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Panamá: 53 años de la gesta patriótica del 9 de enero de 1964, arzobispo destaca el sacrifico de los mártires

Panamá: 53 años de la gesta patriótica del 9 de enero de 1964, arzobispo destaca el sacrifico de los mártires

Este 9 de enero se ha conmemorado en Panamá el Quincuagésimo Tercer Aniversario de la Gesta Patriótica del 9 de enero de 1964 con diversos actos, entre ellos el oficio litúrgico en la Parroquia Nuestra Señora de La Merced, presidido por monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de la arquidiócesis de Panamá.

Durante su alocución monseñor Ulloa ha destacado el sacrificio de los mártires por defender la soberanía del país hace 53 años “como en ninguna otra ocasión, el sentimiento por la panameñidad expresado con dignidad, se puso de manifiesto en aquel momento, con el arrojo y la valentía de una juventud estudiosa que defendió con su sangre el derecho de ondear nuestra enseña patria sobre el territorio ocupado”, ha expresado el arzobispo.

Enseguida ofrecemos el texto completo del discurso pronunciado por monseñor José Domingo Ulloa.

ALOCUCIÓN EN LA CONMEMORACIÓN DE LOS 53 AÑOS DE LA GESTA HEROICA DEL 9 DE ENERO DE 1964

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Nos reúne la intención de conmemorar una de las gestas patrióticas que jamás como panameños podemos olvidar y tenemos el compromiso que las presentes y futuras generaciones la conozcan y la valoren en su justa dimensión: LA GESTA DEL 9 DE ENERO DE 1964, en la que todo un pueblo se levantó con dignidad para enfrentar una de las mayores ofensas que pueda sufrir un país, al ver cómo fue avasallada su juventud estudiantil por un ejército extranjero cuando ellos quisieron sembrar nuestra bandera nacional en la antigua zona del Canal.

Y en ese momento, como en ninguna otra ocasión, el sentimiento por la panameñidad expresado con dignidad, se puso de manifiesto en aquel momento, con el arrojo y la valentía de una juventud estudiosa que defendió con su sangre el derecho de ondear nuestra enseña patria sobre el territorio ocupado.

NUESTROS MÁRTIRES, UNA GRAN INSPIRACIÓN

La grandeza de esta gesta es una inspiración hoy para los hijos de esta Patria. Hace 53 años, nuestra juventud idealista, luchadora, con deseos de superación y de lograr una patria con un solo territorio soberano, defendió el suelo y la bandera ultrajada. Pero no estuvo sola, contó con el respaldo de cada uno de los panameños y panameñas, que se sumó a esta lucha por reivindicar nuestra soberanía. De manera particular, encontró el apoyo y un liderazgo en el Presidente de la República, Don Roberto F. Chiari, reconocido en la historia como el “presidente de la dignidad”, quien no vaciló en tomar con valentía las riendas de la situación; y rompió relaciones diplomáticas con el país más poderoso de la tierra. Lo que era impensable, sobre todo si eres una Nación pequeña.

Hoy más que nunca hemos de reconocer  que la soberanía que disfrutamos en todo el territorio nacional, descansa sobre el sacrificio de varias generaciones, en las que la principal protagonista es nuestra abnegada juventud. Siembra infinita, patrimonio nacional donde hoy se erigen 21 nombres de la juventud patriótica en defensa de la nacionalidad. A los actuales y venideros hijos de esta nación nos toca trabajar y recordar, para que su inmolación no sea en vano y mucho menos olvidada.

Hermanos y hermanas: La gesta del 9 de enero nos recuerda que los panameños hemos sido capaces de buscar y alcanzar juntos metas importantes como país. Un ejemplo claro es el Canal de  Panamá, que logró unirnos en una lucha intergeneracional, en un momento en que la majestad de la Patria fue agredida.  Ahora el Canal es nuestro, es administrado y  ha sido ampliado por manos  panameñas.

Este acontecimiento de hace 53 años debe hacer crecer entre nosotros la sensatez, que nos permita empinarnos por encima de las diferencias y las adversidades, para aplomar el pie y el corazón sobre baluartes de soberanía, democracia y justicia social; que podamos direccionar el país hacia el Panamá que todos queremos.

¿Cuál es la mejor forma de honrar a nuestros mártires caídos el 9 de enero?  Más allá de un monumento físico en su nombre, que es muy significativo, debemos mantener viva la memoria histórica en nuestro pueblo, esculpiendo en la conciencia de la niñez y la juventud ese amor a la Patria, ese sentido de pertenencia, que no da paso a la indiferencia frente a los acontecimientos y problemas sociales, económicos y políticos. Al encontrarnos en este 2017, la gesta del 9 de enero nos continúa interpelando y  tenemos lecciones que reflexionar y mantener vivas en nuestras conciencias, tales como:

1. La voluntad de una juventud decidida y capaz de luchar por ideales patrios,  hasta el punto de arriesgar hasta su vida, por lograr la soberanía de nuestro país.

2. En ese momento difícil de la historia, no hubo diferencias políticas partidistas. El Gobierno Panameño, designó como negociador por Panamá, a Don Miguel Moreno, quien era una persona competente, más no apoyaba al partido en el gobierno. Esta es una gran lección, tanto él como el Presidente, supieron poner las actitudes personales y partidistas a un lado, para cumplir con su rol histórico, al ver la Patria herida, para trabajar por la defensa de la dignidad del país.

El Evangelio y la frase latina señalan que “la  sangre de los mártires es   semilla de cristianos”, que permitió la propagación de nuestra fe en todas las latitudes. Asimismo, desde la fe y nuestro sentimiento patriótico, podemos afirmar en un día como hoy,  que  la sangre de la juventud patriótica fue semilla de soberanía y progreso para Panamá.

Y de manera especial, un hecho que nos podemos desconocer es que la historia de la Iglesia Católica en Panamá se ha entretejido con la historia del pueblo panameño; hemos vivido los gozos y las tristezas en todas las etapas de esta Nación. Como pastores de este pueblo estamos encarnados en la realidad de la sociedad panameña.

Hoy más que nunca debemos fortalecer la memoria histórica de la Iglesia y del país para reconocer los que somos y los valores sobre los que cimentamos este país. Estamos convencidos de que la memoria histórica nos hace conscientes de nuestras raíces y es generadora de identidad y de capacidad crítica. Esto es así, porque todo acontecimiento histórico está constituido por dos elementos: por el hecho y por el significado del hecho. La capacidad crítica al mismo tiempo es liberadora y nos hace estar vivos frente al hecho histórico; y a la par nos hace pensar en su significado en el momento y el contexto en que acontece y las virtualidades de futuro que en sí mismo encierra, concatenándose a otros eventos que han marcado el devenir nacional.

Actualmente la consolidación nacional está afectada, especialmente por una cultura dominante cada vez más marcada por un individualismo, una mentalidad pública y privada que prescinde de lo ético. La globalización no solo es económica, está atentando a la cultura nacional, que nos da sentido de pertenencia e identidad. Son muchos los desafíos, como el desafío de cómo integrar al desarrollo del país a nuestros indígenas y afrodescendientes, respetando sus culturas. Por eso, honrar a nuestros mártires de la Gesta del 9 de enero 1964, de forma real y efectiva, es consolidando nuestra cultura, dándole a las áreas revertidas el mayor uso social y un manejo autónomo al Canal de Panamá.

Tenemos que agradecer y reconocer la persistencia del Movimiento Ciudadano por el Fortalecimiento de la Identidad Panameña, por su persistencia en rescatar  los valores éticos y morales, que han caracterizado el devenir de la nación panameña. Ha aglutinado a la ciudadanía en torno al significado y trascendencia de la Gesta del 9 de enero de 1964 y logró declarar este día, como el Día de la Soberanía Nacional, con el fin de promover “la recuperación de la memoria histórica y defensa de la identidad nacional”.

UNIR LA MORAL Y LA POLÍTICA

Si algo tenemos muy claro es que nuestro pueblo reclama actualmente honestidad y transparencia. Este reclamo se resume en una palabra: moral., Pero no una moral para unos y para otros no. Avanzar como país demanda la moral de todos sus ciudadanos, comenzando por quienes tienen mayores responsabilidades políticas, económicas, sindicales, culturales y religiosas.

Encaminados en este esfuerzo, ha de renacer en nosotros una gran esperanza y una gran responsabilidad hacia esa inmensa multitud de hermanos nuestros que necesitan pan, trabajo, educación, seguridad, salud, justicia y paz. Seamos para ellos constructores de un país más solidario, más justo, más humano.

La brecha que existe entre pobres y ricos, va creciendo cada vez más. Y esto no ocurre por falta de recursos económicos. Ya sabemos que como país hemos crecido económicamente, pero no de manera inclusiva y equitativa y es porque la economía y el desarrollo no han tenido como centro a la persona humana ni el bien común.

Se hace evidente que la grandeza de los pueblos se mide, en primer lugar, por sus fuerzas espirituales no por la fuerza económica. Y si somos un país predominantemente cristiano, eso se debe reflejar en nuestras acciones y decisiones, especialmente si estas decisiones tienen el poder de transformar la vida de los empobrecidos y excluidos del desarrollo social y económico.

Que esta conmemoración de la gesta del 9 de enero, nos inspire a renovar con pasión el compromiso con nuestra Patria, que nos sensibilice frente a la situación y exclusión de los pobres; que gobernantes y ciudadanos desde nuestro ámbito podamos vestir y sudar la camiseta de la Patria; que seamos  capaces de defenderla de imposiciones de ideologías y fuerzas foráneas.

Como Iglesia, en su misión profética, tal como lo hizo en la Gesta del 9 de enero de 1964, alzará su voz cuando sea necesario para denunciar las injusticias, y caminará junto a su pueblo en sus luchas y en sus gozos. Pero sobre todo buscará caminos para el encuentro, el perdón y la reconciliación entre los panameños.

También como Madre, la Iglesia quiere invitarlos a que “recemos por nuestros muertos del 9 de enero, por todos aquellos, quienes lucharon en esta Gesta del 64 y ya no están con nosotros.

Invocamos al Dios de la historia, para que las almas  de nuestros mártires, hayan sido acogidas en la Patria Celestial, que su sacrificio, como el que hizo Jesús por nosotros y permita encontrarnos en este Istmo como hermanos.

Con orgullo patriótico permítanme pronunciar los nombres de nuestros mártires del 9 de enero para que resuenen en nuestra conciencia:

Ascanio Arosemena

Maritza Ávila Alabarca

Vicente Luis Bonilla

José del Cid Cobos

Teófilo Belisario de la Torre

Gonzalo Crance Robles

Víctor Manuel Garibaldo

Jorge Enrique Gill

Ezequiel  González Meneses

Víctor M. Iglesias

Rosa Elena Landecho

Renato Lara,

Rogelio Lara

Ricardo Murgas Villamonte

Alberto Nicolás Constance

Estanislao Orobio W.

Jacinto Palacios Cobos

Ovidio L. Saldaña

Rodolfo Benítez Sánchez

Alberto Oriol Tejada

Celestino Villarreta.

Como signo de reconocimiento que aún permanecen en nuestra memoria les pido un fuerte aplauso, por el sacrificio que hace 53 años hicieron nuestro mártires del 9 de enero.

Dales Señor el Descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua. AMEN.

+ JOSE DOMINGO ULLOA MENDIETA OSA
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMA

Fuente: Arquidiócesis de Panamá

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