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Cardenal George Pell, Arzobispo de
Sydney
Cardenal George Pell, Arzobispo de Sydney
Todos sabemos que Cristo nuestro Señor
es a menudo descrito como el Buen Pastor del salmo responsorial de hoy. Nos
han dicho que él nos guía a aguas tranquilas, reaviva nuestros espíritus
decaídos y nos permite descansar en paz. Profundizando en esta imagen, Jesús
una vez explicó que el buen pastor estaba preparado para dejar sus 99 ovejas
e ir a buscar la que se le había perdido. Hoy en día, pocos países tienen
pastores que cuidan de sólo 20 ó 30 ovejas, y en Australia con grandes
granjas y rebaños, el consejo de Nuestro Señor no es muy práctico.
Si la oveja perdida fuera valiosa y
saludable, entonces puede tener sentido dedicar un tiempo para buscarla. De
otra manera, usualmente sería abandonada o su ausencia no sería notada. Jesús
decía que tanto Él como Su Padre no son así, porque Él conoce cada una de Sus
ovejas y como un buen padre va en búsqueda de la oveja perdida que ama, en
particular si está enferma, en problemas o si no puede valerse por sí misma.
Al inicio de esta Misa les di la bienvenida a todos ustedes a esta semana de
la Jornada Mundial de la Juventud y nuevamente se las ofrezco ahora. Sin
embargo, no quisiera empezar con las 99 ovejas saludables, aquellos de
ustedes que se encuentren ya abiertos al Espíritu Santo y que quizás ya han
sido testigos firmes de su fe y amor. Comenzaré dándoles la bienvenida y
animando a todos los que se consideren perdidos, en angustia profunda, con
pocas esperanzas o incluso exhaustos.
Sean jóvenes o ancianos, mujeres u
hombres, Cristo sigue llamando a aquéllos que sufren a que se acerquen a Él
para sanarlos, así como lo ha venido haciendo durante 2.000 años. Las causas
de las heridas son secundarias, ya sea por drogas, alcohol, crisis familiar,
la lujuria de la carne, soledad o muerte. Y quizás hasta el vacío del éxito.
El llamado de Cristo es para todos los que sufren, no sólo para católicos o
personas de otras religiones, sino especialmente para aquéllos sin religión.
Cristo les está llamando para regresar a casa, para vivir el amor, la
reconciliación y la comunión.
Nuestra primera lectura hoy fue del
libro de Ezequiel, que junto con Isaías y Jeremías, fue uno de los tres
grandes profetas judíos. Muchas partes de Australia todavía sufren sequía y
es por eso que todos los australianos comprenden lo que es un valle de huesos
secos y esqueletos sin carne. Esta visión desalentadora es ofrecida en primer
lugar a todos ustedes e incluso a aquellas personas tentadas de decir:
"no tenemos más esperanzas, nos sentimos como muertos". Esto nunca
es verdad mientras todavía podamos elegir. Mientras haya vida, siempre estará
la opción de esperanza y con la esperanza en Cristo llega la fe y el amor.
Hasta el final estamos siempre en posición de elegir y actuar. Esta visión
del valle de los huesos secos, la más espectacular en toda la Biblia, fue
dada cuando la mano de Dios vino sobre Ezequiel mientras los judíos estaban
cautivos en Babilonia, probablemente antes y no después, en el siglo VI antes
de Cristo. Durante 150 años el destino político del pueblo judío estuvo en
decadencia, primero en manos de los asirios, y luego en el año 587 antes de
Cristo llegó la derrota catastrófica final y su viaje al exilio.
El pueblo judío había perdido las
esperanzas y se sentía impotente para cambiar su situación. Ésta es la
historia de la versión dramática de Ezequiel donde los muertos estaban
ciertamente muertos y los esqueletos se habían tornados blanquecinos debido a
que las aves de rapiña les habían despojado de sus carnes. Fue el inmenso
campo de batalla de los cuerpos no enterrados. Un Ezequiel dubitativo y
reacio fue incitado por Dios a profetizar sobre aquellos huesos, y mientras
lo hacía, los huesos se precipitaron todos juntos de forma ruidosa creando un
terremoto. Los tendones se unieron a los huesos, y carne y piel vistieron los
cadáveres. Luego en otro episodio, el aliento o el Espíritu, vino de los
cuatro rincones de la tierra mientras los cuerpos "volvían a la vida
nuevamente y se paraban sobre sus pies formando un ejército grande e
inmenso".
Mientras nosotros vemos esta visión
como una prefiguración de la resurrección de los muertos, los judíos de los
tiempos de Ezequiel no creían en tal concepto después de la vida. Para ellos,
el inmenso ejército resucitado representaba a todo el pueblo judío, a
aquéllos del reino del norte llevados a Asiria, a aquéllos en casa y a
aquéllos en Babilonia. Los judíos iban a ser reconstituidos como un pueblo en
su propia tierra y sabrían que el único verdadero Dios había hecho esto. Y
todo esto vino a suceder. Por los siglos nosotros los cristianos hemos usado
este pasaje litúrgico en Pascua, especialmente para el Bautismo de
catecúmenos en la noche del Sábado Santo y es, por supuesto, una imagen
poderosa de la verdadera fuerza regenerativa de Dios para esta vida y la
eternidad.
La sabiduría secular proclama que el
leopardo no cambia sus manchas, pero nosotros los cristianos creemos en el
poder del Espíritu para convertir y cambiar a las personas del mal al bien;
del miedo e incertidumbre a la fe y la esperanza. Los creyentes nos vemos
alentados por la visión de Ezequiel, porque conocemos el poder del perdón de
Dios, la capacidad de Cristo y la tradición católica que provoca el
nacimiento de nueva vida incluso en circunstancias poco probables. Ese mismo
poder vislumbrado en la visión de Ezequiel se nos ofrece hoy, a todos
nosotros sin excepción. Ustedes jóvenes peregrinos pueden ver el futuro que
se extiende ante ustedes tan rico en promesas.
La parábola evangélica del sembrador
les recuerda la gran oportunidad que tienen para abrazar su vocación y
producir una abundante cosecha y abundantes frutos. Mateo, Marcos y Lucas
ubican a esta historia del sembrador al inicio del conjunto de parábolas de
Jesús. La historia explica algunas verdades fundamentales sobre los retos del
discipulado cristiano y se enumeran las alternativas para una vida cristiana
fructífera. La fidelidad no es automática o inevitable. Un detalle hace que
la parábola sea más convincente, porque parece que los judíos en el tiempo de
Nuestro Señor tiraban las semillas sobre el terreno antes de que el mismo
fuera arado, eso explica un poco mejor el hecho de que las semillas también
caen en lugares pocos probables y no sólo en los surcos. ¿Estamos entre
aquéllos cuya fe ha sido arrebatada por el diablo, como cuando Nuestro Señor
explica la imagen de las aves del cielo engulléndose las semillas? Nadie en
esta Misa estaría en esa categoría. Algunos podrían ser como la semilla en
terreno rocoso que no puede echar raíces. Aquellas personas en esta segunda
categoría es probable que deban esforzarse para volver a empezar en la vida
espiritual, o al menos examinar la posibilidad de hacerlo. Pero la mayoría de
nosotros estamos en la tercera y cuarta categorías, donde la semilla ha caído
en tierra fértil y está creciendo y floreciendo, o estamos en peligro de ser
asfixiados por las preocupaciones de la vida.
Todos nosotros, incluidos los que ya
no son jóvenes, tenemos que rezar sabiduría y perseverancia. No tengo dudas
en creer que Nuestro Señor explicó en detalle el significado de esta parábola
a sus seguidores más cercanos y que ellos le hubieran solicitado hacerlo
repetidamente. Pero las preguntas de los discípulos provocaron una respuesta
desconcertante cuando Nuestro Señor dividió a sus oyentes en dos grupos: aquéllos
a quienes los misterios del Reino les fueron revelados y el resto para
quiénes las parábolas siguen siendo sólo parábolas. Este segundo grupo se
describe en las palabras del profeta Isaías como los que "quizás pueden
ver pero no percibir, escuchar pero no entender". Probablemente el
trasfondo de esto es el asombro de los discípulos de Nuestro Señor ante el
gran número que no acepta su enseñanza. ¿Por qué esto todavía es así? ¿Qué
debemos hacer para estar entre los destinatarios de las revelaciones de los
misterios del Reino? El llamado del único Dios verdadero sigue siendo un
misterio, sobre todo hoy, cuando a muchas personas les resulta difícil creer.
Incluso en el tiempo de los profetas, muchos de sus oyentes permanecían
espiritualmente sordos y ciegos, mientras que otros a través del tiempo
alcanzaban a admirar la belleza de la enseñanza de Jesús, pero nunca fueron
inspirados a responder a su llamado. Nuestra tarea es estar abiertos al poder
del Espíritu para permitir que el Dios de las sorpresas pueda actuar a través
de nosotros. La motivación humana es compleja y misteriosa, ya que a veces
católicos y otros cristianos de fuerte devoción pueden rezar y ser buenos,
pero también pueden estar decididos a no tomar siquiera un paso hacia
adelante. Por otro lado, algunos seguidores de Cristo pueden ser mucho menos
entusiastas y fieles, pero abiertos al desarrollo y a cambiar para mejor
porque se dan cuenta de su indignidad y su ignorancia. ¿Dónde están ustedes?
Sea cual fuera nuestra situación debemos rezar por una apertura de corazón,
por la voluntad de dar el siguiente paso, incluso tenemos miedo de
aventurarnos demasiado. Si tomamos la mano de Dios, Él hará el resto. La
confianza es la clave. Dios no nos fallará.
¿Cómo podemos trabajar para evitar
deslizarnos desde la última y mejor categoría de los que dan mucho fruto a
aquéllos que "son asfixiados por las preocupaciones, las riquezas y los
placeres de la vida" y que no producen frutos en lo absoluto? La segunda
lectura de la carta de Pablo a los Gálatas nos señala la dirección correcta,
nos recuerda que cada persona debe tomar postura en la vieja lucha entre el
bien y el mal, entre lo que Pablo llama la carne y el Espíritu. No es
suficiente ser solamente un observador o tratar de vivir en "tierra de
nadie" entre las partes beligerantes. La vida nos obliga a elegir y a la
larga destruye cualquier posibilidad de neutralidad.
Vamos a dar buenos frutos si
aprendemos el idioma de la Cruz y dejamos que ella selle nuestros corazones.
El lenguaje de la Cruz nos da los frutos del Espíritu que Pablo enumera, nos
permite experimentar la paz y la alegría, ser amables con regularidad y
generosos con los demás. El seguimiento de Cristo no está libre de costos, no
siempre es fácil porque requiere luchar contra lo que San Pablo llama
"la carne", nuestro ego implacable y el viejo egoísmo. Siempre es
una batalla, ¡incluso para las personas mayores como yo! No pasen su vida
sentados al borde del camino manteniendo sus opciones abiertas., Sólo el
compromiso plenifica.
La felicidad viene de cumplir nuestras
obligaciones, haciendo nuestro deber, sobre todo en los pequeños asuntos y de
manera regular; de esta forma nos elevamos para hacer frente a desafíos más
difíciles. Muchos han descubierto su vocación durante las Jornadas Mundiales
de la Juventud. Ser un discípulo de Jesús exige disciplina, en particular la
autodisciplina, lo que Pablo llama autocontrol. La práctica del autocontrol
no hará que ustedes sean perfectos (no lo ha hecho conmigo), pero el
autocontrol es necesario para desarrollar y proteger el amor en nuestros
corazones y evitar que otros, especialmente nuestra familia y amigos, sean
heridos por nuestras fallas o pereza. Pido para que a través del poder del
Espíritu todos ustedes se unan a ese inmenso ejército de santos, sanados y
reconciliados, como le fue revelado a Ezequiel. Un ejército que ha
enriquecido la historia de la humanidad por innumerables generaciones y que
recibe la recompensa en el cielo luego de esta vida.
Permítanme concluir con la adaptación
de uno de los más poderosos sermones de San Agustín, el mejor teólogo del
primer milenio y obispo en la pequeña ciudad de Hipona al norte de África
alrededor de 1600 años atrás. En los próximos cinco días de oración y
celebración espero que vuestros espíritus se eleven, como el mío siempre lo
hace, en el entusiasmo de esta Jornada Mundial de la Juventud. Pidamos a Dios
estar alegres de poder participar en este evento, a pesar de los costos, las
molestias y las distancias recorridas. Durante esta semana tenemos todo el
derecho de regocijarnos y celebrar la liberación de nuestras faltas y la
renovación de nuestra fe. Estamos llamados a abrir nuestros corazones al
poder del Espíritu.
Y a los jóvenes les doy tan sólo un
gentil recordatorio de que en su entusiasmo y emoción ¡no se olviden de
escuchar y rezar! Muchos de ustedes han recorrido un largo camino y quizás
crean que han llegado, de hecho, ¡a los confines de la tierra! Si es así, eso
es bueno, ya que Nuestro Señor les dijo a sus primeros apóstoles que serían sus
testigos en Jerusalén hasta los confines de la tierra. Esta profecía se ha
cumplido en el testimonio de muchos misioneros de este vasto continente, y se
cumple una vez más por nuestra presencia aquí.
Estos días pasarán muy rápido y la
semana próxima volveremos a nuestras tierras. Por algún tiempo algunos de
ustedes encontrarán que el mundo real de casa y parroquia, trabajo o estudio,
es algo poco excitante y hasta decepcionante. Pronto, demasiado pronto, todos
ustedes se irán de aquí. Por muy corto tiempo nos encontramos aquí en Sidney
en el centro del mundo católico, pero la semana que viene el Santo Padre
regresará a Roma y nosotros como habitantes de Sidney volveremos a nuestras
parroquias, mientras que ustedes, ahora peregrinos de visita, volverán a sus
casas en lugares cercanos o lejanos. En otras palabras durante la semana
próxima nos despediremos. Pero cuando partamos felices después de haber
disfrutado de estos días, no dejemos que nos apartemos nunca de nuestro
querido Dios y de su Hijo Jesucristo.
Y que María, Madre de Dios, a quién
invocamos en esta Jornada Mundial de la Juventud como Nuestra Señora de la
Cruz del Sur, nos fortalezca en esta resolución. Y por eso rezo. Ven, ven O
Aliento de Dios, desde los cuatro vientos, de todas las naciones y los
pueblos de la tierra y bendice nuestra Gran Tierra Austral del Espíritu
Santo. Danos fuerza también para ser otro gran e inmenso ejército de
servidores humildes y fieles testigos. Ofrecemos esta oración a Dios nuestro
Padre en el nombre de Cristo su Hijo. Amén.
Lecturas: Ezequiel 37, 1-14; Salmo 23.
Gálatas 5, 16-17 y 22-25; Lucas 8, 4-15
Fuente: www.wyd2008.org
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