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Internacional Papa Francisco

Papa Francisco en videomensaje a Brasil por los 300 años de la Virgen Aparecida

Papa Francisco en videomensaje a Brasil por los 300 años de la Virgen Aparecida: Que el amor sea más fuerte que las tinieblas

La Virgen Aparecida, Patrona de Brasil, cumple este 12 de octubre 300 años y por ello el Papa Francisco envió un videomensaje en el que desea que el amor prevalezca frente a las tinieblas del egoísmo y la corrupción en el país.

Texto y audio del vídeo mensaje del Papa Francisco  

Querido pueblo brasileño,

queridos devotos de Nuestra Señora de Aparecida, patrona del Brasil,

mi saludo y mi bendición especial a todos ustedes que están viviendo en Cristo Jesús el Año Mariano del Jubileo por los 300 años del hallazgo de la imagen de la Virgen Madre de Aparecida en las aguas del río Paraíba do Sul.

En el año 2013, con ocasión de mi primer viaje apostólico internacional, he  tenido la alegría y la gracia de dirigirme al santuario de  Aparecida y de rezar a los pies de la Virgen, por mi pontificado y recordando al pueblo brasileño por la acogida tan calurosa que viene de su abrazo y de su corazón generoso.  En aquella ocasión también manifesté mi deseo de estar con ustedes en este año jubilar, pero la vida de un Papa no es simple. Por esto, he querido nombrar al Cardenal Giovanni Battista Re como Delegado Pontificio para las celebraciones del 12 de octubre. ¡A él he confiado la misión de garantizar así la presencia del Papa entre ustedes!

Si bien no estando presente físicamente, deseo, a través de la Red Aparecida de Comunicación, manifestar mi afecto por este amado pueblo, devoto de la Madre de Jesús. Lo que aquí dejo son sencillas palabras, pero deseo que las reciban como un abrazo fraterno en este momento de fiesta.

En Aparecida – y repito aquí las palabras que he pronunciado en 2013 sobre el altar del Santuario Nacional – aprendamos a conservar la esperanza, a dejarnos sorprender por Dios y a vivir en la alegría. La esperanza, querido pueblo brasileño, es la virtud que debe permear los corazones de aquellos que creen,  sobre todo cuando las situaciones de desesperación a nuestro alrededor parecen querernos desalentar. No se dejen vencer  por el desaliento, ¡no se dejen vencer por el desaliento! Tengan confianza en Dios, tengan confianza en la intercesión de Nuestra Madre de Aparecida. En el santuario de Aparecida y en todo corazón devoto de María podemos tocar la esperanza que se concreta en la experiencia de la espiritualidad, en la generosidad, en la solidaridad, en la perseverancia, en la fraternidad, en la alegría, valores estos que, a su vez, hunden sus raíces más profundas en la fe cristiana.

En el año 1717, en el momento mismo en la que emergió de las aguas a manos de aquellos pescadores, la Virgen Madre de Aparecida los inspiró a tener confianza en Dios, que nos sorprende siempre. Peces en abundancia, gracia difundida de manera concreta en la vida de aquellos que eran temerosos ante los poderes constituidos. Dios los sorprendió, porque Aquel que nos ha creado en el Amor infinito, nos sorprende siempre. ¡Dios nos sorprende sempre!

En este Jubileo en el que festejamos los 300 años de aquella sorpresa de Dios, estamos invitados a estar alegres y agradecidos. «Alegrénse en el Señor, siempre» (Fil 4,4). Y que esta alegría, que emana de sus corazones, pueda desbordar y alcanzar cada ángulo del Brasil, sobre todo las periferias geográficas, sociales y existenciales, que tanto claman por una gota de esperanza. La sencilla sonrisa de María, que logramos notar en su  imagen, sea fuente de la sonrisa de cada uno de ustedes ante las dificultades de la vida. ¡El cristiano no puede ser pesimista jamás!

Finalmente, agradezco al pueblo brasileño por las oraciones que eleva diariamente por mí, sobre todo durante las celebraciones de la Santa Misa. Recen por el Papa y estén seguros que el Papa reza siempre por ustedes. Juntos, desde cerca o desde lejos, conformamos la Iglesia, Pueblo de Dios. Cada vez que colaboramos, aunque sea de manera simple y discreta, al anuncio del Evangelio, nos convertimos, como María, en auténticos discípulos y misioneros. Y hoy Brasil necesita de hombres y mujeres que, llenos de esperanza y firmes en la fe, sean testigos del hecho que el amor, manifestado en la solidaridad y en el compartir, es más fuerte y luminoso que las tinieblas del egoísmo y de la corrupción.

Con gran nostalgia por el Brasil, les ofrezco la Bendición Apostólica, pidiendo a Nuestra Señora de Aparecida que interceda por todos nosotros.

Así sea.

 

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