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JMJ SYDNEY 2008 - Desde el cenáculo de Sídney (29) por Jesús de las Heras Muela Imprimir E-Mail
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Escrito por Jesús de las Heras Muela - Director de Ecclesia   
lunes, 21 de julio de 2008

TODO TIENE SU FIN

El Papa se despide de Sídney con tres actos y llega a Roma en la noche del lunes 21 de julio

 Todo tiene su fin. Y también la XXIII JMJ Sídney 2008 y el viaje del Papa Benedicto XVI a Australia, su noveno viaje internacional y el más largo. A las 23 horas de este lunes 21 de julio está prevista su llegada al aeropuerto romano de Ciampino, tras veintiuna horas de vuelo.

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 En tres actos se ha ido despidiendo Benedicto XVI de la JMJ y de Australia. En la tarde ayer fue con los organizadores y benefactores de la Jornada, en la catedral; en la mañana de hoy, en Domain, con los voluntarios –esa esplendora, abnegada, generosa e imprescindible legión de gentes para los demás-; y también en esta misma mañana, con las autoridades y con todos, en el aeropuerto internacional “Kingford Smith” de Sídney, donde le esperaba ya un avión de la Quantas para realizar, como es habitual el viaje de regreso, en una avión de la compañía aérea de bandera del país anfitrión.

 

“Hay más alegría en dar que en recibir”

 

 La palabra “gracias” ha sido la más repetida por el Papa en sus encuentros con los organizadores y benefactores y con los voluntarios de la JMJ. A ambos colectivos les ha recordado que hay siempre más alegría en dar que en recibir, y que ellos han dado mucho, han prestado un servicio sin el cual no habría sido posible el éxito de esta XXIII JMJ, que ha asistido a la mayor concentración humana de católicos y de personas –más de cuatrocientos mil han sido los peregrinos- de la historia de Australia.

 Para el Papa se ha tratado de “una semana verdaderamente memorable”, de “una espléndida experiencia”. Sus días en Australia, la XXIII JMJ Sídney 2008 ha visibilizado “una viva expresión de la unidad en la diversidad de la Iglesia universal”, en prenda y anticipo de esa unidad y armonía que siempre anhelan la familia humana, el corazón del hombre y la comunidad eclesial. Ha sido, sí, una inolvidable experiencia de Iglesia, una abundante, generosa y prometedora siembra de Evangelio, una constante y multimedia invocación al Espíritu para que derrame sobre este cenáculo de Sídney y sobre toda la humanidad un nuevo Pentecostés.

 

Las JMJ pertenecen a los jóvenes

 

 “En estos días pasados, sobre el escenario, los actores principales han sido, obviamente, los jóvenes. La Jornada Mundial de la Juventud les pertenece a ellos. Son ellos quienes hacen de esta Jornada un evento eclesial de carácter global, una gran celebración de la juventud, una gran celebración de lo que deben ser la Iglesia, el Pueblo de Dios en medio del mundo, unido en la fe y en el amor y hecho capaz a través del Espíritu de dar testimonio de Jesucristo resucitado hasta los confines de la tierra”.

 Por ello, el Papa en sus últimas palabras en Sídney daba las gracias a los jóvenes por haber venido hasta el lugar, por haber participado en la XXIII JMJ y por los grandes esfuerzos realizados para estar aquí. “Por ello –subrayaba- es toda la Iglesia la que está agradecida”.

Agradecida y esperanzada (añado yo) porque –a pesar de tantos agoreros de turno y de oficio- las JMJ siembran y suscitan una esperanza que nadie nos la puede arrebatar. Y es que la JMJ nos ha demostrado que la Iglesia puede alegrarse de los jóvenes hoy y confiar en ellos, pues en ellos “se colma la esperanza para el mundo del mañana” y estos días e iniciativas como estas son “un testimonio elocuente de la obra vivificante del Espíritu Santo, presente y activo en el corazón de nuestros jóvenes”.

 

Y ya, la penúltima

 

 Titulaba y escribía al comienzo de esta crónica -¡ya la 29!- que todo tiene su fin… Pues también este servicio especial desde Sídney. Me quedan horas de estancia en esta hermosísima e inolvidable ciudad del sureste de la gran, remota y desconocida tierra austral del Espíritu Santo.

Espero, con todo, poder poner el punto final –siquiera el punto y aparte- con una nueva crónica, la trigésima, que quiero que sea una oración, una plegaria al Espíritu Santo, un nueva secuencia del Pentecostés que ha sido el cenáculo de Sídney.

 Por si acaso…, gracias, muchas gracias, a todos los queridos internáutas de ECCLESIA DIGITAL por vuestro apoyo y  el tan notable seguimiento a nuestra web siempre y ahora durante estos días. Lo hacéis desde los más distintos mares y océanos. Lo hacéis en red de redes. Ha sido un honor poder serviros desde Sídney al igual que lo sido para nuestra redacción desde España, tan puntual, atenta y generosa como siempre.

Todo tiene su fin… Y ahora el cenáculo de Sídney deberá ahora llegar, a todos los rincones de nuestra Iglesia y de nuestra humanidad con la efusión de sus dones, los dones del Espíritu, y el testimonio del Señor Jesús, que siempre da más, lo da todo. 

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