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Oraciones para después de comulgar

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ORACIONES PARA DESPUÉS DE COMULGAR

Alma de Cristo, santifícame

Cuerpo de Cristo, sálvame

Sangre de Cristo, embriágame

Agua del Costado de Cristo, lávame

Pasión de Cristo, confórtame

¡Oh buen Jesús!, óyeme

Dentro de tus llagas, escóndeme

No permitas que me aparte de Ti

Del maligno enemigo, defiéndeme

En la hora de mi muerte, llámame y mándame ir a Ti,

Para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos.

Amén.

San Ignacio de Loyola encabeza el libro de los Ejercicios Espirituales con esta oración del Alma de Cristo.

Es una oración antigua medieval, que ya aparece en varios códices del siglo XIV, a la que San Ignacio tenía una muy especial devoción.

Pasión de Cristo, confórtame…

Y el buen hombre, encontraba su refugio en la Pasión de Cristo y en esta oración repitiéndola con piedad, en la dura trayectoria del cáncer que sufrió.

…………

Miradme, ¡Oh mi amado y buen Jesús!,

Postrado ante vuestra divina presencia

Os ruego y suplico,

Con el mayor fervor de que soy capaz,

Os dignéis grabar en mi corazón

Vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad

Verdadero dolor de mis pecados

Y firme propósito de jamás ofenderos

Mientras que yo,

Con todo el dolor y compasión de que soy capaz,

Voy considerando vuestras cinco llagas,

Teniendo presente aquello que, de Vos,

Dijo el santo profeta David

«Han taladrado mis manos y mis pies

y se pueden contar todos mis huesos»

Con las condiciones acostumbradas, se puede lucrar indulgencia plenaria recitándola ante un Crucifijo después de comulgar.

Y si quieres, besa el crucifijo después.

El sacerdote le dijo a su hija, al celebrar las exequias de su padre, que le conmovía cuando cada día veía a su padre repetir con piedad estas oraciones después de comulgar ante el crucifijo y besarlo después. Aquél gran hombre, eminente jurista, notario de profesión, que entregó su alma a Dios dejando tras de sí un surco de piedad, de amor y de entrega a su alrededor y que intentó trasmitir a sus nueve hijos el amor que tenía al Crucifijo.

…….

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad,

mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad,

todo cuanto tengo y poseo

Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro.

Disponed, Señor, según vuestra voluntad

Dadme vuestro amor junto con vuestra gracia

Y seré bastante rico

No deseo otra cosa alguna.

Oración con la que culminan los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.

……

Que buena costumbre repetir, con piedad, estas oraciones tras la Misa, después de la Comunión y lucrar cada día la indulgencia plenaria que se puede ganar y aplicarla por las almas del purgatorio, o por un difunto, o por uno mismo. Indulgencia plenaria que perdona todo reato de pena debida a los pecados cometidos y ya perdonados. Lo que si no se hace aquí, se hará en el purgatorio.

Los días que precedieron a la muerte de una madre joven, que murió con 40 años y dejando 9 hijos, de 6 a 20 años, su hija la oía repetir, con piedad y devoción, estas oraciones.

Que buen hábito es haberlas aprendido con la preparación para la Primera Comunión, y repetirlas después de comulgar cada día tras la Misa y así, llegar a insertarlas en la propia vida.

Que buena costumbre seguir enseñándolas en la Preparación para la Primera Comunión a niños y mayores.

Hay una continuidad en el reguero de santidad. Esas oraciones del siglo XVI nos siguen ayudando ahora.

Rosa Corazón

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