duros eran levantarse y acostarse. Algo para lo que le ayudaba su hermana Lucy («a la que no sé si también habría que canonizar», apunta Higueras). «Cuando me acuesto y me levanto, es como si tuviera un alfilerito en cada poro», le respondió a una sobrina que le preguntó si le dolía.

Mariano

Lolo tenía una gran devoción a la Virgen, y en 1958 peregrinó a Lourdes. Todavía veía, pero atado a la silla de ruedas por una espondilitis, no podía alzar la vista. Así que, para ver a la Virgen, le pusieron un espejo en las rodillas que, cuando su hermana lo quitó, estaba lleno de lágrimas. «Él decía que no iba allí pidiendo un milagro a la Virgen, que sabía que estaba dispuesto a lo que Dios le pidiera. Pero cuando iban dando la bendición con el Santísimo, se la dieron delante de él lo que, para Lolo, fue todo un milagro.

Eucarístico

«Hay una anécdota que no sé si es la que más me conmueve —recuerda Higueras—, cuando le regalaron una máquina de escribir y tuvo que desecharla porque el arco del brazo no llegaba a una tecla y otra, y no podía sostener el peso de la máquina en sus rodillas». Pues Pedro Cámara consiguió el permiso para celebrar la misa en su casa, algo poco común en la época. Y así lo cuenta Rafael Higueras: «Pidió que le pusiearan la máquina debajo de la mesa para que las raíces de la Cruz se metieran en la máquina y fuera para gloria de Dios todo o que escribiera».

Pero antes incluso de caer enfermo, durante la Guerra Civil, las hermanas de Lolo bordaron un corporal con el que envolvieron una de aquellas cajas de juanolas de chapa, y así llevar la comunión de manera clandestina. Una cajita que aún conserva el postulador de la causa.

Y mucho más

Estos son solo algunos aspectos. Podríamos destacar más, como su radical opción laical, que siempre asentó. O cómo realizó un decálogo y una oración para los periodistas.

Quizá, Lolo no fue el Chesterton español, sino que sería igual de justo para la historia decir que Chesterton fue el Lolo inglés.

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