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Posted 17 agosto, 2012 by Ecclesia in Especiales Ecclesia
 
 

La leyenda de la Santa Cruz

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El arte iconográfico ha ayudado siempre a la evangelización, a reflejar en forma de imágenes la historia de Salvación aparecida en la tradición de la iglesia. Los frescos realizados por Piero della Francesca, que se hallan en la capilla mayor de la iglesia de San Francisco en Arezzo (Italia), nos ayudan a comprender el Misterio de la Cruz, inmerso en una leyenda que relaciona la vida del primer hombre, Adán, con la de Cristo y con diversas escenas posteriores en las que el “Santo” madero ayudó a los primeros cristianos.

A mediados del siglo XV el pintor italiano Piero De Benedetto Dei Franceschi, apodado Piero della  Francesca, se hizo cargo del proyecto de decoración de la capilla mayor de la iglesia de San Francisco en Arezzo, sufragado por la familia Bacci. El artista creó el fresco que mejor representa la leyenda de la Santa Cruz, en el que refleja la tradición recogida en la obra La Leyenda Dorada, de Santiago de la Vorágine, escrito de gran difusión en el Renacimiento.

La Leyendade la Vera Cruz está compuesta por doce escenas que se inician con la enfermedad de Adán, que antes de morir recibió la promesa del arcángel San Miguel de un óleo milagroso. La historia cuenta que Adán envió a su hijo Set a recoger el óleo, recibiendo una rama de olivo de la que brotaría el óleo de la salvación. Transcurridos los años, Salomón decidió emplear el árbol que había crecido de la rama de olivo para la construcción de su templo, pero al no lograrlo se utilizó como puente.

La reina de Saba veneró el Sagrado Madero cuando fue a visitar al monarca judío, prediciendo que ese madero sería el culpable de la desaparición del reino de los judíos. Salomón intentó ocultar el madero pero fue descubierto y se empleó para la construcción de la Cruz con la que se crucificó a Cristo. Para evitar que el lugar se convirtiera en un centro’ de peregrinación se construyó sobre el Gólgota un templo a Venus. Pero 300 años después, Constantino tuvo un sueño en el que se le aparecía una cruz con la que obtendría una importante victoria. Efectivamente, con el signo de la cruz consiguió vencer en la batalla contra los bárbaros y expulsarlos de la frontera del Imperio.

El emperador decidió convertirse al cristianismo y su madre, Santa Elena, inició la búsqueda de la Sagrada Reliquia en Palestina, preguntando entre los judíos y llegando a torturar a Judas, que conocía el emplazamiento, hecho que se conoce como “la tortura del judío”. Tras las revelaciones, se destruyó el templo y aparecieron tres cruces. Una de ellas, en la que murió Cristo, realizó el milagro de resucitar a un joven. Transcurridos otros 300 años, el rey persa Cosroes se apodera de la reliquia, haciéndose adorar como un dios, provocando la ira del emperador bizantino Heraclio, que le derrota y decapita. Heraclio se adueña de la Sagrada Cruz y la devuelve a Jerusalén. Con la Exaltación de la Cruz acaba la historia representada en el fresco.

Escenas bíblicas

Algunas escenas bíblicas, como la Anunciación, son incluidas en el tema de este ciclo por iniciativa del pintor. La Anunciación no es estrictamente parte de la Leyenda de la Vera Cruz pero probablemente fue incluida por Piero della Francesca debido a su significado universal.

Giorgio Vasari, célebre sobre todo por sus biografías de artistas italianos y fuente primordial para el conocimiento de la historia del arte italiano, escribió en sus Le Vite (1568) a propósito de Piero della Francesca y de La leyenda de la cruz: “En la obra hay historias de la cruz, desde los hijos de Adán, enterrándola, le ponen bajo la lengua las semillas del árbol, del que después nace el referido árbol; la exaltación de la Cruz hecha por el emperador Heraclio, el cual llevándola sobre la espalda a pie y descalzo entró con ella en Jerusalén. Donde hay muy bellas consideraciones y actitudes dignas de ser alabadas: como, por ejemplo, los vestidos de las damas de la reina de Saba, realizadas de manera dulce y nueva; muchos retratos del natural, antiguos y vivísimos; una serie de columnas corintias divinamente medidas; un villano, que apoyado con las manos en la pala, está con tal rapidez a oír hablar a Santa Elena mientras las tres cruces se desentierran, que no es posible mejorarlo.

El muerto está muy bien hecho, que al tocar la Cruz resucita; y la propia alegría de Santa Elena, con la maravilla de los que allí concurren y se arrodillan para adorarla. Pero sobre toda otra consideración de dibujo y de arte es haber pintado la noche y un ángel en escorzo, que viniendo hacia delante para traer el signo de la victoria a Constantino que duerme en un pabellón, guardado por un camarero y algunos soldados oscurecidos por las tinieblas de la noche, con la misma luz propia ilumina el pabellón, los hombres armados y todo lo que le rodea con grandísima discreción. (…)

En esta misma historia, della Francesca expresa eficazmente en una batalla el miedo, la animosidad, la destreza, la fuerza, y todas las demás emociones que puede experimentar las gentes que luchan; y de la misma manera, los accidentados con una masacre casi increíble de heridos, caídos y de muertos: en los cuales, por haber contrahecho en fresco las armas que brillan, merece la mayor alabanza, no menos que por haber hecho en la otra cara, donde está la huida y sumisión de Majencia, un grupo de caballos en escorzo igualmente ejecutados de forma maravillosa, que a veces pueden ser llamados demasiado bellos y demasiado excelentes … “.

 Piero della Francesca

Tomado de la revista Fiesta (diócesis de Granada)

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