CIUDAD DEL
VATICANO, 20 JUL 2008 .- En el Ángelus que siguió a la Santa Misa, Benedicto XVI propuso a los
jóvenes una reflexión sobre María, "mujer joven en coloquio con el ángel
que la invita, en nombre de Dios, a una entrega particular de sí misma, de su
vida, de su futuro como mujer y madre".
"Podemos imaginar cómo María
se sentía en aquel momento: trepidante, arrollada por la perspectiva que se
abría ante sus ojos", observó el Papa, que explicó cómo "el ángel
comprendió su preocupación e inmediatamente intentó tranquilizarla" con
las palabras: "No temas María, el Espíritu Santo descenderá sobre
tí". Fue el Espíritu quien le dio fuerza y valor para responder a la
llamada del Señor, (...) quien la ayudó a comprender el gran misterio que se
iba a cumplir por medio de ella".
"Esta escena constituye,
probablemente, el momento cumbre en la historia de la relación de Dios con su
pueblo. En el Antiguo Testamento Dios se había revelado de forma parcial y
gradual, como hacemos todos en nuestras relaciones personales. (...) La Alianza
con Israel fue como un período de (...) largo noviazgo hasta que llegó el
momento definitivo, el matrimonio, la realización de una alianza nueva y
eterna. En aquel momento María, ante el Señor, representaba a toda la
humanidad. En el mensaje del ángel Dios lanzaba una propuesta de matrimonio a
la humanidad. Y en nuestro nombre, María dijo sí".
"En los cuentos -prosiguió el
pontífice- la historia termina aquí "y vivieron felices y contentos".
Pero en la vida real no es tan fácil. María tuvo que enfrentarse a muchas
dificultades aconsecuencia de aquel sí
(...). Simeón profetizó que una espada le atravesaría el corazón. Cuando Jesús
tenía doce años pasó los peores momentos que cualquier madre puede experimentar
cuando, durante tres días,perdió a su
Hijo. Y después de la actividad pública de Jesús, sufrió la agonía de estar
presente en su crucifixión y muerte. A través de tantas pruebas, permaneció
siempre fiel a su promesa, sostenida por el Espíritu de fortaleza. Y fue
recompensada con la gloria".
"También nosotros debemos
permanecer fieles al sí con que aceptamos la oferta de amistad por parte del
Señor. Sabemos que no nos abandonará nunca (...) que nos sostendrá siempre con
los dones del Espíritu. María aceptó la "propuesta" del Señor en
nuestro nombre. Dirijámonos a ella y pidámosle que nos guíe en las dificultades
para permanecer fieles a la relación vital que Dios entabló con cada uno de
nosotros".
Después de rezar el Ángelus
Benedicto XVI saludó en italiano,
francés, alemán, español y portugués a los jóvenes de distintos países que
llenaban el Hipódromo. Y se despidió con estas palabras: "Ha
llegado el momento de decirnos adiós, o mejor hasta pronto. Os doy las gracias
por haber participado en la Jornada Mundial de la Juventud 2008 en Sydney y
espero volver a veros dentro de tres años. La Jornada Mundial de la
Juventud 2011 se celebrará en Madrid, en España. Hasta entonces recemos
unos por otros y demos al mundo nuestro gozoso testimonio de Cristo".