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Rincón Litúrgico

Solemnidad del Corpus Christi

Solemnidad del Corpus Christi, por fray José Borja

El pasado domingo celebrábamos la Solemnidad de la Santísima Trinidad.


Una fiesta que todos los que somos Bautizados en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, formamos parte y tenemos que celebrar. Todos somos Trinitarios desde el nacimiento e incorporación a la Iglesia. Dios se revela en Jesús y el Espíritu es la fuerza de amor de los tres. Por eso, no hay que esforzarnos por entender lo que nuestra a mente se le escapa. Podemos ver y experimentar que la Trinidad es fuente de AMOR, y no un amor como nosotros podemos entender, sino que es verdadero y debemos ser reflejo en nuestro mundo de esa unidad entrelazada en el amor.

Este domingo, celebramos otras de las Solemnidades más conocidas y queridas por los cristianos: El Cuerpo y Sangre del Señor (Corpus Christi), día de la Caridad.
En muchas de nuestras ciudades y pueblos tendremos ocasión de acompañar a Jesús Sacramentado por las calles adornadas y cantando. Esta manifestación pública de fe en Cristo Eucaristía, nos debe ayudar a que no nos quedemos en el simple hecho de salir a la calle para ver o participar de la procesión, que está bien, sino que debe movernos a algo más.

Procesionar, acompañar y rezar a Jesús Sacramentado es participar con Él de su vida.
La caridad debe ser nuestra vestimenta para con los más necesitados. Celebrar el Corpus, es comprometerse a ser Hostia viva en medio de mundo, ser custodia para elevar a tantos hermanos que son rechazado por nuestra sociedad y darle una dignidad.
Si el día del Corpus no nos lleva a examinar nuestra caridad, nuestro ser Hostia viva y a limpiar nuestra custodia para elevar a los más necesitados, desgraciadamente, acompañar a Jesús por las calles no tendrá sentido.

En la Primera Lectura del Libro del Deuteronomio, nos recuerda que no se puede vivir en plenitud si se da la espalda a Dios. Por eso, nos lleva al desierto, porque allí nos ayuda a vivir nuestro presente con intensidad. A veces nos pasa como a ese pueblo que nos distraen tantas cosas, que es imposible, o no queremos sacar un tiempo para acercarnos a Dios. Pero pasar por el desierto como lo hizo Israel, es pararse y recomenzar a discernir lo que verdaderamente alimenta y nos sacia, lo que es importante de verdad.
Y eso lo encontraremos cuando Dios sea nuestro centro.

En la Segunda Lectura de Pablo a los Corintios, el mensaje central es la Eucaristía. Pablo nos exhorta a que si bebemos del cáliz y participamos del pan que partimos, nos lleva a una unidad en la diversidad, unidad a pesar de la distancia y kilómetros que no separe.
Cristo es uno. Se parte y se reparte totalmente en la unidad de un mismo pan y de un mismo cáliz que es un solo cuerpo y una sola sangre de nuestro Señor Jesucristo.
Celebrar la Eucaristía, por tanto, es participar con Cristo en la única entrega y ser unidad y unión de vida. Todos somos invitados a participar de ella, todos formamos partes y todos somos dichosos por haber sido llamados al gran banquete de unidad.

En el Evangelio de Juan, Jesús nos dice tajantemente que es Pan Vivo bajado del cielo, y al comerlo, nos hace partícipe de la vida eterna. En las primeras comunidades cristianas, cuando ya empiezan a vivir la experiencia del Resucitado, sus vidas son transformadas y comienzan a vivir el estilo de Jesús. Amar a todos como quieres que te amen a ti, es la primera norma para ser discípulo de Cristo Resucitado. Todo eso se podrá vivir gracias a que somos llamados a ser comunidad para mantener la llama viva de Jesús; Jesús entrega su cuerpo y su sangre para que seamos alimentado en este camino de la vida nueva.
Hoy, deberíamos preguntarnos, ¿quién es Jesús para nosotros?

Que la Virgen María nos ayude a vivir esta solemnidad del Corpus con devoción a Jesús Sacramentado y desde ahí, podamos ser alimento para los más necesitados de nuestra sociedad.
Que así sea.

Fray José Borja.

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Fray José Borja

Nací en Málaga en 1990.
Pertenezco a la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos desde septiembre del 2013.
Soy Profeso Simple desde el 5 de septiembre del 2015, y estudio en la Facultad de Teología de Granada.
Sentí la llamada del Señor desde muy pequeño y estuve en las convivencias del seminario menor.
Me he criado en un ambiente familiar cristiano, estudié en el colegio de los PP. Agustinos y en el instituto de las HH. Trinitarias.
Participé en una Parroquia de Málaga durante 13 años donde desempeñé diferentes servicios como monaguillo, catequista, ministro extraordinario de la comunión y un largo etcétera.
Colaboro con la revista Ecclesia desde enero del 2016.

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