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Carta del Obispo Iglesia en España

“Crecía en sabiduría y gracia”, por Braulio Rodríguez, arzobispo de Toledo

“Crecía en sabiduría y gracia” (Lc 2, 52), por Braulio Rodríguez, arzobispo de Toledo          

Escrito semanal del Sr. Arzobispo de Toledo don Braulio Rodríguez Plaza, 24 de septiembre de 2017

Al final del delicioso evangelio de la infancia del Señor (Lc 1-2), el evangelista, tras el regreso de toda la familia a Nazaret, afirma que “Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres” (Lc 2, 52). ¡Qué asombro que el Hijo de Dios, por ser igualmente Hijo de María, vaya creciendo como cualquiera de nosotros, no solo en estatura y en gracia: también en sabiduría! Es entrar en esa hermosa realidad de tener que esforzarse poniéndose a trabajar para saber, para conocer más a fondo, para adentrarse en la realidad que nos rodea; también significa formar parte de un grupo que se educa juntos, y se ayudan entre ellos, dejándose ayudar a la vez.

En educación se trata, en definitiva, de hacer emerger lo que ya se encuentra en el corazón del que se va educando. Algo distinto del mero enseñar, que es “poner dentro” algo que se enseña. Es educar, formar, que solo es posible con el ser humano, más allá de la tutela biológica que tienen los animales cuando son simplemente criados. Este es el horizonte en que deseamos se muevan nuestras comunidades cristianas en el nuevo curso pastoral, que el sábado 23 comenzó a andar. Os animo a trabajar, hermanos, en este nuevo curso y a preparar nuestro espíritu en la tarea de educar, educar en la fe, enseñar las virtudes humanas y cristianas, formando a personas concretas que son niños, adolescentes, jóvenes y adultos para que sean discípulos que siguen a nuestro Señor Jesucristo.

Ya sé que se necesita ambiente, ayuda mutua, animarse los unos a los otros, volver a encontrarse en la comunidad cristiana, considerar la situación, emprender acciones, reflexionar, y disponerse a la tarea, con sus dificultades y posibilidades. El curso pastoral 2017-2018 tiene todo tipo de incentivos, de proyectos, de acciones como para que cada uno de nosotros personalmente y formando parte de una familia, una parroquia, una escuela, un grupo cristiano, una iniciativa tuya o de otros sintamos el acompañamiento de personas responsables que se preocupan de nosotros durante un periodo de crecimiento intelectual y moral, de fe y de amor a Dios y al prójimo. O que nosotros mismos sintamos que podemos ser esas personas responsables en la familia, en la parroquia, en la escuela, que nos ofrecemos a proteger y a acompañar a otros en su educación.

Mucha tarea nos espera, pero apasionante, porque no se educa en sabiduría, en la afectividad, en la caridad y demás virtudes con “cuatro cosillas”. Necesitamos la gracia de Dios en forma de ayuda mutua, para dejar a un lado inercias, quejas o simplemente dejar pasar el tiempo sin hacer nada. Para educar en tantos campos en que hay que actuar con otros como si de una gran familia se tratara, evitando roces, prejuicios o peleas “domésticas”.

El sexto Programa anual del Plan Pastoral Diocesano está ahí a nuestra consideración y disposición. Hay acciones y actividades concretas para cuantos “más se quisieran afectar”, en palabras de san Ignacio de Loyola. Todos somos destinatarios de esas tareas. ¿No habrá acción o actividad que no necesites emprender tú, o tu familia, o tu parroquia, o tu grupo?

Como en otros años, también en este curso pastoral el Consejo Diocesano de Pastoral y la Secretaría del Plan Pastoral me han pedido que escribiera una carta a los católicos toledanos, para animar a llevar a cabo ese sexto Programa anual, y así iluminar algunas de las finalidades de este curso. La carta está hecha. Se llama: Educar: arte y aventura”. Está a vuestra disposición, por si os ayudara a fortalecer vuestra responsabilidad eclesial y vuestro testimonio cristiano. Cada uno de nosotros, como miembros de la Iglesia, tiene sus propias funciones en el Cuerpo de Cristo. Aparte de mis responsabilidades en llevar adelante este sexto Programa, como Obispo esta carta está pensada en todo menos en hacer un ejercicio de escribir simplemente sobre un tema que no interese mucho, del cual salir del paso. Hay algo más en la carta: el amor y la preocupación por los fieles en un asunto de gran trascendencia, educar, formar. Para ello es imprescindible la libertad que nos ha dado Cristo.

Que Santa María y San José que en familia vieron crecer a Jesús intercedan por nosotros. Lo necesitamos y lo necesitaremos.

+Braulio, Arzobispo de Toledo. Primado de España.

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