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Queridos amigos
Dirijo un cordial saludo de paz y amistad a todos los que
estáis aquí en representación de las diversas tradiciones religiosas presentes
en Australia. Me alegra tener este encuentro y doy las gracias al Rabino Jeremy
Lawrence y al Jeque Femhi Naji El-Imam por las palabras de bienvenida que me
han dirigido, en su nombre y en nombre de vuestras respectivas comunidades. 
Australia es (…) una nación que tiene en gran
consideración la libertad religiosa. Vuestro País reconoce que el respeto de
este derecho fundamental da a los hombres y mujeres la posibilidad de adorar a
Dios según su conciencia, de educar el espíritu y de actuar según las convicciones
éticas que se derivan de su credo.
La armoniosa correlación entre religión y vida pública es
especialmente importante en una época en la que algunos han llegado a pensar
que la religión es causa de división en vez de una fuerza de unidad. En un mundo
amenazado por siniestras e indiscriminadas formas de violencia, la voz concorde
de quienes tienen un espíritu religioso impulsa a las naciones y comunidades a
solucionar los conflictos con instrumentos pacíficos en el pleno respeto de la
dignidad humana. Una de las múltiples modalidades en que la religión se pone al
servicio de la humanidad consiste en ofrecer una visión de la persona humana
que subraya nuestra aspiración innata a vivir con magnanimidad, entablando
vínculos de amistad con nuestro prójimo. Las relaciones humanas, en su íntima
esencia, no se pueden definir en términos de poder, dominio e interés personal.
Por el contrario, reflejan y perfeccionan la inclinación natural del hombre a
vivir en comunión y armonía con los otros.
El sentido religioso arraigado en el corazón del ser humano abre a hombres y
mujeres hacia Dios y los lleva a descubrir que la realización personal no
consiste en la satisfacción egoísta de deseos efímeros. Nos guía más bien salir
al encuentro de las necesidades de los otros y a buscar caminos concretos para
contribuir al bien común. Las religiones de¬sem¬peñan un papel particular a
este respeto, en cuanto enseñan a la gente que el auténtico servicio exige
sacrificio y autodisciplina, que se han de cultivar a su vez mediante la
abnegación, la templanza y el uso moderado de los bienes naturales. (…)
Amigos, estos valores –estoy seguro que estaréis de acuerdo– son
particularmente importantes para una adecuada formación de los jóvenes, que
frecuentemente están tentados de considerar la vida misma como un producto de
consumo. Sin embargo, también ellos tienen capacidad de autocontrol. De hecho,
en el deporte, en las artes creativas o en los estudios, están dispuestos a
aceptar de buena gana estos compromisos como un reto. (…) En esta perspectiva,
tanto las escuelas confesionales como las estatales podrían hacer más para
desarrollar la dimensión espiritual de todo joven. En Australia, como en otros
lugares, la religión ha sido un factor que ha motivado la fundación de muchas
instituciones educativas, y por buenas razones sigue teniendo hoy un puesto en
los programas escolares. El tema de la educación aparece con frecuencia en las
deliberaciones de la Organización Interfaith Cooperation for Peace and Harmony,
y aliento vivamente a los que participan en esta iniciativa a continuar en su
análisis de los valores que integran las dimensiones intelectuales, humanas y
religiosas de una educación sólida.
(…) Hombres y mujeres no solamente están dotados de la capacidad de imaginar
cómo podrían ser mejores las cosas, sino también de emplear sus energías para
hacerlas mejores. Somos conscientes de lo peculiar de nuestra relación con el
reino de la naturaleza. Por tanto, si creemos que no estamos sometidos a las
leyes del universo material del mismo modo que el resto de la creación, ¿no
deberíamos hacer también de la bondad, la compasión, la libertad, la
solidaridad y el respeto a cada persona un elemento esencial de nuestra visión
de un futuro más humano?
La religión, además, al recordarnos la limitación y la debilidad del hombre,
nos impulsa también a no poner nuestras esperanzas últimas en este mundo que
pasa. (…) La universalidad de la experiencia humana, que transciende las
fronteras geográficas y los límites culturales, hace posible que los seguidores
de las religiones se comprometan a dialogar para afrontar el misterio de las
alegrías y los sufrimientos de la vida. Desde este punto de vista, la Iglesia
busca con pasión toda oportunidad para escuchar las experiencias espirituales
de las otras religiones. Podríamos afirmar que todas las religiones aspiran a
penetrar el sentido profundo de la existencia humana, reconduciéndolo a un
origen o principio externo a ella. Las religiones presentan un tentativo de
comprensión del cosmos, entendido como procedente de dicho origen o principio y
encaminado hacia él. Los cristianos creen que Dios ha revelado este origen y
principio en Jesús, al que la Biblia define «Alfa y Omega» (cf. Ap 1, 8; 22,
1).
Queridos amigos, he venido a Australia como embajador de paz. Por eso me alegra
encontrarme con vosotros que también compartís este anhelo y el deseo de ayudar
al mundo a conseguir la paz. Nuestra búsqueda de la paz procede estrechamente
unida a la búsqueda del sentido, pues descubriendo la verdad es como encontramos
el camino hacia la paz (cf. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2006).
Nuestro esfuerzo para llegar a la reconciliación entre los pueblos brota y se
dirige hacia esa verdad que da una meta a la vida. La religión ofrece la paz,
pero –lo que es más importante aún– suscita en el espíritu humano la sed de la
verdad y el hambre de la virtud. (…)
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