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El próximo día 1 de enero se celebra en toda la Iglesia la Jornada Mundial de la Paz. Con este motivo el Papa Benedicto XVI ha publicado un precioso mensaje que lleva por título: "Combatir la pobreza, construir la paz".
En el mismo, Benedicto XVI retoma y desarrolla los contenidos del mensaje publicado por el Papa Juan Pablo II con este mismo motivo el año 1993. Aunque los tiempos han cambiado durante estos años, sin embargo los condicionamientos y las conexiones entre la pobreza y la paz continúan siendo una dolorosa realidad. Las situación de pobreza material, en la que viven muchos países del tercer mundo, tiene causas muy variadas. Entre estas podríamos señalar las carencias culturales, las dependencia económica de los países pobres con relación a los países ricos, debido a la enorme deuda externa que tienen que afrontar, la falta de auténticos líderes políticos dispuestos a buscar ante todo el bien común de los ciudadanos, la insolidaridad de los países ricos hacía los países empobrecidos y el expolio de materias primas a las que han sido sometidos durante años los países más pobres. En la actualidad la crisis económica y las ingentes cantidades de dinero que se están invirtiendo en la compra de armamento por parte de muchos países del tercer mundo retardan aún más la salida de la pobreza. Pensando en el logro de una paz estable entre los pueblos de la tierra, es necesario que todos tomemos conciencia de que la lucha contra la pobreza es un factor decisivo y determinante para la consecución de la paz, puesto que las situaciones de pobreza se encuentran entre los factores que favorecen o que agravan los conflictos entre los pueblos. Cuando se llega a la lucha armada las consecuencias son aún más graves debido a los desplazamientos de la población y a las condiciones de penuria y de extrema pobreza que tienen que soportar todos los ciudadanos involucrados en estas situaciones. Desgraciadamente, los niños, los más indefensos, son quienes sufren especialmente las consecuencias de estos conflictos. En estos momentos la mitad de quienes viven en situación de pobreza absoluta son niños. ¿Qué hacer ante esta realidad?. El Papa garantiza la colaboración de la Iglesia para seguir atendiendo en la medida de sus posibilidades a los más empobrecidos de la sociedad y para ayudar a superar las injusticias e incomprensiones entre las personas y los pueblos, buscando siempre la construcción de un mundo más pacífico y solidario. Pero, al mismo tiempo, señala la necesidad de que todos los países asuman su responsabilidad en la lucha contra la pobreza desde el marco de la globalización, pensando no solo en los intereses del propio país sino en los de toda la familia humana. La globalización debe ser guiada por una fuerte solidaridad global tanto entre países ricos y pobres, como dentro de cada país. Además, el Santo Padre señala la necesidad de un código ético común, cuyas normas no sean solo el fruto de acuerdos entre países, sino que estén arraigadas en la ley natural. La globalización ciertamente echa por tierra algunas barreras entre los pueblos, pero crea otras nuevas. La globalización acerca unos pueblos a otros, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una verdadera comunidad entre los pueblos ni para el logro de una auténtica paz. En este momento es precioso tener muy claro que para la erradicación de la pobreza y para el logro de la paz no bastan políticas meramente asistencialistas a los países pobres ni una simple redistribución de la riqueza, es preciso invertir en la formación y en el desarrollo de una cultura de la iniciativa. Y, al mismo tiempo, es necesario un marco jurídico eficaz para luchar contra los violentos y para regular la economía de tal forma que la comunidad internacional, y especialmente los países más empobrecidos puedan descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar los problemas de la pobreza y de la paz.
27 de diciembre de 2008 Atilano Rodríguez Obispo de C. Rodrigo
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