Benedicto XVI en Australia: aliento no sólo para jóvenes
Escrito por Eleuterio Fernández Guzmán
viernes, 18 de julio de 2008
Cuando el Santo Padre subió, por decirlo así, al Muelle Barangaroo, de Sydney, para dirigir
un Discurso a los miles de jóvenes que allí habían llegado desde todos los
continentes de la Tierra, muchas personas estarían pensando que iba a
dirigirles un mensaje al uso, muy propio de alguien que, en su senectud, se
dirige a los que podrían ser sus nietos. Es posible que algún consejo de
persona con experiencia en la vida (son más de 80 años los que tiene el Papa
alemán) y poco más.
Sin embargo, como pasa siempre con el teólogo que fue elegido, por el
Espíritu, para ocupar la silla que había dejado vacante Juan Pablo II Magno,
volvió a sorprender porque, en realidad, lo que allí dijo no iba dirigido, solamente,
a los centenares de miles de personas con edad con la que se determina que aún
no son adultas (al menos, en cuanto a tiempo vivido se refiere) sino, más bien,
y con una visión (muy propia de Benedicto XVI) que iba más allá de los que le
escuchaban directamente y a los que, en principio, era de esperar que se
dirigiera en exclusiva.
Y volvió a sorprender.
El mismo
comienzo del Discurso decía, seguramente, que lo que iba a pronunciar, era algo
más que un mero trámite (porque, en realidad, no lo fue nunca con Juan Pablo II
Magno ni ahora tampoco lo iba a ser) Dijo que deseaba “Agradecer a los ancianos
de los aborígenes que me han dado la bienvenida antes de subir al barco en la
Rose Bay”. En realidad, siendo él mismo un anciano (un tanto especial, por
supuesto) no iba a discriminar, por muchos jóvenes que le estuvieran esperando,
a aquellos que, como él, ya han recorrido un gran tramo de su peregrinación por
esta tierra y caminan hacia el definitivo Reino de Dios.
Pero eso sólo
era el principio.
Algunas perlas
que ha dejado dichas Benedicto XVI en el citado Discurso han sido las
siguientes-
1.-“Pensad
también en vuestros abuelos y vuestros padres, vuestros primeros maestros en la
fe. También ellos han hecho innumerables sacrificios, de tiempo y energía,
movidos por el amor que os tienen. Ellos, con apoyo de los sacerdotes y los
enseñantes de vuestra parroquia, tienen la tarea, no siempre fácil pero
sumamente gratificante, de guiaros hacia todo lo que es bueno y verdadero,
mediante su ejemplo personal y su modo de enseñar y vivir la fe cristiana”
La palabra
“sacrificio” hoy día no es muy bien vista porque supone un esfuerzo que
conlleva un desgaste mayor: se pierde, por así decirlo, integridad propia para
ayudar a otros a que la tengan, alcancen o incrementen. Por eso dice Benedicto
XVI que supone, tal actuación en beneficio del prójimo, “tiempo y energía”. Del
primero muchas veces decimos no disponer cuando, en realidad, lo que no
queremos es poder hacer disposición de él para las realidades espirituales; de
la segunda, otras tantas veces hacemos uso de ella para cumplir deseos propios,
seguramente egoístas y no, precisamente, en poner nuestras manos, brazos y
corazón donde, en realidad, hacen falta.
Sin embargo,
cuando se hace uso del propio tiempo y energía en aras del bien ajeno es bien
cierto que es “sumamente gratificante” porque, en realidad, hemos sido capaces
de gozar de los “sabores divinos” que sólo aquellos que saben darse a los demás
son capaces de gustar.
2.-“También
en nuestra vida personal y en nuestras comunidades podemos encontrar
hostilidades a veces peligrosas; un veneno que amenaza corroer lo que es bueno,
modificar lo que somos y desviar el objetivo para el que hemos sido creados”
Es un aviso,
éste, para aquellos casos en que la cizaña pueda estar sembrándose en nosotros
mismos y, lo que es peor (para la fe de la Iglesia) en las comunidades
eclesiales a las que pertenecemos.
Por eso avisa el
Papa del triple efecto de tales conductas: corroen lo bueno, modifican lo que,
en realidad, somos y, también, nos hacen cambiar el objetivo “para el que hemos
sido creados”.
Tales
aseveraciones, que no provienen de alguien sin conocimiento, seguramente, de
causa, nos han de hacer evitar tales comportamientos que, al fin y al cabo,
acaban dañando la vida de la Esposa de Cristo, verdadera casa del Amor de Dios.
3.-“El
relativismo, dando en la práctica valor a todo, indiscriminadamente, ha hecho
que la «experiencia» sea lo más importante de todo. En realidad, las
experiencias, separadas de cualquier consideración sobre lo que es bueno o
verdadero, pueden llevar, no a una auténtica libertad, sino a una confusión
moral o intelectual, a un debilitamiento de los principios, a la pérdida de la
autoestima, e incluso a la desesperación”
Todo no vale.
Con esto, lo que el Santo Padre ha querido decirnos a todos es que, en
realidad, lo que muchas veces presenta el mundo como bueno, como aceptable y
como apetecible no es más que una trampa para que caigamos en ella y nos
alejemos de Dios y de la doctrina que Cristo vino a traer que no era otra que
el verdadero cumplimiento de la Palabra de Dios.
No cabe, por lo
tanto, alejarse de lo que es “bueno o verdadero” porque esto supone un decir
adiós a Dios.
Hacer tal cosa
es, al fin y al cabo, despedirse de una certeza moral con la que es más fácil
enfrentarse a las situaciones que, por el discurrir de la vida, se nos puedan
presentar; un dejar abatidos los valores que nos identifican como hijos de Dios
y, sobre todo y al final de tal corto recorrido humano, un acabar pensando que,
en realidad, nada somos (pero no en el sentido de compararnos con Dios sino en
el de creernos que, para el mundo actual y los valores que defiende, no valemos
nada porque se nos ha quitado la verdadera ilusión por vivir al desaparecer los
fundamentos que lo hacían aceptable y gozoso)
4.-“Queridos
amigos, la vida no está gobernada por el azar, no es casual. Vuestra existencia
personal ha sido querida por Dios, bendecida por él y con un objetivo que se le
ha dado”
¿Cuántas veces olvidamos,
jóvenes y no tan jóvenes, que la vida no es nuestra; que, en realidad, es un
don de Dios?
Es en tal olvido
donde reside la aberrante lacra del aborto y de la eutanasia. En el primero se
hace uso de una persona como si la persona no lo fuera, como si fuera “algo” a
lo que se puede eliminar como si no tuviera personalidad y no fuera semejanza
de Dios. Esa forma de actuar supone un puro endiosamiento porque se pretende
hacer con una vida lo que no nos está permitido.
Por otra parte,
con la eutanasia se manipula la vida humana de tal forma que da la impresión de
que no tiene importancia, que es algo de lo que se puede prescindir sin perder
nada a cambio; sin, siquiera, pensar, que nadie tiene el derecho a condenar a
muerte (ni sin juicio ni, como aquí, con juicio) a otro ser humano con la
“sana” intención de hacer que no sufra más.
5.-“Queridos
amigos, en casa, en la escuela, en la universidad, en los lugares de trabajo y
diversión, recordad que sois criaturas nuevas. Cómo cristianos, estáis en este
mundo sabiendo que Dios tiene un rostro humano, Jesucristo, el ‘camino’ que
colma todo anhelo humano y la «vida» de la que estamos llamados a dar
testimonio, caminando siempre iluminados por su luz”
“Dar testimonio”.
Es una misión a la que estamos obligados los cristianos (y, aquí, católicos)
por especial mandato de Cristo. En Pentecostés no sólo se envió a los
discípulos que, por decirlo así, veían a Jesucristo sino que se produjo un, a
modo, de extensión que va más allá del tiempo, que es eterna, en la necesidad
de transmitir lo que sabemos que es bueno, lo que conocemos con gozo; de lo
que, en fin, somos portadores: la Palabra de Dios y lo que, sobre todo, tiene
como consecuencia para nuestras vidas y para las vidas de los demás.
6.-“¿Sabemos
reconocer que la dignidad innata de toda persona se apoya en su identidad más
profunda –como imagen del Creador– y que, por tanto, los derechos humanos son
universales, basados en la ley natural, y no algo que depende de negociaciones
o concesiones, fruto de un simple compromiso?”
Es bien cierto
que en el mundo de hoy, donde el relativismo lo ocupa casi todo, pensar que los
derechos humanos son modificables, cambiables, adaptables a los gustos del que
ostenta el poder, atenta, directamente contra Quien donó tales derechos humanos
al hombre; contra Quien, con su voluntad y, sobre todo, con una misericordia a
prueba de todas las trampas que le puso y pone el ser humano,ha sabido otorgar dignidad “innata a toda
persona” que, muchas veces, trata de ser violentada. Y eso es una actuación
contraria, más que nada, a Dios.
7.-“Habéis
sido recreados en el Bautismo y fortalecidos con los dones del Espíritu en la
Confirmación precisamente para dar testimonio de esta realidad. Que sea éste el
mensaje que vosotros llevéis al mundo desde Sydney”.
En tal sentido,
todos hemos sido vueltos a crear en el Bautismo, con el perdón del pecado
original y la efusión del Espíritu Santo en nuestro corazón. Por eso, todos (y
no sólo los jóvenes aunque también especialmente ellos) los que, en la
Confirmación, hemos hecho manifestación, de adhesión a Dios, a Cristo, a su
Esposa y al mismo Espíritu Santo que nos fortalece, no podemos quedar callados
ante el mundo porque las realidades espirituales que nos adornan nos facilitan
llevar a cabo tal transmisión.
Por eso hemos de
ser portadores, aquí donde estamos, en nuestra vida ordinaria, en nuestra
familia, en nuestro trabajo, en nuestro entorno social, de la Verdad que, con
grandeza, nos ha vuelto a recordar Benedicto XVI.
Y es que, en verdad
es franca esta apreciación que hacemos, nunca se sabe qué camino de fe y de
esperanza nos va descubrir el que, venido de tierras alemanas, sabe llevar, de
forma tan espléndida, las llaves que Cristo entregó a Pedro.