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Escrito por Jesús de las Heras Muela - Director de ECCLESIA   
jueves, 27 de septiembre de 2007
MISTERIOS GOZOSOS

            Cántico.

            Lectura evangélica: Lucas 1, 26-38

            Meditación:Image

         El primer itinerario de la contemplación del rostro de Jesucristo con los ojos y el corazón de María, el primer recorrido del rezo del rosario son los llamados misteriosos gozosos, que se caracterizan, en efecto, por el gozo que produce el acontecimiento de la encarnación. Son los misterios de la gestación, nacimiento e infancia del Señor. Son los misterios del adviento y de la navidad. Los misterios gozosos se han de rezar los lunes y los sábados, día éste dedicado a María Santísima, causa de nuestra alegría.

 

         Son una invitación a la alegría mesiánica: ¡Alégrate, María!" A este anuncio apunta toda la historia de la salvación y la historia misma del mundo y de la humanidad. Este anuncio constituye el primer misterio: la anunciación y encarnación del Hijo de Dios.

 

         El regocijo se percibe también en la escena del encuentro de la Virgen María con su prima Santa Isabel, segundo misterio, donde la voz misma de María y la presencia de Cristo en su seno hacen "saltar de alegría" a Jesús, todavía en el vientre de su madre Isabel. Repleta de gozo es la escena de Belén, tercer misterioso gozoso, donde el nacimiento del Divino Niño, el Salvador del mundo, es cantado es cantado por los ángeles y anunciado por los pastores como "una gran alegría". Aun conservando el sabor de la alegría, los misterios gozosos cuarto y quinto, anticipan indicios de drama, de cruz, de misterio escondido en los planes misericordiosos de Dios. Son los misterios de la presentación del Niño en el Templo y la perdida y hallazgo de Jesús, a los doce años.

 

         Meditar, nos dice el Papa Juan Pablo II, los misterios gozosos significan, pues, adentrarse en los motivos últimos de la alegría cristiana y en su sentido más profundo. Significa fijar la mirada sobre lo concreto del misterio de la Encarnación y sobre el sombrío preanuncio del misterio del dolor salvífico. María nos enseña a comprender el secreto de la alegría cristiana, recordándonos que el cristianismo es la buena noticia de Jesucristo encarnado y salvador.

 

            Silencio oracional.

 

            Canción.

 

            Oración final:

 

         Al rezar y evocar los misterios gozosos del Rosario, te pedimos, Santísima Virgen del Rosario, Reina de la alegría y de la paz, que encontremos siempre nuestro gozo y alegría sin fin en los misterios de la Encarnación de tu Hijo: Haz que sepamos descubrir, amar y seguir la Santísima Humanidad de Jesucristo, que entendamos de anunciación, encarnación y visitación, que imitemos sus gestos de anonadamiento y de humildad, que experimentemos y transmitamos el gozo inefable de sabernos salvados y amados por Quien compartió con nosotros las luces y las sombras de la condición humana en todo excepto en el pecado. Que como Él, también nosotros trabajemos con y para nuestros hermanos los hombres con manos de hombre, que les amemos y les sirvamos con corazón humano. Que nada humano nos sea ajeno, como no lo fue para Él y para Ti. Te pedimos, Madre de las Madres, por las madres, por las gestantes, por los niños recién nacidos, por aquellos que no valoran la maternidad. Amén.

 

            Rezo del Padre Nuestro, Ave María y Gloria

 

 

 

                                                  LOS MISTERIOS LUMINOSOS

 

 

            Cántico.

 

            Lectura evangélica: Mateo, 5, 1-12

 

            Meditación:

 

         Desde el año 2002, todos los jueves estamos llamados al rezar el rosario a contemplar los misterios de luz de la vida de Jesús. Son los nuevos misterios del Rosario, los misterios de la vida pública y de la predicación de Señor. Son los misterios del tiempo ordinario litúrgico.

 

         Escribe el Papa Juan Pablo II en la Carta Apostólica "El Rosario de la Virgen María", pasando de la infancia y de la vida de Nazaret a la vida pública de Jesús, la contemplación nos lleva a los misterios que se pueden llamar de manera especial "misterios de luz". En realidad, todo el misterio de Cristo es luz. Él es la luz del mundo. Pero esta dimensión se manifiesta, sobre todo, en los años de la vida pública cuando anuncia el evangelio del Reino.

 

         En este sentido, el Papa escoge cinco momentos luminosos especialmente significativos de la vida pública del Señor para incluirlos en el rezo del Rosario. Son, por este orden, su bautismo en el Jordán, su presencia y primer milagro en las bodas de Caná, la predicación del reino llamando a la conversión, la transfiguración en el Monte Tabor y la Institución de la Eucaristía en el cenáculo jerosolimilatno en la víspera de la pasión. Y es que, añade Juan Pablo II, cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma de Jesús, con una presencia en el trasfondo luminoso y el silencio sonoro de María y con una clara invitación a también nosotros hagamos lo que Él nos diga.

 

            Silencio oracional.

 

            Canción.

 

            Oración final:

        

         De tu mano maternal, Virgen y Madre del Rosario, que nos llegue la luz y la gracia para seguir los caminos de los misterios luminosos, los nuevos misterios del Santo Rosario, los misterios de la vida pública de tu Hijo Jesús. Ayúdanos a renovar nuestra fe y compromiso bautismal. Te pedimos también por nuestros matrimonios y familias. Que nunca les falte el vino nuevo de la gracia y del amor. Que resuenen siempre en sus corazones aquellas palabras tuyas: "Haced lo que El os diga". Danos fuerza, Virgen del Rosario, para ser testigos del Reino de tu Hijo y discípulos y transmisores de las Bienaventuranzas, único camino para la felicidad que tanto anhelamos. Transfigura, María del Rosario, nuestros corazones y mentes. Que experimentemos el Monte Tabor de la presencia de Dios y que después bajemos, transfigurados, al valle de la vida, donde nos aguarda la cruz, la misión y el testimonio. Mujer Eucarística, madre del Pan de Vida, tú nos da a Jesús, el pan vivo, tú nos llamas a su mesa de Eucaristía, al pan partido, repartido y compartido de la Eucaristía y de la Caridad. Ruega por nosotros, haz de nosotros hombres y mujeres de Eucaristía, porque si olvidamos la Eucaristía, oh María, mujer eucarística, ¿quién podrá sanar nuestra indigencia? Amén.

 

            Rezo del Padre Nuestro, Ave María y Gloria

 

                                                  LOS MISTERIOS DOLOROSOS

 

 

            Cántico.

 

            Lectura evangélica: Marcos, 14, 23-38

 

         Todos los martes y viernes, día este último de la pasión del Señor, la Iglesia nos invita a rezar el rosario, a contemplar el rostro sufriente del Señor con la mirada de María, a través de los misterios dolorosos. Son los misterios de la cuaresma y de la Semana Santa.

 

         El Rosario escoge algunos momentos de la Pasión, invitando al orante al fijar en ellos la mirada de su corazón y a revivirlos. El itinerario meditativo se abre en Getsemaní, donde Cristo se pone en el lugar de todas las tentaciones de la humanidad y frente a todos los pecados de los hombres para decirle al Padre: "no se haga mi voluntad sino la tuya".

 

         A partir de ahí, como si se tratara de un Vía Crucis concentrado y resumido, seguiremos el camino de la cruz del Señor con la flagelación, coronación de espinas, vía dolorosa y crucifixión y muerte en el Calvario. Son los misterios de dolor, de oprobio, de ignominia. Y en este oprobio, nos recuerda Juan Pablo II, no sólo se revela el amor de Dios sino el sentido mismo del hombre. "Ecce homo": quien quiera conocer al hombre, ha de saber descubrir su sentido, su raíz y su cumplimiento en Cristo, Dios que se humilla por amor "hasta la muerte y muerte de cruz". Los misterios dolorosos llevan al creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndonos al pie de la cruz junto a María para penetrar con ella la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora.

 

            Silencio oracional.

 

            Canción.

 

            Oración final:

 

         Virgen Santísima, Señora nuestra del Rosario, hazte presente en medio de nuestros misterios dolorosos. Son los misterios de tu Hijo, el Crucificado. Son su rostro de cruz y de gloria. Qué cuando lleguemos al Getsemaní nuestro de cada día sepamos como El beber el cáliz del deber y de la misión. Qué llevemos esperanzados nuestra cruz y la del prójimo. Qué no busquemos más coronas que el servicio y el amor. Qué seas siempre, Madre Nuestra, amparo, salud y vida en la hora del dolor supremo. Escucha nuestra plegaria, Madre siempre al pie de la cruz, Virgen de la Esperanza, Reina de la Paz, por todos los crucificados de la historia y por los crucificados de nuestro hoy: los pobres, los enfermos, los ancianos, los que sufren, los parados, los drogadictos, los vagabundos, los refugiados, los perseguidos, los encarcelados, las víctimas del terrorismo, del odio y la guerra, los ateos, los agnósticos, los alejados, los enfermos del sida y los trabajadores sin protección. Amén.

 

 

            Rezo del Padre Nuestro, Ave María y Gloria

 

                                                   LOS MISTERIOS GLORIOSOS

 

 

            Cántico.

 

            Lectura evangélica: Juan, 20, 1-10

 

         El camino del rosario se completa tras la infancia, vía pública y pasión del Señor con los misterios de su resurrección y gloria. Son los misterios de los miércoles y de los domingos, día de la resurrección. Son los misterios gloriosos, los misterios de la pascua, el final feliz del camino.

 

         Y es que la contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado! El Rosario -subrayaba Juan Pablo II- ha expresado siempre esta convicción de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse en la gloria de Cristo en su Resurrección y en su Ascensión, misterios gloriosos primero y segundo. Contemplando al Resucitado, el cristiano descubre de nuevo las razones de la propia fe y revive la alegría no solamente de aquellos a los que Cristo se manifestó -los Apóstoles, la Magdalena, los discípulos de Emaús- sino también el gozo de María, que experimentó de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado, a la que ella es también llamada y llevada como contemplamos en los misterios gozosos cuarto y quinto.

 

         Además, en el centro de este itinerario de gloria del Hijo y de la Madre, el Rosario considera, en el tercer misterio glorioso, Pentecostés, que muestra el rostro de la Iglesia como una familia reunida con María, avivada por la efusión impetuosa del Espíritu y dispuesta para la misión evangelizadora.

 

         El rezo y meditación de los misterios gloriosos han de llevar a los creyentes a tomar conciencia cada vez más viva de su nueva vida en Cristo en el seno de la Iglesia y a alimentar en ellos la esperanza en la meta escatológica hacia la que se encaminan como miembros del Pueblo de Dios peregrino en la historia hacia la Eternidad.

 

            Silencio oracional.

 

            Canción.

 

            Oración final:

 

         Reina del Cielo, en el afán de cada día dibujamos, el rostro de la eternidad, el rostro de la resurrección, el rostro de los misterios gloriosos de tu Hijo y tuyos. Ayúdanos a entender y esperar la resurrección,      a ser transformados por la experiencia de Dios, en cualquier Pentecostés de la vida interior, de la oración y de la contemplación que marcan el ritmo de la acción y del apostolado. Muéstranos el cielo que no puede esperar, el cielo al que ascendió Jesucristo, el cielo al que fuiste llevada en cuerpo y alma, el cielo que sólo se gana en la tierra, viviendo, peregrinando, sirviendo y amando como Tú. Alienta la esperanza en la meta que perseguimos e impulsa el testimonio valiente de aquel anuncio gozoso que da sentido a la vida. Amén.

 

 

Jesús de las Heras Muela

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