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Santa Teresa y la Samaritana, por Fidel García Martínez

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Santa Teresa y la Samaritana, por Fidel García Martínez

En este tercer domingo de Cuaresma la liturgia nos presenta un texto del Evangelio de San Juan realmente admirable: el encuentro de Jesucristo con la mujer Samaritana en la ciudad de Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José.

Allí estaba el poszo de Jacob, junto al cual descansó Jesús, fatigado del camino. Era la hora Sexta cuando más calienta el sol, Una de las notas más específicas del Evangelio de San Juan es especificar la hora de los encuentros con las personas. La dosis de realismo del Evangelio de San Juan no empañan el simbolismo del su evangelio. Los estudiosos de este cuarto evangelio no están de acuerdo en cómo interpretar este encuentro de Jesús con la mujer samaritana, pero hay una evidencia incuestionable: es uno de los muchos ejemplos del trato exquisito, delicado de Jesús hacia la mujer, son ellas las que más le aman y con más fervor lo siguen. Este encuentro con la samaritana hacía las delicias de San Teresa, que siempre admiraba y agradecía la delicadeza con la que Jesús trataba a lo mujer, enfrentándose por defenderlos contra los prejuicios y condenas de los fariseos. Los temas de este evangelio son muy ricos: el agua, el culto a Dios en espíritu y verdad, el Mesías (…) Estos temas son expuestos de forma dialogada. Jesús se deja interpelar por la mujer y el mismo la interpela, porque busca sobre todo darle no el agua física y material que ella desea para no tener que ir al pozo de Jacob a sacar el agua, sino darle el agua de la salvación. Por eso después de que Jesús le descubre su pasado como mujer de varios maridos, deja el cántaro y se marcha corriendo a proclamar ante sus conciudadanos como aquel misterioso personaje la iluminado todo su pasado, por lo que sus convecinos piensan que Jesús es el Mesías.

Santa Teresa nos ha dejado una interpretación muy personal de este episodio, alejada de los dimes y diretes de los estudiosos crítico-históricos muchos de los escuelas no sólo no están de acuerdo sino que se contradicen. En el libro de la Vida, 30,19. “ ¡ Oh, qué de veces me acuerdo del agua viva que dijo el Señor a la Samaritana, y así soy yo muy aficionada a aquel Evangelio; y es así, cierto, que sin entender como ahora este bien, desde muy niña lo era y suplicaba muchas veces al Señor me diese aquella agua, y la tenía dibujada adonde estaba siempre, con este letrero, cuando el Señor llegó al pozo, Domine, da mihi aquam..

En las Moradas Sextas, cap.11 escribe: Mas vese como una persona colgada que no asiente en cosa de la tierra, ni al cielo puede subir: abrasada con esta sed, y no puede llegar al agua; y no sed que pueda sufrir, sino ya en tal término, que con ninguna de le quitaría, si no es con la que dijo nuestro Señor a la Samaritana”.

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Fidel García Martínez

Catedrático Lengua Literatura, Doctor Filología Románica, Licenciado en Ciencias Eclesiásticas . Tesis Doctoral sobre San Juan de la Cruz (Prosa Retórica) Tesis de Licenciatura (Santa Teresa) Premio investigación "María Zambrano (MEC) Colaborador prensa de Asturias y en otros diarios nacionales digitales. Revista brasileña (Hispanista) Participante en los Cursos de Verano de La Granda (Avilés)
Secretario Ateneo Jovellanos de Gijón. Ex-Concejal de Ayuntamiento de Avilés

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