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INVOCACIÓN FINAL AL ESPÍRITU SANTO
Para que derrame un nuevo
Pentecostés sobre los jóvenes y sobre la entera humanidad
(Había prometido concluir este serial de crónicas con una
oración, con una invocación al Espíritu Santo. Así hago, recién regresado de un
día de asueto –mi último día ya en Sídney- recorriendo las montañas azules, un
extraordinario espectáculo de la naturaleza, un don a Australia y a la unida
del Dios Padre Creador, que todo lo hizo bueno, y por El y por Hijo, nos envía
al Espíritu Santo que hace que todo sean grande, bueno y hermoso en nosotros.) 
Ven,
Espíritu Santo, ven y derrama tu gracia, tu fuerza, tu luz, tu vida sobre
nuestros jóvenes y sobre la entera humanidad. Durante estos días hemos invocado
tu efusión para un nuevo Pentecostés sobre la Iglesia y el mundo. Envíanos tus
siete dones, transfórmanos y renueva la faz de la tierra.
Padre amoroso del pobre: Te
pedimos la juventud pobre de Dios y pobre del hombre. Por los jóvenes que no
creen o viven en la indiferencia religiosa. Por los que están temerosos o
indecisos. Por los jóvenes sin pan, sin techo, sin trabajo. Por los jóvenes
emigrantes o refugiados. Por los jóvenes víctimas de cualquier violencia.
Don, en tus dones espléndido: Necesitamos la sabiduría, la inteligencia, el
consejo, la fortaleza, la ciencia, la piedad y temor de Dios que solo vienen de
lo Alto. De nada como de tus siete dones están nuestros jóvenes y con ellos
todos nosotros más necesitados.
Luz, que penetra las almas: Proyecta tu resplandor sobre nuestras dudas y
vacilaciones. Haznos entender y vivir que la Palabra de Dios es lámpara para
nuestros pasos, luz en nuestro sendero y haz que sepamos reflejar con nuestro
ejemplo y testimonio esta luz a los demás.
Fuente del mayor consuelo y Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta
en los duelos: Te
rogamos por todos los que sufren, por los jóvenes enfermos y con cualquier
clase de problema o dificultad. Sana sus cuerpos y sus almas. Sé para todos
consuelo, goza y esperanza.
Dulce huésped del alma: Ayuda a nuestros jóvenes a descubrir que son templos tuyos, morada de
Dios. Fomenta su inquietud por la vida interior, por la oración y la vida
sacramental. Ayúdales a que sientan la necesidad de la mejor formación
cristiana posible.
Divina luz que nos enriquece: proyéctate sobre las vidas de nuestros jóvenes. Que
no se vean atrapados por la ola sin fin de consumismo, del materialismo, de la
dictadura de las modas y del relativismo, del hedonismo, del pansexualismo, del
secularismo que todo lo ahoga y marchita.
Descanso de nuestro esfuerzo, Tregua en el duro trabajo y Brisa en las horas de fuego: premia con tu paz y tu
bonanza nuestros trabajos y anhelos en pro de la pastoral juvenil. La Iglesia
quiere ser siempre amiga de los jóvenes. Premia los quehaceres de esta XXIII
JMJ Sídney 2008 y rocía ya con tu gracia la XXVI JMJ Madrid 2011.
VEN, SÍ, ESPÍRITU SANTO, VEN, Y DESDE
SÍDNEY ENVÍA A TODOS LOS RINCONES DEL ORBE UNA NUEVA EFUSIÓN, UNA NUEVA
REGENERACIÓN, UN NUEVO PENTECOSTÉS PARA QUE LOS JÓVENES, PROFECÍA DE UNA NUEVA ERA,
SEAN APASIONADOS Y CREIBLES TESTIGOS DE JESUCRISTO. AMÉN.
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