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Santa Teresa de Jesús - Carmelitas ilustres de la Historia Imprimir E-Mail
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Escrito por Jesús de las Heras Muela - Director de ECCLESIA   
lunes, 08 de octubre de 2007

Características común al Carmelo, reformado y deudor de Santa Teresa, es su afán por la mística experimental. La unión íntima con Dios, mediante el desprendimiento de todo lo creado, el recogimiento y la vida de continua oración. Es la huella de Teresa y de Juan de la Cruz.

Es la semilla que religiosos como ellos –en este caso, Teresa- sembraron en el Carmelo hace 400 años y que ha dado con el tiempo numeroso y brillantes frutos.

Vamos a ver en este artículo un pequeño capítulo de carmelitas ilustres, empezando por Teresa de Jesús, que dejó honda y fructífera su huella entre nosotros. Semilla que dio y da mucho fruto.

Santa Teresa de Jesús

Madre y maestra de toda la vida espiritual, es la gran carismática de la oración. Con encantadora belleza, sencillez y admirable profundidad nos hace la descripción más completa y perfecta de oración en todas sus obras. La oración es para ella el camino más seguro y rápido para llegar a la unión con Dios: “La puerta para entrar en este castillo es la oración” (Mor. 1, 7). Define la oración como un trato de amistad y de amor con Dios.

Beata María de Jesús López de Rivas

(1640) Natural de Tartanedo, provincia de Guadalajara, fue beatificada el 14 de noviembre de 1976. “Letradillo” de la Santa Madre, vivió la profunda contemplación de los misterios de Cristo, en la liturgia y en su alma. “Mi corazón es mi Jesús. Ya no tengo yo de gustar ni querer otra cosa, sino que siempre se haga en mi divina Voluntad”.

Santa Teresa del Niño Jesús

(1873-1897) Beatificada en 1923 y canonizada dos años después por Pío XI. Es, tal vez, la santa más popular, universal y grande de los tiempos modernos. Su carisma especial fue la infancia espiritual, descrito en su “Historia de un alma”. Es patrona de las misiones y Doctora de la Iglesia.

Cimentándose en el texto de Mt 18, 1-4. “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos”. Encierra el secreto de la más sublime santidad evangélica, siempre siendo imprescindible para ello hacerse enteramente como niños ante Dios. De ahí que, según las enseñanzas de la santa de Lisieux, las principales virtudes a cultivar por un hijo de Dios, son las nativas de niño:

-     El amor: el amor filial e infantil, sentirse en los brazos de Dios como el niño en el regazo materno. Amor que lleva a dar gusto a Jesús y a complacerlo en todo, con total desinterés –de ahí le brota a ella su profundo espíritu misionero-.

-     “Mi vocación es el amor… en el corazón de la Iglesia seré el amor”.

-     Confianza y filiar abandono a la voluntad de Dios, que le lleva a la santificación del momento presente.

-     Humildad y sencillez, que son el cimiento de todo el edificio espiritual.

-     Fidelidad a las cosas pequeñas, es el amor el que da valor a lo que hacemos. El egoísmo de lo pequeño es tan sublime como el de lo grande.

Beata Isabel de la Trinidad

(1880-1906) Figura de gran altura espiritual. Ingresa a los 21 años en el Carmelo de Gijón. Descubre su vocación de “alabanza de gloria a la Trinidad”. El misterio de la Inhabilitación de la Santísima Trinidad, es el centro de su vida y de sus escritos. Ella experimentó la presencia de Dios en su alma antes de oír hablar de la Inhabilitación: “Me siento habitada”, manifestó a su confesor, quien al explicárselo, provocó en ella sentimientos de inmensa alegría.

Comenzó su vida Elisabeth (casa de Dios) de la Trinidad, orientada a convertirse en una perfecta alabanza de gloria a la Trinidad.

Otra experiencia sublime fue su configuración con Cristo crucificado. Ser para Él como una “humanidad de añadidura”, donde pueda renovarse su misterio, y, sobre todo, configurarse con su muerte: “Tengo la ilusión de verme transformada, antes de morir, en Cristo crucificado”.

Destacamos también su profunda devoción a la Virgen. Veía en ella el ideal del alma contemplativa. Le atraían especialmente de María la Encarnación, como adoradora del Verbo, toda recogida en Dios hacia dentro.

Santa Edith Stein

(1891-1942) Pensadora alemana de origen hebreo, se formó en la escuela fenomenológica de E. Husler, del que fue auxiliar. Se alista como enfermera voluntaria en un hospital del frente de la primera guerra mundial, recibiendo la medalla al valor.

En 1922 se convirtió al catolicismo. Después de haber leído, de un tirón el libro de la vida de Santa Teresa, exclamó convencida: “Aquí está la verdad”. En 1934 ingresó en el Carmelo de Colonia con el nombre de Teresa Benedicto de la Cruz. Prisionera de los nazis en 1942, murió en Auschwitz, víctima de la persecución anti-judía. Fue beatificado y canonizada por Juan Pablo II, quien la declaró, asimismo, copatrona de Europa.

Transparente el alma de esta gran conversa expresiones como esta: “Mi nostalgia por la Verdad era mi única oración”. “Las decisiones que yo he tomado, siempre procedieron de una hondura que yo misma desconocía”. “Lo que no estaba en mis planes, estaba en el plan de Dios”.

Martiriologio carmelitano

No puede faltar el glorioso capítulo de los mártires: la beata Teresa de San Agustín y sus 15 compañeras de Carmelo de Compiegne. Acusadas de fanatismo en tiempos de la Revolución francesa, su persecución se prolonga desde 1792 hasta 1794, en que fueron guillotinadas tras ser forzadas a abandonar su convento. Este martirio inspiró a George Bernanos su famoso “Diálogo de carmelitas”. Otros 22 carmelos fueron martirizados.

Casi un centenar de carmelitas murieron mártires en la Guerra Civil española, entre ellos Sor Mª Pilar de San Francisco, Mª Ángeles de San José y Teresa del Niño Jesús, mártires del convento de San José de Guadalajara, beatificados por el Papa Juan Pablo II el 29 de marzo de 1987.

Otros ejemplos de santidad

En el siglo XIX dos sacerdotes españoles vivieron, de un modo u otro, su condición carmelitana de manera heroica: San Enrique de Ossó y Cervelló, fundador de la Compañía de Santa Teresa y patrón de los catequistas españoles, y el beato Francisco Palau, fundados de un instituto carmelitano de vida apostólica. Participó también del carisma teresiano, en el siglo XX, el santo andaluz Pedro Poveda Castroverde, fundador de la Institución Teresiana.

América Latina cuenta entre su santoral reciente con una joven carmelita descalza canonizada, Santa Teresita de los Andes, en los albores del siglo XX.

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