Homilía misa solemne de la Virgen Bien Aparecida por Mons. Vicente Jiménez Zamora
Escrito por Ecclesia Digital
lunes, 15 de septiembre de 2008
“Desbordo de gozo con el Señor, y me
alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en
un manto de triunfo, como novia que se adorna con sus joyas” ( Is 61, 10).
Hoy,
día grande de la fiesta de Nuestra Madre La BienAparecida, llegamos ante su bendita Imagen el pueblo
fiel y autoridades; sacerdotes y consagrados; los hijos de la Diócesis de Santander,
que peregrina en Cantabria y en el Valle de Mena; gentes venidas de otras
regiones de España.
La Imagen de La Bien Aparecida, la Virgen de expresión tierna
y misericordiosa, encontró la humilde ventanilla de la ermita de San Marcos,
situada en Somahoz, como el lugar para mostrarse a Cantabria y reinar sobre los
corazones nobles y generosos de esta hidalga tierra. El acontecimiento,
sencillo como la ermita y como los inocentes pastorcillos protagonistas, tuvo
lugar, según la tradición, el 15 de septiembre de 1605.
Estamos
participando en la
Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y misión de la Iglesia, unidos por la
misma devoción a nuestra Patrona, la
Reina de la
Montaña.
Este
año damos gracias a Dios por los 100 años de la presencia bienhechora de los
religiosos trinitarios de este Santuario. Ellos, desde el año 1908, son los
guardianes y custodios fieles de la
Reina coronada de Cantabria. Que la Virgen Bien Aparecida premie
sus desvelos y cuidados.
María,
signo de esperanza
María
es signo de esperanza para el mundo, la Iglesia y los creyentes. “La Madre de Jesús […] precede
con su luz al pueblo de Dios peregrino como signo
de esperanza cierta y de consuelo, hasta que llegue el día del Señor (LG 68).
María
es la encarnación viviente del “resto fiel” del pueblo de Israel, que esperó
contra toda esperanza la venida del Mesías y Salvador. María es la “nueva Hija
de Sión”, que se alegró alborozada ante el anuncio del ángel. La Liturgia latina la llama
en la oración de la Salve, “vida y
dulzura, esperanza nuestra”, y no vacila en aplicarle lo que la Sagrada Escritura
hace decir a la Sabiduría Eterna:
“Yo soy la madre de la santa esperanza” (Ecl 24, 24). María es la mujer descrita
en el libro del Apocalipsis: Apareció una figura portentosa en el cielo. Una
mujer vestida del sol, la luna por pedestal y coronada con doce estrellas” (Ap
12, 1).
María
cerca de Dios y de los hombres
La Iglesia nos invita hoy a
acudir, llenos de esperanza, a la Virgen Bien Aparecida, que está
cerca de Dios y de los hombres. Desde el cielo no se desentiende de sus hijos
de la tierra. Aquí tiene su Santuario, que es nuestra casa. La Iglesia ve a María
presente como Madre e Intercesora en los complejos problemas de los individuos,
las familias y los pueblos. La ve socorriendo al pueblo cristiano en su lucha
incesante contra el mal.
Por
ello la Iglesia
quiere avivar la memoria y devoción de la Virgen María en nuestra
sociedad marcada por el laicismo, por el secularismo, por el indiferentismo
religioso y por la ‘dictadura del relativismo’.
La Virgen nos ayuda a no
dejarnos dominar por el miedo y la desesperanza ante las dificultades actuales
y a comprometernos en la construcción de un mundo nuevo en paz, sin violencia y
terrorismo, más justo, más fraterno, más solidario. La Virgen nos invita a poner
nuestra esperanza sólo en Dios, que “derriba del trono a los poderosos y
enaltece a los humildes” (Lc 1, 52).
La Madre de Dios nos mueve a
transformar con la fuerza del Evangelio de su Hijo Jesús los criterios de juicio,
las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la
humanidad que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación
(cfr. EN 19).
Líneas
prioritarias de acción pastoral para el curso 2008-2009
En este día
confiamos a los cuidados de Nuestra Madre y Reina La Bien Aparecida la
programación pastoral de la
Diócesis para el curso 2008-2009: la iniciación cristiana; las vocaciones sacerdotales y a la vida
consagrada; las Unidades Pastorales.
Madre Bien Aparecida:
en un momento de decaimiento religioso generalizado, de enfriamiento de la fe y
de debilidad apostólica de nuestras comunidades cristianas, enséñanos a
apreciar y valorar la fe como un tesoro, que no podemos esconder, sino que
debemos anunciar con alegría, celebrar con dignidad y testimoniar con valentía.
Reina y Madre de la Montaña: suscita entre los
hijos e hijas de las famitas cristianas de Cantabria, vocaciones de nuevos
sacerdotes y misioneros, religiosos y religiosas al servicio del Reino y de la
civilización del amor.
Nuestra Señora Bien
Aparecida: haz que fomentemos la pastoral de conjunto de sacerdotes,
consagrados y fieles laicos en las llamadas Unidades Pastorales de nuestras
parroquias, con los criterios de comunión, misión, corresponsabilidad,
formación para el compromiso, pastoral organizada, en clima de fraternidad
sacerdotal y apostólica, en la caridad y la solidaridad.
Que la Eucaristía, fuente y
cumbre de toda nuestra vida cristiana, nos revista de la fuerza de lo Alto,
para ser testigos valientes y esperanzados de tu Hijo Jesús, el Camino que nos conduce al Padre, la Verdadque nos hace libres y la Vidaque nos colma de alegría. Amén