Quince compromisos del Sínodo de la Palabra y tras el Sínodo de la Palabra
Escrito por Jesús de las Heras Muela - Director de ECCLESIA
miércoles, 29 de octubre de 2008
Quince verbos, quince actitudes, quince
anhelos
1.- Redescubrir
la Palabra de Dios en su totalidad, en su grandeza y en su riqueza inagotables.
2.- Buscar
la Palabra de Dios –como al cierva que busca las corrientes del agua pura- como
alimento primero y como manantial de la
vida cristiana
3.- Promover
una pastoral bíblica integral, transversal, robusta y creíble, aunar en la
exégesis la realidad histórica y filológica de los textos sagrados con su
verdad teológica, espiritual y existencial desde la analogía de la fe y desde
la Tradición de la Iglesia, superando posibles dualismo entre exégesis y
teología y superando actitudes extremas como las interpretaciones
fundamentalistas o historicistas desmitologizadoras.
4.-Acercar
la Escritura a todo el Pueblo Santo de Dios: La Biblia es un libro de un pueblo
y para un pueblo.
5.-Promover
en todos los miembros de la Iglesia una correcta, constante y permanente
formación bíblica.
6.- Divulgar
las Escrituras a través de los modernos medios de comunicación, asumiendo su
lenguaje y sus técnicas.
7.-Integrar
adecuadamente la Palabra en la liturgia y en la oración pública y privada.
8.- Cuidar
y potenciar la homilía como eco de la predicación de Jesús, sensible a los
signos de los tiempos y a las necesidades de la comunidad y pensando para
remover los corazones y actuar la conversión.
9.- Centrarla catequesis en las raíces de la revelación
cristiana, tomando como modelo la pedagogía de Jesús en el camino de Emaús.
10.- Llevar
la Palabra de Dios a las escuelas, colegios y centros educativos, enseñando ya
desde ellos la Historia Sagrada y nutriendo de ella los contenidos y las
programaciones de las clases de Religión.
11.- Leer,
rezar, custodiar y amar la Palabra de Dios en y desde la familia, que ha de ser
unde sus ámbitos y espacios
fundamentales.
12.- Aprovechar
sus potencialidades ecuménicas y de diálogo interreligioso,
13.- Recordar
y reactualizar la capacidad de la
Palabra de Dios como savia impregnadora y sazonadora de la cultura.
14.-Servir
la misión “ad gentes” desde ella. La Palabra de Dios es un bien para todos los
hombres, que todos los hombres deben conocer porque es la Palabra de la
salvación. El “oro” y la “plata” del misionero es la Palabra de Dios, avalada y
aquilatada por su vida coherente, entregada y fiel.
15.-
Traducir a gestos y actitudes de amor la Palabra escuchada, contemplada,
rezada, celebrada porque solo así se hace creíble el anuncio del Evangelio, compartiéndola
con los pobres, los enfermos, los sufrientes y los oprimidos por cualquier
causa. Es Palabra de Amor. Es Palabra de Salud. Es Palabra de Libertad. Es
Palabra de Vida.