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Rincón Litúrgico

10 de mayo: María, la creyente, por Ángel Moreno de Buenafuente

10 de mayo: María, la creyente, por Ángel Moreno de Buenafuente

«¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1, 45)

Cuentan, Señora, que uno de los momentos más duros y difíciles que vivió tu Hijo en relación con sus discípulos, fue precisamente en Cafarnaúm, cuando a muchos les parecieron sus palabras insufribles, y se marcharon. En esas circunstancias, Él miró a los suyos con dolor, y les preguntó: “¿También vosotros queréis marcharos?”.

El seguimiento de Jesús no se puede hacer por deseos egoístas, como Él denunció a los que le seguían: “Me buscáis por el pan que habéis comido”. Cuando esto sucede, más pronto o más tarde, se pierde la razón de ir detrás del Señor. Solo por fe cabe hacerse seguidor de quien va a padecer la Cruz, como bien lo señalan los evangelios al situar el pasaje del ciego de Jericó un momento antes de la última subida de tu Hijo a Jerusalén, para dar la vida por amor a todos.

Tú, Señora, fuiste llamada por tu prima Isabel: “Dichosa, por haber creído”; sin duda que fue por tu fe por lo que supiste escuchar, guardar y meditar las palabras que oías a tu Hijo, y sobre todo, permanecer de pie junto a la Cruz, en vez de derrumbarte y de quedarte encerrada.

Hoy los sacerdotes celebramos de manera especial a nuestro patrono, San Juan de Ávila. Dicen que en una ocasión, observando el santo en Montilla a un sacerdote que celebraba la Eucaristía sin mucha consideración, se atrevió a amonestarle, diciéndole: “Trátale bien, que es Hijo de buena madre”.

La fe es lo que nos permite atravesar el velo de la materia, la literalidad de las palabras, la tiranía de los conceptos, la superación de la prueba, la fidelidad en el combate, y reconocer en tu Hijo al Hijo de Dios, y en el Pan Santo, su presencia real, y en el Crucificado, al Resucitado. Con los discípulos y como ellos, deseamos responderle a Jesús, gracias al don de la fe: “Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

María, mujer creyente, intercede por nosotros, para que nunca abandonemos a tu Hijo, siempre creamos en Él como en nuestro Señor, al igual que lo confiesan los apóstoles en los días de Pascua.



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