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Posted 17 diciembre, 2013 by Editor in Iglesia en España
 
 

Fallece el cardenal Ricardo María Carles, arzobispo emérito de Barcelona

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Fallece el cardenal Ricardo María Carles, arzobispo emérito de Barcelona

El Cardenal Carles nació en Valencia el 24 de septiembre de 1926. Hizo los estudios primarios en el Colegio de las Teresianas y los de bachillerato en el Colegio de San José, de los Padres Jesuitas, en la misma ciudad.

Terminado el bachillerato, dejando la carrera de Química, por la que sentía una especial atracción, entró en el Seminario de la archidiócesis de Valencia. Fue colegial, por oposición, del acreditado Colegio del “Corpus Christi”, también llamado “Colegio del Patriarca”. Fue ordenado en la misma ciudad el 29 de junio de 1951, en la festividad de San Pedro y San Pablo. Luego, su arzobispo le pidió que obtuviera la licenciatura en Derecho canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca.

En su diócesis de origen desarrolló diversos cargos parroquiales, entre otros, el de rector y arcipreste de Tavernes de la Valldigna y rector de la parroquia de San Fernando, de la ciudad de Valencia  Los recuerdos de estos primeros años de trabajo pastoral en las dos parroquias marcó una experiencia que el doctor Carlos recordaba a menudo en sus conversaciones con sus colaboradores. En la primera de estas parroquias tuvo como monaguillo a Vicente Juan, que luego sería sacerdote, jefe de la Sección española de la Secretaría de Estado del Vaticano y que actualmente es obispo de Ibiza (Islas Baleares).

En esta etapa sacerdotal, el futuro cardenal tuvo siempre una especial preocupación por el apostolado entre los jóvenes, y fue consiliario de la Juventud Obrera Cristiana (JOC). Fue también el director del Convictorio para los Diáconos y delegado episcopal para el Clero. También fue delegado diocesano para la Pastoral Familiar, la familia ha sido siempre uno de los puntos prioritarios de su actividad pastoral.

Obispo de Tortosa

Nombrado obispo de Tortosa, recibió la ordenación episcopal el 3 de agosto de 1969 y el mismo día hizo su entrada en la diócesis.

Su talante conciliar lo llevó a potenciar los organismos de comunión y de participación de sacerdotes y laicos en la buena marcha de la diócesis. Convocó y realizó un Sínodo diocesano -el único celebrado durante el postconcilio en las diócesis catalanas-, con una amplia participación de laicos, hombres y mujeres, y también de sacerdotes, religiosos y religiosas de todo el obispado. Fruto de este Sínodo fueron las “Constituciones sinodales”, que trazaron unas opciones pastorales diocesanas claramente evangelizadoras y misioneras, a fin de revitalizar la vida cristiana y la presencia de los católicos en todos los ámbitos sociales. Cabe destacar que las normas del Sínodo diocesano tenían valor normativo para la pastoral diocesana, de acuerdo con las disposiciones del Derecho de la Iglesia.

Desde el principio, el Dr. Carles realizó un trabajo intenso en el seno de la Conferencia Episcopal Española, que ha sido muy valorado por sus hermanos en el episcopado. Fue miembro de varias comisiones episcopales, presidente de la Subcomisión episcopal para la familia y presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades. También fue miembro del Comité Ejecutivo y de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal.

Arzobispo de Barcelona

El 23 de marzo de 1990 -fiesta del santo barcelonés Josep Oriol- fue nombrado por Juan Pablo II arzobispo de Barcelona, como sucesor del cardenal Jubany, y el 27 de mayo hizo la entrada en la archidiócesis. Su primer documento, que daba las pautas de su pontificado, estaba centrado en estos tres puntos básicos: identidad, comunión y evangelización. Es decir, defensa y garantía de la identidad de los cristianos y de las obras de Iglesia en la actual sociedad plural; comunión entre las personas y las obras diocesanas, y todo ello al servicio de la evangelización y del servicio de la Iglesia a la sociedad.

El doctor Carles en Barcelona continuó su estilo pastoral ya manifestado en los años de sacerdote en Valencia y obispo de Tortosa. Trabajó para la renovación espiritual de los católicos, y creó, en Barcelona, en este sentido, el Instituto de Teología Espiritual, que tiene su sede en el Seminario Conciliar de Barcelona. También fue un decidido promotor del compromiso de los católicos con los problemas de la sociedad actual y promovió las obras de solidaridad con los pobres y marginados, sobre todo a través de Cáritas Diocesana.

Una pastoral diocesana descentralizada

Al servicio de la comunión constituyó los consejos presbiteral y pastoral. Con una especial colaboración de estos dos organismos, preparó un Plan Pastoral Diocesano, que proponía cinco objetivos prioritarios para todo el Arzobispado: los creyentes no practicantes, los no creyentes, los jóvenes, la familia y la atención a los marginados.

Ante una archidiócesis tan numerosa como la de Barcelona, con más de cuatro millones de habitantes en su territorio, durante su pontificado se nombraron seis obispos auxiliares. Paso a paso, el Dr. Carles fue renovando los organismos y las personas que tuvieran cuidado de las necesidades de la compleja y llena de iniciativas archidiócesis que le fue confiada para regirla como arzobispo. Creó en el Arzobispado cuatro demarcaciones episcopales confiadas en un primer momento cada una a un obispo auxiliar, y en un segundo momento vicarios episcopales cuando los obispos auxiliares fueron promovidos a varias diócesis catalanas, como Mons. Jaume Traserra en Solsona; Mons. Joan-Enric Vives, en la Seu, y Mons. Carles Soler Perdigó, en Girona.

Impulsó la Universidad privada de inspiración cristiana Ramon Llull, la Facultad de Teología de Cataluña y el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona. Su pontificado barcelonés no estuvo libre de tensiones y de sufrimientos personales para el doctor Carles, sobre todo con motivo de las falsas acusaciones contra él en el caso llamado de Torre Anunziata.

Nombrado cardenal

Fue nombrado cardenal por el Papa Juan Pablo II el 26 de noviembre de 1994, confiándole la iglesia titular de Santa María de la Consolación, en el barrio Tiburtino de Roma. Como cardenal, fue miembro de la Congregación para la Educación Católica, desde diciembre de 1994, de la Pontificia Comisión de Justicia y Paz, también desde el mes de diciembre de 1994, y del Consejo de cardenales para el estudio los problemas organizativos y de economía de la Santa Sede, desde noviembre de 1995. En marzo del año 2000 el Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede por un período de cinco años, hasta 2005.

También impulsó la colaboración pastoral entre las diócesis catalanas y durante su pontificado el Arzobispado de Barcelona participó en la preparación y en los trabajos del Concilio Provincial Tarraconense, del año 1995, que se situó en la línea de los concilios provinciales tarraconenses, y fue el primero después de más de doscientos años de interrupción de la celebración de concilios provinciales. Barcelona, que en ese momento tenía el estatuto de diócesis exenta, dependiente directamente a la Santa Sede, participó en el Concilio Provincial, gracias a un permiso especial de la Santa Sede.

Elegido miembro de la Academia de Jurisprudencia y Legislación de Cataluña, tomó posesión el 25 de noviembre de 1997, en el curso de una sesión ordinaria de dicha Academia.

Al cumplir los 75 años, como determinan las normas de la Iglesia, puso su cargo a disposición del Papa. Pero el Papa le pidió que continuara dos años más dirigiendo el Arzobispado de Barcelona. El 15 de junio de 2004, Juan Pablo II aceptó su renuncia y nombró su sucesor en Barcelona, que también lo había sido en Tortosa, el doctor Lluís Martínez Sistach. Al mismo tiempo, el Papa creaba dos nuevos obispados, con territorios desmembrados de la Archidiócesis: el de Sant Feliu de Llobregat, confiado a lo que hasta entonces era obispo de Ibiza, Mons. Agustí Cortés, y el obispado de Terrassa, confiado a Mons. Josep Àngel Saiz Meneses, que había sido obispo auxiliar en Barcelona.

Como hacía ya en Tortosa, el Dr. Carles durante su etapa barcelonesa utilizó su condición de escritor al servicio de su ministerio y publicó cada semana unos artículos breves sobre temas de actualidad religiosa con el nombre de “cartas dominicales”, algunas de las cuales estuvieron recogidas en libros como los titulados Fe i cultura (1990), Cartas de la vida estant (1994) y Cartas para una mujer de hoy.

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