Callen las palabras, hablen las obras por Mons. Francisco Pérez González Arzobispo Pamplona-Tudela
Escrito por Ecclesia Digital
domingo, 17 de agosto de 2008
Recuerdo que un día un amigo mío con dotes extraordinarias
y muy entregado a los demás tuvo una enfermedad que le hizo perder totalmente la voz. Su voz era el medio
único que tenía para poder transmitir su experiencia de fe y la enseñanza de la
misma.
Como sacerdote debía estar siempre en
reuniones, celebraciones litúrgicas, asambleas de todo tipo. Me quedé
impresionado cuando sutilmente le oí decir: “Esto
me hace comprender lo que decía San Antonio Abad: ‘que callen las palabras y
hablen las obras’”. Su labor exquisita y su amor a la gente tal vez hacen
más que sus discursos. No son las palabras la que convencen, ni los análisis
sesudos los que convierten, ni las críticas por muy finas que estas sean, las
que llevan a la vida de la fe.
Son los gestos llenos de amor de Dios, son las obras
sencillas y prácticas que mueven los corazones de los demás.
Dentro de dos meses, en Roma, se abrirá el Sínodo Ordinario para
reflexionar sobre la Palabra de Dios. Todos estamos de acuerdo con aquello que
decía Pablo VI: que hoy se oye más a los testigos que a los maestros y aún a
estos se los oirá si son también testigos. La Nueva Evangelización
nos está pidiendo ser fiel reflejo de aquello que profesamos; si somos
cristianos se nos ha de notar y de modo especial en la obras. Nunca ha
valido la afirmación de muchos que sostienen, hasta con orgullo, que son
creyentes pero no practican. Es una contradicción racional y existencial. No
sirven hoy cristianos de este modo de ser; sencillamente, no son cristianos
porque no viven lo que afirman creer.
Apuesto por una reforma vital puesto que ya no sirven las palabras o las
hermosas formulaciones. Necesitamos una restauración a fondo en la vida de los
creyentes. El paganismo, el laicismo y el materialismo han robado la fe de
muchos creyentes. Por ello debemos renovar nuestra vida con una mayor
intensidad de oración. El cristiano vivo es el que se acerca a las fuentes de
la Vida que son la oración y los Sacramentos. La comunidad cristiana se
alimenta del Amor de Dios que se hace gracia y belleza en lo más íntimo de
nosotros mismos. Invito que a todos los sacerdotes, consagrados y fieles de
nuestra Diócesis a que proyectemos este nuevo Curso 2008-2009 rogando
insistentemente a Dios que nos conceda mayor experiencia de fe, esperanza y
caridad. Pongamos los medios para que esto se haga posible y no olvidemos que la
gracia y fuerza de Dios no nos van a faltar. Desde mi entrada en la Diócesis
así lo dije: “Dejemos que el protagonista
entre nosotros sea Jesucristo al que hemos de adorar, amar y servir”. Y
¿cómo lo podremos hacer? Adorándole en el Santísimo Sacramento (ya
tenemos la
Adoración Perpetua y también en las Parroquias, en las
Comunidades y en los Monasterios en momentos concretos). Amándole de tal
forma que él habite con su gracia en nuestras personas y recreando la
fraternidad entre nosotros. Sirviéndole en los pobres y necesitados.
Dejemos que las palabras callen y las obras hablen.