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Los obispos de Castilla y León
hemos hecho pública, la semana pasada, una Nota sobre la asignatura Educación
para la Ciudadanía, con motivo de que el próximo curso comenzará a impartirse
entre nosotros: La EpC es una imposición ilegítima, por parte del Estado, de
una determinada formación de la conciencia de los alumnos, sin el
consentimiento de sus padres.
A
pesar de que algunos pretendan transmitir la imagen de que la Iglesia en España
no asume la legitimidad del Estado aconfesional, la verdad es que las
circunstancias actuales nos han llevado a convertirnos en portavoces y
defensores de muchos derechos constitucionales de los ciudadanos, que son negados
por la vía de los hechos consumados, por la estrategia de una ideología
laicista totalitaria. Por mucho que moleste, nos sentimos en el deber moral de
seguir recordando el artículo 27.3 de la Constitución Española:
“Los poderes políticos garantizan el derecho de los padres para que sus hijos
reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones
morales”.
Afortunadamente,
cada vez son más los que entienden que la Iglesia no está defendiendo ningún
interés particular, y ya existen muchas iniciativas ciudadanas de resistencia
activa ante esta intromisión injusta. Las mismas sentencias del Tribunal
Superior de Andalucía contrarias a la asignatura –y se han dado más
pronunciamientos judiciales en la misma dirección- son la mejor prueba de que
la Iglesia no estaba hablando de “fantasmas”.
Objeción de conciencia
En
la citada Nota
episcopal declarábamos que “los padres tienen derecho a poner objeción de
conciencia a la enseñanza de la asignatura EpC, así como a la denuncia personal
de esta Ley”. Es sabido que los centros de enseñanza privados no tienen opción
a la objeción de conciencia, sino que el titular de este derecho es el
ciudadano (los padres, en este caso).
En el momento en
que escribo estas líneas, unos treinta mil padres españoles han tomado esta
opción. Su objeción no va dirigida al centro de enseñanza, ni al profesor, ni
al libro… sino al atropello de un Estado que pretende erigirse en educador
moral de los hijos. Estoy seguro de que Dios bendecirá a estos padres que han
decidido declararse en “santa rebeldía” por el bien de sus hijos. No quieren
engañarse una vez más, optando por el “mal menor”, porque han entendido ya que cuando
el mal menor pasa a ser la opción ordinaria, termina por convertirse en una
inexorable cuesta abajo hacia el “mal mayor”. Su resistencia activa está
escribiendo una de las páginas más bellas de la historia de la lucha por el
bien los hijos, así como de la defensa del principio de subsidiariedad frente a
la tiranía de los estados. Y cuando llegue el día de la victoria -¡que
llegará!-, quienes nos hayamos quedado en segunda fila, tal vez hayamos de
sentir admiración y agradecimiento; y quizás un poco de rubor y vergüenza…
Consejería de Educación de Castilla y León
Mención
aparte merece la postura de la Consejería de Educación de Castilla y León, que
se está negando a tramitar las objeciones presentadas por los padres, aduciendo
que en el desarrollo del currículo, ya han quitado los contenidos que
presumiblemente pudieran resultar contrarios a la conciencia de los padres.
¡Vuelven a tropezar en la misma piedra que el Gobierno central! ¿Quiénes son
ellos para discernir los contenidos morales que los padres han de estimar como
aceptables o rechazables? El Gobierno de Castilla y León critica la EpC de
Zapatero; pero, como contrapartida, impone una EpC autonómica. Su postura no sólo
es irrespetuosa con el derecho a la objeción de conciencia de los padres, sino
que cae en el mismo desacierto que afirma rechazar.
Por
lo demás, ¿acaso pueden garantizar que les vaya a ser aceptado ese recorte
curricular de la EpC, cuando ya ha sido recurrido judicialmente por el Gobierno
central? ¿Y si el próximo gobierno autonómico cambiase de signo político?
Asignatura de religión: más palitos en las
ruedas
Mientras
tanto, en lo que a la clase de religión se refiere, estamos padeciendo las
consecuencias de la presión ejercida por algunos grupos radicales, que han
conseguido que la Consejería de Educación autonómica permita que la asignatura
de religión sea eliminada del impreso de matriculación. En efecto, en un número
grande de centros escolares públicos de Castilla y León, los padres están
teniendo que rellenar un impreso “aparte” para que sus hijos cursen la
religión, ya que la asignatura de religión ha “desaparecido” de la matrícula
escolar.
Mientras
tanto, los profesores de religión y sus alumnos están demostrando una altura
moral muy grande, además de una paciencia encomiable, al continuar su recorrido
en fidelidad, a pesar de que en no pocos centros, la alternativa “real” a la
clase de religión no es la prescrita por la ley (“Atención educativa” e “Historia
de las religiones”), sino simplemente, “chatear por el messenger” o “jugar en el patio”.
Es
cierto que la política de los “palitos en las ruedas” desgasta la resistencia
de algunos niños y familias… Pero también es cierto que fortalece la convicción
y la determinación de otros muchos seguidores de Jesucristo.
+ José Ignacio
Munilla
Obispo de Palencia
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